El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez. Europa Press

Observatorio de la vivienda

La vivienda asequible de Pedro Sánchez deja de serlo al superar el límite de ingresos que la ley permite destinar al alquiler

La norma fija que un hogar no debe gastar más del 30% de sus ingresos.

En estas ofertas, sólo la renta ya alcanza ese porcentaje.

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Las claves
Las claves

Las viviendas de Casa47, calificadas como asequibles, exigen a familias con ingresos mínimos destinar al alquiler el 30% de sus ingresos, sin contar otros gastos básicos.

El Observatorio del Alquiler señala que al sumar suministros, el esfuerzo económico de estos hogares supera el límite de asequibilidad legal, llegando en algunos casos al 39,77%.

Casa47 fija el precio del alquiler basándose en la renta mediana, no en los ingresos individuales de cada familia, lo que genera desigualdad en el esfuerzo económico entre los adjudicatarios.

El modelo permite que familias con ingresos mínimos accedan a estas viviendas, pero no garantiza que el coste final se mantenga dentro del umbral considerado asequible por la ley.

La primera tanda de viviendas de Casa47 ya tiene precios y requisitos de acceso. Se presentan como alquileres asequibles, pero las cuentas se complican para las familias que llegan con los ingresos mínimos exigidos.

La Ley de Vivienda fija que un hogar no debería destinar más del 30% de sus ingresos al coste de la vivienda. Y ese límite no se refiere únicamente al alquiler. Dentro deben caber también gastos básicos como la luz, el agua, el gas o las telecomunicaciones.

Sin embargo, sólo el alquiler de las viviendas ofertadas por el Ministerio de Isabel Rodríguez ya alcanza ese 30% para los hogares con menos ingresos.

El problema llega al sumar las facturas. Si la renta ya consume todo ese 30%, cualquier gasto adicional eleva el esfuerzo por encima del límite que la propia ley utiliza como referencia para considerar una vivienda asequible.

Así lo concluye un informe del Observatorio del Alquiler tras analizar las 638 viviendas publicadas por Casa47 y las condiciones de acceso de cada convocatoria.

El Observatorio pone números a ese desfase. Estima un gasto medio de 123 euros al mes en suministros. Al añadirlo a la renta, el esfuerzo supera el 35% para los hogares que acceden con los ingresos mínimos. En el caso más extremo analizado, una vivienda de Gijón, llega al 39,77%.

Se produce así una paradoja. Una familia puede tener los ingresos necesarios para acceder a Casa47, pero no los suficientes para que esa vivienda se mantenga dentro de lo que se considera asequible una vez sumadas las facturas.

Sin embargo, Casa47 sostiene que sus cálculos sí tienen en cuenta esos gastos. Según explica a EL ESPAÑOL-Invertia, al fijar la renta "reservan una parte de dicho 30%" para poder pagar también los suministros básicos.

Para hacerlo, aclaran, utilizan la eficiencia energética de cada vivienda. En los pisos con etiqueta A se reserva un 4% de los ingresos para suministros. El alquiler debería representar, por tanto, un máximo del 26%.

Un margen que aumenta a medida que empeora la eficiencia energética. Así, en una vivienda con etiqueta G se reserva un 7%, por lo que la renta debería quedarse en el 23%.

Es decir, según el modelo que explica el organismo dependiente del Ministerio de Vivienda, estos nuevos alquileres nunca deberían consumir por sí solos el 30% de los ingresos. Pues, una parte de ese porcentaje tendría que quedar libre para pagar el resto de facturas.

Sin embargo, al analizar las viviendas que ya están publicadas encontramos otra realidad para los hogares que se encuentran en el nivel mínimo de ingresos permitido.

El Observatorio ha comparado el precio publicado de los 638 pisos con los ingresos mínimos exigidos para acceder a cada uno. Según sus cálculos, la renta ya representa por sí sola el 30% de los ingresos netos de esos hogares. No queda, por tanto, el margen que la entidad estatal de vivienda dice reservar para los suministros.

Casa47 explica que esto ocurre porque sus precios no se calculan a partir de los ingresos mínimos de cada posible adjudicatario.

La referencia, explican a este medio, es la renta disponible mediana de un determinado tipo de hogar. "Los cálculos que hacemos son de carácter estadístico, no se adaptan los precios a los casos individuales", señala.

Y ahí está la clave del desfase. Ese precio 'asequible' se fija con una renta de referencia y no con cada caso particular, pese a que después pueden acceder a ellos familias con ingresos inferiores, a los que se les quedarán grandes esos precios.

Y es que el precio del alquiler está fijado de antemano y es el mismo para todos los adjudicatarios, con independencia de cuánto cobre finalmente cada familia dentro de la horquilla permitida.

Es decir, Casa47 fija una renta que considera 'asequible', pero no analiza si ese mismo precio sigue siéndolo para el hogar concreto que va a vivir en la vivienda.

Así, una familia que apenas alcance los ingresos mínimos pagará lo mismo que otra que cobre más. El precio no cambia, pero el esfuerzo que supone pagarlo sí.

Una renta puede mantenerse por debajo del límite para una familia situada en la parte alta del tramo y superar el 30% para otra que apenas alcance el mínimo exigido. Ambas pueden optar al mismo piso y pagar el mismo precio, pero el esfuerzo económico será muy distinto.

Esto pone el foco en los requisitos de acceso que plantea la entidad estatal. El ingreso mínimo marca quién puede presentarse a la convocatoria, pero no garantiza que el coste final de la vivienda se mantenga dentro del umbral de asequibilidad para todos los hogares admitidos.

Ahí aparece la contradicción de un modelo que nace precisamente para ofrecer alquileres asequibles a todos los españoles.

El Gobierno abre la puerta de esta entidad a hogares con ingresos mínimos, que en teoría no pueden acceder a la vivienda tradicional. Sin embargo, los precios que publica pueden llevar a esas mismas familias a destinar a la vivienda más ingresos de los que se considerarían asequibles.

La consecuencia es que las familias irían igual de asfixiadas pese a ser alquileres más baratos y adaptados a la clase trabajadora.

Pues, al superar ese umbral, quedará menos dinero disponible para cubrir otros gastos básicos del día a día, como la alimentación, el transporte, la ropa o la educación, además del ocio, el ahorro o cualquier imprevisto del mes.