Imagen de archivo de una persona fumando un váper.

Imagen de archivo de una persona fumando un váper. iStock.

Observatorio de la sanidad

Una revisión de 80 estudios apoya el uso del cigarrillo electrónico para dejar de fumar frente a los chicles de nicotina

También es más eficaz que apoyos conductuales o vapers sin nicotina.

La percepción de su riesgo ha aumentado.

Más información: Un macroestudio apoya el cigarro electrónico para dejar de fumar: los médicos alertan del daño

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Las claves

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Una revisión de 80 ensayos clínicos concluye que los cigarrillos electrónicos con nicotina son más eficaces que chicles o parches para dejar de fumar.

El estudio, que incluyó a 29.861 personas, muestra que por cada 100 abandonos del tabaco, hay cuatro más en el grupo de cigarrillos electrónicos.

La calidad de la evidencia es alta y la seguridad de los cigarrillos electrónicos es comparable a la de otros métodos, aunque se desconocen los efectos a largo plazo.

El uso de cigarrillos electrónicos entre adolescentes españoles ha aumentado, pero también ha crecido la percepción del riesgo asociado a su consumo.

Una revisión de 80 ensayos clínicos que evalúan la capacidad de los cigarrillos electrónicos para ayudar a dejar de fumar concluye que son más eficaces que chicles o parches de nicotina, el apoyo conductual o los vapeadores sin nicotina.

Se trata de un trabajo que lleva ya cerca de una década recogiendo la evidencia disponible de este asunto para clarificar el uso de estos dispositivos, y que incluye 9 ensayos nuevos.

Está financiado por Cancer Research UK, entidad sin ánimo de lucro que apoya la investigación sobre el cáncer, y liderado por Jamie Hartmann-Boyce, profesora de la Universidad de Massachusetts.

La revisión incluye sólo ensayos clínicos aleatorizados, considerados la evidencia científica de mayor calidad. Consisten en que a un grupo de individuos con las mismas características (fumadores que quieren dejar de fumar) se les asigna de forma aleatoria a una intervención u otra, para eliminar cualquier sesgo relacionado con la pertenencia de un individuo a un grupo u otro.

En total, los 80 trabajos incluyen un total de 29.861 personas. El objetivo era medir cuántos de ellos habían estado sin fumar durante al menos seis meses tras la intervención.

Los investigadores observaron que el cigarrillo electrónico con nicotina aumentó las tasas de abandono del hábito de fumar frente a las terapias de reemplazo con nicotina, como parches y chicles.

Esto se traducía en que, de cada 100 personas que lograban dejar de fumar, había cuatro abandonos adicionales en el grupo de los dispositivos electrónicos.

La calidad de la evidencia encontrada es, además, alta, lo que implica que se puede confiar en sus resultados. Por otro lado, el número y gravedad de los efectos adversos era similar en ambos grupos.

La revisión también halló que los cigarrillos electrónicos con nicotina eran más eficaces para ayudar al abandono del hábito tabáquico que el cigarrillo electrónico sin nicotina, el apoyo conductual o social o, directamente, ningún apoyo (es decir, con la fuerza de la voluntad).

En este caso, por cada 100 abandonos, se producían dos más en el grupo de los dispositivos con nicotina. La seguridad de las intervenciones estaba a un nivel comparable.

Aquí, sin embargo, el nivel de certeza es menor: se considera un nivel moderado, lo que indica que hay confianza en que sea así pero no se pueden descartar tajantemente otras posibilidades.

Efectos a largo plazo

Los autores hacen una revisión mensual de la evidencia científica disponible y van incorporando nuevos estudios para poder alcanzar mayores certezas.

Pese a llevar cerca de una década haciéndolo, reconocen que, en algunas de las comparaciones efectuadas, sigue existiendo cierta imprecisión que les impide llegar a conclusiones más fuertes.

Además, son necesarios ensayos clínicos más grandes y prolongados para evaluar por completo la seguridad de los cigarrillos electrónicos.

Se trata de dispositivos relativamente nuevos, por lo que se desconocen los efectos a largo plazo que tienen. Hay que recordar que el desarrollo de cánceres relacionados con el consumo de tabaco se produce a lo largo de varias décadas, un periodo de tiempo al que no han llegado los nuevos dispositivos.

Aunque este estudio se centra en las posibilidades de los cigarrillos electrónicos para ayudar a dejar de fumar (una estrategia que se conoce como 'reducción de daños': se supone que son menos nocivos que los cigarros clásicos), los expertos advierten que puede ser la puerta de entrada al tabaco en personas jóvenes y ahí radica su auténtico peligro.

Según el último estudio del Ministerio de Sanidad sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias, de 2025, la mitad de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconoce haber consumido cigarrillos electrónicos alguna vez en su vida.

Hay un ligero descenso respecto a la encuesta de 2023 (49,5% vs 54,6%) pero la tendencia sigue siendo al alza: hace diez años, la cifra era del 20,1%.

Sí ha aumentado la prevalencia entre aquellos que han consumido estos dispositivos en los últimos 30 días. Si en 2019 eran el 14,9%, en la última encuesta fueron el 27,1% de los alumnos.

La misma encuesta señala que la percepción del riesgo de los cigarrillos electrónicos ha ido en aumento en los últimos años, pese a que sigue siendo la práctica que menor riesgo percibido tiene.

En 2025, el 57,3% de los estudiantes de 14 a 18 años opinaban que el hecho de fumar cigarrillos electrónicos de forma esporádica podía ser fuente de problemas, cifra que crece nada menos que 18,5 puntos porcentuales respecto a la de 2023, constituyendo la percepción de riesgo más elevada desde que se pregunta por ella en esta encuesta.