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Opinión La máquina invisible

Liberal en redes sociales, social-demócrata en subvenciones

María Millán
Publicada

Hace una semana vi en Barcelona la manifestación de tractores que bloqueó la Gran Vía. Entre los vehículos, los agricultores habían montado un terruño "pop-up": coles, zanahorias, puerros, patatas sobre tierra abonada. Una instalación artística de la indignación.

Me acerqué. Hablé con dos de ellos. "Nos sentimos invisibles", dijeron. "Necesitamos bajar a la ciudad y crear reacciones en redes para que los políticos nos escuchen". Les pregunté qué buscaban. "Ayudas y subvenciones".

Y pensé: yo haría lo mismo. Porque funciona.

La foto de ese terruño en Instagram, el vídeo en TikTok, detona más reacciones políticas que salir en el telediario. La parafernalia busca captar atención para maximizar la subvención. No construir un plan sectorial. Conseguir que te hagan sentirse escuchado.

Sentirse escuchado es conseguir que un político te mire a la cámara y diga "te entiendo, vamos a hacer algo". No importa si ese "algo" tiene presupuesto o cabe en el plan de país. Importa la emoción del momento.

Antes de las redes sociales, hacer política era complejo

Ser escuchado es otra cosa: que tus necesidades se integren en un proyecto con presupuesto, calendario, prioridades. Política aburrida. Política de Excel. Política que no da likes.

Antes de las redes sociales, hacer política era complejo. Implicaba ejercicio de poder, negociaciones interminables, tiras y aflojas.

Encajar infraestructuras, estado de bienestar, necesidades sectoriales y proyectos de progreso en un presupuesto y un calendario es como hacer Tetris con bloques irregulares que nunca terminan de encajar. Muy complejo. Muy insatisfactorio. Pero construía país. Ahora construimos narrativas.

Mientras tanto, España tiene seis meses para no perder 25.000 millones de euros en subvenciones. Europa nos asignó 80.000 millones en transferencias no reembolsables. Hemos recibido 56.000. Quedan 24.000 millones por liberar antes de agosto. Dinero para construir 700.000 viviendas sociales, modernizar hospitales, digitalizar la administración. Vamos a devolverlo sin abrir la caja.

Portugal ejecutó el 85% de sus fondos. Italia, el 78%. Alemania convocó task forces interministeriales, simplificó trámites, creó ventanillas únicas. Nosotros ni siquiera hemos convocado una rueda de prensa para explicar por qué no sabemos abrir un regalo.

Ni una jornada en el Senado para estudiar las instrucciones del sobre. Silencio absoluto. Pero eso sí: terruños en la Gran Vía, cobertura en directo.

El 66% de jóvenes españoles no puede acceder a vivienda. Dos de cada tres. No es una minoría ruidosa. Es la mayoría silenciosa. Pero no hacen instalaciones artísticas.

Y aquí viene la contradicción favorita. Soy liberal en Instagram y socialdemócrata en subvenciones. Quiero libertad total y protección estatal absoluta.

Que me dejen en paz. Y que me resuelvan la vida. Mi dinero es mío. Pero el Estado debe financiar todo lo que necesito. Preferiblemente sin que yo pague impuestos.

El político que sobrevive hoy no promete Excel. Promete empatía. "Os veo. Os escucho. Vamos juntos." Priorizar es decir no. Y decir no pierde votos.

Yo también plantaría un terruño pop-up. Uno de 25.000 millones. Aunque me llamarían loca.

Porque regar billetes requiere trabajar como políticos gestores, dedicar intensas horas al Excel —como gestores de un país— y, sobre todo, implica volver a rendir cuentas y presentar resultados ante los ciudadanos. Y eso no da likes.