“And I heard a million voices singing, acting to the story that they had heard about” Jon Anderson.
La propaganda del gobierno con respecto a la economía es simplemente obscena. La realidad es un país empobrecido y una economía dopada y maquillada; un espejismo estadístico.
La cifra de personas que no trabajan y no aparecen en las cifras de paro se ha disparado a un récord histórico en enero.
El mes de enero terminó con 918.756 personas en paro fuera de las cifras de paro oficial. Es la cifra más alta desde que se impuso la reforma laboral de Yolanda Díaz y la más alta desde el covid-19.
En enero de 2019, la cifra de “demandantes de empleo con relación laboral”, personas que no están trabajando e incluso perciben seguro de desempleo, era de 280.389. En enero de 2026 es más del triple, 918.756.
Si tomamos el paro efectivo de enero de 2019, incluyendo estas personas apuntadas al SEPE y buscando trabajo, la cifra era de 3,5 millones de personas. Pues bien, la cifra de enero de 2026 es de 3,4 millones. Es decir, no ha habido prácticamente mejora del paro real en España.
Como ya explicamos en otra columna, hay nueve provincias en las que el número de personas que perciben seguro de desempleo supera a los parados oficiales. Almería, Huelva, Jaén, Baleares, Huesca, Teruel, Soria, Castellón y Cáceres, según datos del SEPE, tienen más receptores de subvenciones por desempleo que parados oficiales, superando con creces la cifra récord del covid-19.
España tiene la tasa de paro más alta de Europa con los datos oficiales y, además, la mayor tasa de infraempleo, holgura laboral, donde se incluyen estas distorsiones estadísticas. Esto es importante porque el concepto de fijos discontinuos inactivos no existe en los países comparables. La tasa de paro real en España es cercana al 14% y superó el 35% en el desplome del covid-19, el mayor de las economías de nuestro entorno.
No sorprende que la tasa de actividad esté estancada en el 59% y por debajo de los niveles de 2016.
El crecimiento superior del PIB de España es un espejismo estadístico que se debe al aumento de la población inmigrante, al aumento del gasto público y a los fondos extraordinarios recibidos de la UE.
El crecimiento no se debe a que cada persona produzca más, ya que ha registrado una disminución del -1,7 % entre el cuarto trimestre de 2019 y el mismo periodo de 2025. La población activa creció un 12,5 %, pero el PIB solo un 10,6 %. La población residente en España ya tiene 10 millones de personas nacidas en el extranjero, superando el 20% del total.
El problema de dopar el PIB con inmigración, gasto público y fondos europeos que solo se dan una vez, es que se desaprovecha el gigantesco estímulo fiscal y monetario que ha recibido este gobierno y, posteriormente, se genera mayor tensión en las cuentas públicas en un país que, a pesar de contar con ingresos fiscales récord, sigue necesitando emitir al menos 50.000 millones anuales de nueva deuda.
El problema de este espejismo estadístico es que es repetir los mismos errores de 2005 a 2008, pero a lo bestia. Dopar el crecimiento con inmigración, gasto público y fondos externos generando cero aumentos de la productividad, que es la fuente del progreso.
No existe nada en la economía española que justifique la propaganda y euforia del gobierno. De hecho, el próximo gobierno se va a encontrar con las bombas de relojería que van a hacer su gestión más complicada.
La primera bomba de relojería es la de las pensiones. El déficit real del sistema casi alcanza los 70.000 millones de euros, Sánchez ha multiplicado la deuda de la Seguridad Social hasta los 136.000 millones y el aumento de la inmigración impondrá mayores retos al sistema ya que todos los estudios muestran que la contribución neta al sistema de los emigrantes de baja cualificación es negativa.
La segunda bomba de relojería son las infraestructuras. El abandono es evidente y la politización de los altos cargos y departamentos técnicos dedicados a la supervisión es simplemente intolerable.
La tercera bomba de relojería va a ser la caída de ingresos fiscales cuando se acabe el efecto placebo de la inflación en la recaudación, pero se disparen los gastos corrientes.
La cuarta bomba de relojería va a venir de los compromisos ya adquiridos, pero no financiados, que superan el 5000% del PIB según Eurostat.
El próximo gobierno tiene que llegar con convencimiento y eliminar gasto político e inútil además de reducir impuestos y desregular, o le va a caer encima el impacto de estas bombas de relojería. El gradualismo no va a funcionar y tampoco funcionó antes.