Impulsa tu influencia en 2026

Impulsa tu influencia en 2026

Opinión La máquina invisible

Impulsa tu influencia en 2026

María Millán
Publicada

Llevo meses dándole vueltas a la influencia. La influencia cotiza. Se materializa en contratos sustanciosos, en puertas que se abren. Y eso nos lleva a todos a la pregunta: ¿cuál es mi grado de influencia y cómo quiero manejarlo?

El otro día vi un anuncio del Santander con un tipo que no conocía. Pelo moreno y muy bien peinado, hablando a cámara de manera algo forzada, como tratando de adaptarse al estilo del banco. Me giré hacia mi hija: "¿Quién es ese?" "Plex, mamá. El novio de Aitana. Tiene doce millones de seguidores." El Santander fichando a un youtuber de 24 años. Si hasta ellos han entendido cómo funciona esto, algo definitivo está pasando.

Más de 12 millones de personas creen en Plex porque vende dos cosas: fórmula y relato. Su fórmula: tres vídeos semanales con el mismo formato.

Challenge, reacción personal y, desde hace un tiempo, vida con Aitana. Su relato: "salí de un pasado complicado, me rechazaron mil veces, ahora estoy aquí". Una narrativa que logra que millones piensen: "Si él pudo, yo también".

Pero Plex no inventó nada. Fórmula y relato son las dos herramientas que todos buscamos cuando enfrentamos cualquier tensión: un dolor, un desafío, una aspiración. La primera herramienta es la fórmula: soluciones estructuradas y sistemáticas que tienden a dar buen resultado.

Combinar fórmula y relato de manera diestra puede ser una autopista fabulosa para la influencia

Pasos concretos, métodos repetibles y avalados. La segunda, cuando no hay fórmula o cuando la situación nos desborda, es el relato: la aceptación del drama convertido en palabras. Porque las palabras transforman la incertidumbre en ideas que se pueden gestionar. Combinar fórmula y relato de manera diestra puede ser una autopista fabulosa para la influencia.

Procter & Gamble lo entendió en los años 50 con las soap operas: amas de casa resolviendo dramas en 22 minutos, cinco días a la semana. La fórmula aliviaba la ansiedad de la rutina. El relato daba dignidad al trabajo invisible. No vendían detergente, vendían control y consuelo.

También en esos años, la sala de fiestas del Viejo Almacén, en Buenos Aires, convertía el desarraigo en tangos que combinaban fórmulas musicales de tres minutos con relatos de amor y pérdida desde la perspectiva del emigrante.

Antes de la explosión de las redes sociales, Leopoldo Abadía lo hizo con la crisis de 2008. Su fórmula era compartir ideas económicas complejas con palabras sencillas que cualquiera pudiera entender. Su relato era el del jubilado tranquilo que aportaba buen humor y sensación de control ante debacles financieras.

Verdeliss lo hace transformando su maternidad de familia numerosa en maratones: fórmula de entrenamientos constantes, relato de superación. Ibai Llanos narra eventos absurdos con una fórmula reconocible al instante y el relato del gordito torpe que conquistó Twitch.

Hoy las redes sociales funcionan como un espejo en el que todos nos medimos en términos de influencia

La clave está aquí: cuando compartes tu fórmula, das a otros un camino concreto. Cuando compartes tu relato, les das permiso para aceptar su propio drama y transformarlo en algo gestionable. La gente nos sigue porque les ofrecemos una de estas autopistas, o mejor, ambas. A fin de cuentas, nos dejamos influir por quienes nos muestran lo que podríamos ser.

Hoy las redes sociales funcionan como un espejo en el que todos nos medimos en términos de influencia. Y también como autopistas de influencias, cuando combinamos fómula y relato con habilidad.

En este contexto, añadir a tus propósitos del nuevo año el objetivo de aumentar tu influencia podría ser una buena idea, accionable y resultona.