“What about me?” Nile Rodgers
Los datos de la Encuesta de Población Activa siempre son interesantes. El Gobierno los celebra con su habitual propaganda y, como siempre, la realidad desmonta su euforia.
¿Es la situación laboral en España una calamidad? Por supuesto que sí, una vez que tenemos en cuenta que el Gobierno ha contado con el mayor estímulo monetario y fiscal de la historia democrática y los fondos Next Generation, y por la gigantesca distorsión creada por el cambio normativo de los contratos de obra y servicio y estacionales en la reforma laboral de Sánchez y Díaz.
Al obligar a que esos contratos se conviertan en fijos discontinuos, aparece artificialmente un aumento espectacular de empleos “indefinidos” aunque no mejoren los contratos a tiempo completo y miles de ellos estén cobrando el paro. Además, con ese cambio, se ha triplicado la cifra de fijos discontinuos inactivos, que no aparecen como parados, aunque no estén trabajando.
El Gobierno afirma que los fijos discontinuos siempre se han contabilizado de la misma manera. Lo que no explica es que, con la reforma laboral, ha metido en esa categoría al empleo más precario y volátil. UGT Y CCOO denominaban a los fijos discontinuos “precariedad institucionalizada” y “paro oculto” cuando la cifra era tres veces menor. Ahora, callan.
El paro efectivo se sitúa por encima de los 3,3 millones de personas y refleja que no se ha dado una mejora real desde 2019
Los inscritos en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) como demandantes de empleo no contabilizados como parados se han triplicado desde enero de 2019, cuando eran 280.389 y se sitúan en 892.933 en diciembre de 2025.
El Gobierno se vanagloria de que la tasa de paro se sitúa por debajo del 10% por primera vez desde 2008. Sin embargo, una parte de la reducción del paro se explica porque hay menos personas en el mercado laboral, no solo por creación de empleo, y esto distorsiona la mejora de la tasa de paro hasta el 9,93%.
El Gobierno, además, calla que en esa cifra de parados oficiales no se incluye ese dato de desocupados apuntados al SEPE, los parados ocultos del maquillaje de la reforma laboral que convirtió a los contratos de obra y servicio y estacionales en fijos discontinuos y, con ello, no aparecen como parados, aunque no estén trabajando y cobren el paro. Si sumamos los ERTE y los fijos discontinuos inactivos, casi un millón de parados reales ocultos.
El paro efectivo se sitúa por encima de los 3,3 millones de personas y refleja que no se ha dado una mejora real desde 2019. No sorprende, por lo tanto, que haya nueve provincias con más personas cobrando subsidio de paro que parados oficiales.
La EPA refleja que no hay récord de empleo alguno. La tasa de actividad (población activa/población en edad de trabajar) sigue estancada y bajó 36 centésimas en el trimestre al 58,9%. De hecho, con variación metodológica incluida, la tasa de actividad está estancada desde 2016.
El empleo privado se redujo el cuarto trimestre en 32.500 personas. El empleo público aumentó en 108.700
En aquella época, con dicha tasa en 59,5% el partido socialista y sus socios de la ultraizquierda decían que «no se crea empleo, se trocea». Pues bien, ahora te venden como «récord de empleo» un dato por debajo del 60%, que era la norma en España. No hay récord de empleo.
El empleo privado se redujo el cuarto trimestre en 32.500 personas. El empleo público aumentó en 108.700.
En el trimestre, salen más personas de la ocupación de las que entran; salen más del paro que entran, pero, sin embargo, entran menos a la actividad de las que salen. Las personas que entran a la ocupación caen un 2,33% y las que salen, aumentan un 2,15%, según el INE.
En el cuarto trimestre cae la ocupación a jornada completa en 115.700 personas y el empleo a tiempo parcial aumenta en 191.900, reflejo de que poco ha cambiado en la estructura laboral española desde 2019.
Las horas trabajadas por ocupado han bajado un 5% desde 2018. ¿Recuerdan ustedes cuando la izquierda decía que no hay creación de empleo cuando caen las horas trabajadas?
La tasa de paro oficial del 9,93% es la mejor desde 2008, pero sigue siendo más del doble de la media de la eurozona y la más alta de la OCDE. Es más, la tasa de paro considerando los 3,4 millones de desocupados reales, holgura laboral o infrautilización, está en torno al 13,5‑13,7%, no en el 9,93% oficial.
En un año de aparente fuerte creación de empleo, con más de 600.000 ocupados según los datos oficiales, la tasa de paro oficial solo baja siete décimas frente a 2024, lo que refleja el nivel de paro estructural tan alto de España. El aumento del empleo procede sobre todo de servicios y construcción y no debemos olvidar un récord histórico de empleo público.
El “crecimiento” del empleo en este trimestre se debe a un incremento de empleo público pagado con más deuda y, además, baja la ocupación a tiempo completo y aumenta la de tiempo parcial.
Si miramos lo que ha ocurrido en el mercado laboral español desde 2019 es un resultado muy triste: El paro efectivo no ha mejorado prácticamente, la tasa de actividad está estancada, se disfrazan desocupados mientras se dopan los datos por inmigración, bajan las horas trabajadas por ocupado y se dispara el empleo público.
Un desastre. Lo malo es que no hay voluntad de cambiar este patrón, que implica menores salarios netos reales, baja productividad y precariedad disfrazada. España necesita atraer empresas mucho más grandes, incentivar el crecimiento empresarial y la inversión privada, y está haciendo lo contrario. El resultado, PIB per cápita estancado (+1,1% 2017-2026 según el FMI) y mucha propaganda pero poco desarrollo.