Ya tenemos a nuestro David, apellidado Sánchez, presidente del Gobierno de España (que no de España). Ha decidido enfrentarse a Goliat Trump, presidente de los Estados Unidos.
Para ello se ha armado con una honda, ese artilugio antiguo, uno de los primeros sistemas de ataque del ser humano.
Esa honda somos nosotros, los españoles. Nos quiere utilizar para golpear al gigante americano.
Sánchez, cual D. Quijote, desafía a los molinos de viento estadounidenses que, además, esta vez, si son gigantes.
Lo hace empujado por sus aliados de la izquierda, otrora financiados por los Ayatolás, y desalineado con el resto de los socios europeos.
Una decisión de enfrentamiento con EEUU, aliado de hace años, es una decisión de política exterior importante
Ni siquiera ha consensuado la posición de España en el conflicto con el jefe de la oposición, Sr. Feijóo, que le gana en escaños en el congreso.
Una decisión de enfrentamiento con EEUU, aliado de hace años, es una decisión de política exterior importante. Una política exterior que no es sólo un asunto de gobierno, sino de Estado y no se puede tomar al margen de casi la mitad de los escaños del parlamento.
Es verdad que detrás de la decisión de Trump no hay solo un deseo de acabar con un régimen dictatorial en Irán. Como se ha demostrado en Venezuela. Hay intereses económicos del presidente de USA y su entorno.
Pero, también es verdad, que en la decisión de Sánchez tampoco hay un arranque de pureza democrática y legalidad internacional.
Más bien lo que empuja al presidente del Gobierno español es el deseo de recuperar votos en España, cuando las encuestas reales le son desfavorables; o la necesidad de mantener contentos a los aliados que le sostienen en el poder. Amén de crearse una imagen para un futuro internacional liderando una coalición internacional de radicales de izquierda.
La decisión de Sánchez, contra las de Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, … es de una soberbia indescriptible
De manera que el pueblo español se encuentra prisionero de las ambiciones económicas norteamericanas y las de notoriedad y ansia de poder de Sánchez.
Todo esto sin que los españoles ganen nada. Es más, pueden perder mucho.
En 2004 el exhibicionismo bélico innecesario le costó el Gobierno al PP. Mientras el pacifismo ingenuo de Zapatero le alzó a la presidencia.
Por aquel entonces la prudencia y la habilidad italiana permitió al gobierno trasalpino estar y no estar a la vez en la guerra de Irak. Sin consecuencias para su política interior y exterior y para sus relaciones económicas.
¿Es que no podemos aprender nada de un país como Italia que es capaz de nadar en las aguas más turbulentas y acabar siempre en el bando ganador? Como Italia somos un país medio que necesita amigos. Amigos en las democracias occidentales, no dictadores.
Ya lo dijo Andreotti, el sabio de la política ítala, cuando le preguntaron que opinaba de la política española y respondió: manca finezza (falta finura).
La decisión de Sánchez, contra las de Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, … es de una soberbia indescriptible. Lo malo es que la vamos a pagar los españoles.
Su gobierno lo venderá como un grito pacifista ¡Anda ya! No es posible un diálogo con los Ayatolás, dictadores que masacran las libertades de su pueblo, financiadores de terroristas y fanáticos religiosos. Como no era posible un diálogo con el nazismo a mediado del siglo XX.
Se puede mantener la idea de que no hay que inmiscuirse en la política interior de los países. Eso mantuvo el franquismo durante 40 años en España. Un franquismo que rechazan Sánchez y sus aliados.
Es una hipocresía defender el régimen Ayatolá en base a los derechos internacionales cuando asesinó no hace semana a miles de sus conciudadanos.
En todo caso el pueblo español, que tiene su memoria, independientemente de los gobiernos, tendrá que reflexionar sobre las intenciones reales de quienes lo quieren utilizar para intereses personales ¿No sería lógico ante estas circunstancias convocarlo para que decidiese en unas elecciones generales qué quiere y quién quiere que dirija la política española en estas aguas turbulentas?
Además de otras razones, como la falta de presupuestos, la situación internacional aconseja: ¡elecciones ya! El riesgo para el PP sería que Sánchez las plantee como una elección entre la guerra y la paz ¿Serán los españoles capaces de discernir la realidad de la propaganda?
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.