El resultado de las elecciones aragonesas del 8F tiene muchas lecturas. Las políticas las están haciendo muchos. Pero hay una lectura, la económica, que requiere una cierta reflexión para el futuro.
Azcón fue investido por primera vez presidente de Aragón el 10 de agosto de 2023 con el apoyo de VOX y el PAR. El Par no entró en el gobierno y Vox se desmarcó en julio de 2024.
Azcón no consiguió aprobar los presupuestos de 2025 y no parecía que pudiera aprobar los de 2026. Por eso, disolvió el parlamento y convocó elecciones. Una decisión coherente con la institución de la democracia liberal parlamentaria.
El resultado ya se sabe: Azcón ganó, pero bajó dos escaños; Vox duplicó y es necesario para una investidura si se quiere que gobierne una mayoría holgada en el parlamento aragonés; el PSOE descendió a su nivel más bajo en diputados. Derecha y centroderecha son más del 55% del electorado y superan ampliamente al conjunto de la izquierda.
¿Qué efectos económicos tendrán esos resultados?
El PIB aragonés creció un 3,1% en 2024 y un 2,8% en 2025 apoyado en industria, construcción y agricultura
El PIB aragonés creció un 3,1% en 2024 y un 2,8% en 2025 apoyado en industria, construcción y agricultura. Nada mal. ¿Podrá seguir así sin gobierno?
Si Azcón no logra un nuevo pacto con VOX, se paralizará la acción del gobierno y se volverán a convocar elecciones. 2026 será un año perdido.
Un año perdido en el que se anuncian inversiones multimillonarias en empresas de logística y tecnología en la Comunidad Autónoma aragonesa. Un parón en la apertura de empresas que necesiten autorización o apoyo de la Administración autonómica.
Millones de euros perdidos y puestos de trabajo que tardan en crearse. Eso sin contar que otras entidades territoriales (autonomías o regiones europeas) estarán encantadas de competir para ofrecer condiciones para nuevas instalaciones.
La otra alternativa es un nuevo pacto del PP y VOX.
La estrategia económica tendrá éxito si las tácticas funcionan
En el acuerdo VOX exige acuerdo políticos en inmigración (con preferencia de los españoles en vivienda, por ejemplo); rechazo del pacto verde europeo; recorte de gastos en lo que llama “chiringuitos” (ONG verdes, sindicatos, …); ejecución de la ley de concordia (sustituta de la de memoria democrática); una oposición a la financiación autonómica ofrecida por el Gobierno Sánchez y búsqueda de mejores condiciones para Aragón, …
Se trata de políticas ideológicas, no muy difíciles de asumir por el PP. Algunas son coincidentes entre los dos partidos, como la financiación autonómica; en otras no están tan lejos y sus electorados menos.
Entre las propuestas económicas que VOX pide, destacan bajar impuestos e invertir en nuevas infraestructuras. Ingresar menos y gastar más sin déficit es difícil y exigirá imaginación ¿Cómo?
Reduciendo gastos en otras partidas, invirtiendo en nuevas tecnologías que abaraten y agilicen la gestión de la Administración autonómica y buscando fondos externos. Pactando una ley de financiación autonómica que reconozca las verdaderas necesidades de Aragón…
Pero también, agilizado todo tipo de autorizaciones de inversión privada que da lugar a nuevos ingresos para la Administración Pública.
No será fácil. Exigirá equipos muy preparados, que impulsen cambios, que abran expectativas, que tomen decisiones, que se arriesguen. En un año los aragoneses deberán ver que esa coalición les beneficia. Hay que hacerlo a toda prisa, porque el mundo va aceleradamente y el que no responda a esa velocidad se quedará atrasado.
A cambio, se tendría cuatro años de legislatura, en medio de los cuales se tendrán las elecciones generales (2027). Unas elecciones generales en las que, si hay cambio de presidente, será porque habrán dado un resultado similar al de Aragón 8F. Por tanto, se necesitará una negociación similar a la de ahora entre Azcón (PP) y Nolasco (VOX), pero entre ¿Feijóo y Abascal?
Lo que hagan unos y otros debe basarse en una lectura apropiada de la lectura del mandato electoral.
El reto no es pequeño, se trata de ilusionar y ofrecer realidades tempranas. Es hora del relanzamiento. La receta no es tan complicada. Lo difícil es ponerlo en marcha.
Como siempre, la estrategia económica tendrá éxito si las tácticas funcionan. La primera táctica es la negociación de la investidura y el pacto de legislatura y, en su caso, de gobierno.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.