Una chica que se está arreglando las uñas

Una chica que se está arreglando las uñas

Opinión La máquina invisible

¿Tú también estás de uñas?

María Millán
Publicada

En dieciocho meses han brotado tres salones de uñas en mi barrio. Ninguno cierra, todos prosperan. Mientras, en los Golden Globes, las actrices generaron más impacto posando en la alfombra roja que con sus actuaciones.

A pie de foto, los comentarios sobre su maquillaje y manicura superan cualquier referencia a su trabajo. El patrón es idéntico: lo que importa no es lo que haces, sino cómo luces mientras no haces nada.

El boom arrancó post-pandemia, alrededor de 2022, cuando el confinamiento reveló una verdad incómoda: si no puedes salir, al menos puedes tener las manos bonitas para el Zoom. Compensación psicológica, se llamó entonces. Pero la cosa mutó.

Hoy, las uñas perfectas son el precio de entrada. Cuarenta euros cada tres semanas para mantener la ilusión de que controlas algo.

En los ochenta, las uñas largas significaban no hacer tareas domésticas. Los anuncios de detergente mostraban mujeres con uñas rojas impecables. Hoy la manicura se ha democratizado: todo el mundo tiene acceso, luego todo el mundo debería tenerlas. Las uñas reflejan auto-respeto. O eso dice el catecismo.

En la Generación Z los datos son particularmente marcados: casi la mitad gasta más de lo que ingresa cada mes

Ni siquiera hay escapatoria renunciando al esmalte. Celebridades eligen no pintárselas, dedicando recursos ingentes para que resulten más exquisitas sin color. Como si la ausencia de esmalte fuera equivalente a autenticidad.

Los hombres, mientras tanto, se dejan crecer la barba. Algunos la cuidan meticulosamente, siempre manteniendo el aura viril, poniendo en valor bajo sus barbas pobladas la testosterona que las permite.

Otros simplemente dejan de afeitarse. En cualquier caso, cero mantenimiento profesional obligatorio. La asimetría es cómica: ella invierte constantemente en algo que colapsa sin renovación. Él gestiona lo que su cuerpo produce gratis. Una barba algo dejada al azar es carácter. Unas uñas irregulares son dejadez.

Esto pasa a todas las edades, pero son los menores de 45 años —Millennials y sobre todo Generación Z (menores de 27)— quienes lo han convertido en mandato. Dicen valorar experiencias sobre posesiones.

Y de verdad lo creen mientras pagan cuarenta euros por uñas que duran tres semanas. No tienen hipotecas a treinta años, pero aceptan suscripciones estéticas de por vida.

En la Generación Z los datos son particularmente marcados: casi la mitad gasta más de lo que ingresa cada mes. Este año gastarán el doble en caprichos de lo que ahorrarán. No tienes el piso, pero al menos tienes el look.

Consumen más que ninguna generación anterior, pero consumen humo. No planes de inversiones financieras, pero sí bótox desde los 28. Ella posa con uñas inútiles. Él posa con barba decorativa. Cero patrimonio, máximos likes.

En la tiranía estética digital, hasta las fotos de lejos requieren uñas perfectas. Y cuando todo el mundo se reduce a superficie, la rabia nos pone de uñas a todos: irritables, insatisfechos, impecables.

Hemos cambiado patrimonio por manicura. Pésima inversión, pero qué bien salimos en Instagram.