La paradoja del petróleo

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La tribuna

La paradoja del petróleo

6 octubre, 2020 01:51

Se suceden las mejoras tecnológicas y crecen las economías de escala que abaratan dramáticamente las energías renovables y los vehículos eléctricos. La UE eleva sus objetivos de reducción de emisiones de CO2, y hasta China se compromete a tener una economía neutra para el clima en unas décadas. La segunda ola de la epidemia restringe la movilidad y el teletrabajo ha llegado para quedarse. Y aun así, UBS prevé que el precio del barril de Brent oscile entre 50 y 60 dólares en 2021. Podría parecer incongruente, pero no lo es.

La transición energética en ciernes será una de las mayores transformaciones estructurales de la historia. La confluencia de dinámicas tecnológicas, financieras y políticas (sobre todo si se produce una victoria demócrata en las elecciones presidenciales de Estados Unidos el 3 de noviembre próximo) hace muy probable que las energías limpias desplacen masivamente a los combustibles fósiles hasta hacerlos marginales a mediados de este siglo.

Será tarde para impedir efectos graves del cambio climático, aunque es imprescindible para hacer más sostenible nuestra civilización.

Las oportunidades son inmensas en un abanico amplio de negocios como las renovables, la eficiencia energética, las infraestructuras y la electrificación del transporte y los procesos industriales. Pero esto no debe llevarnos a asumir que no las hay también en el petróleo y las compañías del sector. Precisamente porque hace falta que el barril cotice cerca de los 60$ para que esa transición sea factible sin grandes sobresaltos.

Hace falta que el petróleo cotice más caro para asegurar una transición energética sin sobresaltos

Nuestra previsión se basa en que el consumo de petróleo y gas se está recuperando en sintonía con la actividad económica. Los inventarios comienzan a disminuir y la OPEP+ mantiene la disciplina en los recortes de cuotas. Durante algunos años, la motorización de los países emergentes contrarrestará la mayor eficiencia en el mundo desarrollado, y los vehículos eléctricos tardarán en representar una parte significativa del parque.

Así que parece razonable el diagnóstico que hacía BP en su Energy Outlook 2020: el consumo mundial de combustibles fósiles pudo tocar techo ya en2019 y, después de recuperarse en 2021, se instalará en una "meseta" hasta la mitad de la década, para después iniciar un declive irreversible en favor delas energías renovables.

Hay otra parte de la ecuación que se tiende a ignorar: la producción caerácon fuerza ya en pocos años si el precio no incentiva nuevos yacimientos.Las grandes petroleras llevan desde 2015 operando con presupuestosde exploración y extracción insuficientes para impedir el descenso de laproducción a medio plazo. Y la mayor parte del ‘fracking’ deja de ser rentablecerca de los 40 dólares, con lo que la oferta en Estados Unidos ya está cayendo.

Si el nuevo ciclo económico progresa como prevemos, la demanda superará moderadamente a la oferta en 2021 y 2022 y podría sufrir una genuina carestía en los años siguientes que amenazaría con disparar el precio del barril.

El mercado reconocerá estas dinámicas conforme sevayan despejando las incertidumbres sobre la epidemia, la economía y losriesgos políticos y el Brent escalará hacia los 60 dólares ya en 2021. A la vez, sereducirá la probabilidad de que recaiga por debajo de los 35-40 dólares.

Las oportunidades de inversión son variadas. De forma táctica se puede exprimir un retorno atractivo apostando a que el barril no se desplomará. Con mucha paciencia, las petroleras que logren convencer de que también transitarán a las energías limpias podrán revalorizarse sustancialmente. Y, por supuesto, un petróleo pivotando a medio plazo sobre los 60 dólares será otro gran incentivo para las inversiones sostenibles y todas las ideas temáticas relacionadas con la transición energética y la lucha contra el cambio climático.

*** Roberto Scholtes Ruiz es director de estrategia de UBS en España.

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