Bandera de Venezuela

Bandera de Venezuela EP

Opinión

Venezuela: la clave esta en quién controla las reglas del juego a largo plazo

Pedro Santa Cruz
Publicada

Los recientes acontecimientos en Venezuela —marcados por un cambio abrupto del equilibrio político, incluida la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa por fuerzas estadounidenses entre el 3 y el 5 de enero— han vuelto a situar al país en el centro del tablero geopolítico.

Sin embargo, contra lo que sugerían muchos titulares, los mercados financieros reaccionaron con calma, interpretando el episodio como una reducción de incertidumbre más que como una crisis sistémica.

Reducir lo ocurrido en Venezuela a una ‘guerra por el petróleo’ es una lectura demasiado simplista. Desde el punto de vista económico, el acceso a recursos no es inmediato ni automático; lo que realmente observa el mercado es quién controla las reglas del juego a largo plazo. 

Lejos de un episodio de pánico, el mercado lo leyó como un paso hacia una mayor previsibilidad en una región que llevaba años descontando un escenario crónicamente negativo. El mensaje implícito del mercado fue claro: no toda geopolítica es desestabilizadora y no todo conflicto se explica por el petróleo.

Mercados fríos, no indiferentes

Los principales índices estadounidenses, como el S&P 500, mantuvieron la estabilidad y la volatilidad implicada medida por el índice de miedo VIX se mantuvo en niveles bajos relativos para el contexto actual. Según datos de mercado, el VIX rondó entre aproximadamente 14 y 17 puntos durante la primera semana de enero de 2026, lejos de zonas que históricamente señalan pánico (por encima de 30 puntos), lo que sugiere calma estructural más que nerviosismo extremo. 

Este comportamiento confirma una tendencia cada vez más clara: los mercados han aprendido a distinguir entre ruido político e impacto económico real. Cuando no se interrumpen cadenas de suministro críticas, flujos financieros globales o infraestructuras clave, el shock tiende a ser absorbido con rapidez. El foco pasa del titular al análisis de incentivos: quién controla qué, bajo qué reglas y con qué horizonte temporal.

Venezuela no es “petróleo fácil”

Venezuela posee enormes reservas probadas de crudo, pero su valor económico es menos inmediato de lo que suele asumirse. La mayor parte corresponde a crudo extrapesado, lo que implica altos costes de extracción, necesidad de diluyentes, refino complejo y, sobre todo, años de inversión y estabilidad institucional para generar retornos sostenibles. 

Desde una lógica puramente económica, si el objetivo fuese asegurar suministro rápido y barato, existen alternativas más eficientes dentro y fuera de EE. UU. Por eso, reducir lo ocurrido a una supuesta “guerra por petróleo” resulta una narrativa simple, atractiva mediáticamente, pero débil desde el punto de vista estratégico y financiero.

Minerales críticos: opcionalidad estratégica, no catalizador inmediato

Más interesante —aunque todavía poco comprendido— es el papel potencial de Venezuela en el mapa de los minerales estratégicos. El Arco Minero del Orinoco alberga oro, coltán y otros minerales clave, con una producción informal significativa y un alto grado de opacidad.

En los últimos años, distintos analistas han señalado que el verdadero valor geopolítico de ciertos países no reside tanto en lo que producen hoy, sino en la opcionalidad futura que ofrecen en un mundo cada vez más fragmentado por bloques.

No existen, por ahora, datos públicos concluyentes que sitúen a Venezuela como actor dominante en tierras raras a escala global.

Pero en un contexto de reconfiguración de cadenas de suministro, desacoplamiento tecnológico y competencia por recursos críticos, el simple hecho de no estar descartado adquiere relevancia estratégica. La clave aquí no es la explotación inmediata, sino el control, la información y el posicionamiento a largo plazo.

América Latina: lectura regional, no país a país

Para América Latina, el episodio fue interpretado como moderadamente constructivo. Una eventual normalización gradual de Venezuela podría contribuir a reducir la prima de riesgo regional y favorecer comercio, energía e infraestructuras. Aun así, el mercado sigue leyendo la región desde una óptica diversificada, priorizando economías grandes y líquidas frente a apuestas concentradas en procesos de reconstrucción largos e inciertos.

Quién gana realmente

Los principales beneficiarios potenciales no son quienes extraen recursos “mañana”, sino quienes pueden participar en el control de rentas futuras y en la estructuración del marco económico e institucional: reconstrucción de infraestructuras, gestión de licencias, flujos financieros y alineamientos regulatorios.

En este marco, las grandes empresas energéticas y de servicios estadounidenses aparecen bien posicionadas, no por un impacto inmediato, sino por su capacidad de operar cuando el marco institucional lo permita. Casos como Chevron ilustran esta lógica de opcionalidad más que de explotación urgente.

Conclusión: menos épica, más incentivos

Lo ocurrido en torno a Venezuela no ha sido leído por los mercados como una crisis sistémica, sino como un evento local con implicaciones graduales. El eje central no es el acceso inmediato a recursos, sino quién controla las rentas futuras, bajo qué reglas y con qué alineamientos geopolíticos, incluyendo factores de seguridad, crimen transnacional y estabilidad regional.

Para 2026, la señal es clara: los mercados reaccionan cada vez menos a la épica política y cada vez más a la reducción de la incertidumbre y a los incentivos económicos reales. Venezuela no es el detonante de un nuevo orden, pero sí una pieza más en un tablero donde el largo plazo vuelve a importar.

*** Pedro Santa Cruz es director de Freedom24 España.