Una sanitaria carga una jeringuilla con un vial.

Una sanitaria carga una jeringuilla con un vial. iStock

Observatorio de la sanidad

Por qué la vacuna contra el melanoma de MSD y Moderna puede marcar un antes y un después en el cáncer

En ensayos anteriores, reducía en un 50% la reaparición del tumor.

Se trata de una vacuna personalizada que contiene hasta 34 neoantígenos.

Más información: Moderna y MSD anuncian resultados positivos de su vacuna contra el melanoma y se disparan en bolsa

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Las claves

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La vacuna contra el melanoma de MSD y Moderna ha alcanzado su objetivo en un ensayo clínico de fase 3, acercándose a la posible aprobación antes de 2030.

El ensayo, con 1.137 pacientes, mostró una reducción del 49% en el riesgo de reaparición del tumor y del 59% en el riesgo de metástasis tras cinco años de seguimiento.

La vacuna es personalizada: se diseña para cada paciente según las proteínas específicas de su tumor, y se administra junto con pembrolizumab.

Aunque los resultados son prometedores, el alto coste de la terapia y la necesidad de equipos especiales de refrigeración representan retos para su implementación en los sistemas de salud.

Hace cuatro años, en una entrevista para la BBC, Uğur Şahin y Özlem Türeci, el matrimonio fundador de la farmacéutica BioNTech, aseguraban que la vacuna contra el cáncer podría estar lista antes de 2030.

Aquello parecía más una boutade o una chabacana estrategia de marketing. Después de todo, BioNTech vivía un momento dulce tras haber desarrollado (junto al gigante Pfizer) la primera vacuna contra la Covid-19 basada en la tecnología del ARN mensajero, y había que mirar a otros horizontes.

Pero quien parece estar liderando la carrera de las vacunas contra el cáncer es precisamente el rival de BioNTech: Moderna también desarrolló una vacuna de ARNm contra el SARS-CoV-2 y prácticamente en el mismo tiempo que su competidora.

Este miércoles, ha anunciado que la vacuna que está desarrollando conjuntamente con el laboratorio estadounidense MSD ha alcanzado su objetivo en un ensayo clínico de fase 3, el último paso antes de pedir la autorización de comercialización.

Es decir, que una vacuna contra el cáncer sí que puede acabar aprobándose antes de 2030: su nombre técnico (no comercial) es intismeran, conocida anteriormente como V940 o mRNA-4157.

El anuncio ha disparado las cotizaciones en bolsa de ambas compañías: las acciones de Moderna han llegado a crecer por encima del 150%, mientras que las de MSD lo han hecho un 12%.

Tal entusiasmo quizá es exagerado: el comunicado solo señala que se han alcanzado dos objetivos en un análisis preliminar, y remite a la presentación de los datos en un próximo congreso internacional (presumiblemente, el de la Sociedad Europea de Oncología Médica, que tiene lugar el mes próximo).

Razones para el optimismo

Si no hay datos, tampoco han podido ser verificados por un experto independiente, paso crucial para descartar que ambas compañías estén 'vendiendo la moto'. Además, se trata de resultados preliminares: el ensayo clínico, de nombre 'INTerpath-001', todavía no ha finalizado (se espera que lo haga en 2030).

Sin embargo, hay razones —muchas— para el optimismo: los resultados de un ensayo previo presentado este mismo año, más pequeño (157 pacientes), ya mostraron un 49% de reducción del riesgo de reaparición del tumor y un 59% de reducción del riesgo de aparición de metástasis a distancia después de cinco años de seguimiento.

El estudio actual ha reclutado a 1.137 pacientes, por lo que tendría una potencia estadística suficiente para asegurar que tales números no se deben al azar.

Los participantes son personas a las que se les ha extirpado un melanoma en distintas fases de la enfermedad, desde un único tumor localizado hasta cánceres extendidos a los ganglios y metástasis en otros órganos.

Esto es importante: la vacuna en cuestión prevendría el regreso del cáncer, no su primera aparición. Además, se dirige a un tipo de cáncer, el melanoma, que se ha mostrado muy susceptible al sistema inmune (lo que se conoce en el argot como tumor 'caliente'), si bien hay ensayos en marcha frente al cáncer de pulmón, de vejiga o el carcinoma de células renales.

Pero quizá el aspecto más destacable es que se trata de vacunas personalizadas. Cada paciente recibe un suero específico para su tumor.

Tras la cirugía, se envían muestras de tejido sano y tumoral al laboratorio para que secuencien ambos y encuentren qué proteínas expresan en su superficie únicamente las células cancerígenas.

La plataforma desarrollada por MSD y Moderna crea entonces una vacuna específica, que puede contener hasta 34 neoantígenos, para que el sistema inmune del paciente los reconozca y los ataque en caso de su reaparición, como en las vacunas frente a virus y bacterias.

El proceso tarda entre tres y cuatro semanas y se envía a los hospitales. Intismeran tiene que conservarse a una temperatura de -70 ºC, por lo que tienen que disponer de potentes equipos de refrigeración.

Los pacientes del ensayo se dividieron en dos grupos: uno recibiría el tratamiento estándar (pembrolizumab, desarrollado por MSD y que ya supuso una revolución en el tratamiento del melanoma) y otro —del doble de tamaño que el anterior— recibiría una combinación de la vacuna y pembrolizumab.

Son nueve dosis de intismeran a un ritmo de una cada tres semanas, seguido de nueve ciclos de pembrolizumab.

Las compañías han anunciado que, hasta el momento, se ha logrado el objetivo principal de mejorar la supervivencia sin que reaparezca el tumor, y uno de los objetivos secundarios, la supervivencia libre de la aparición de metástasis en otros tejidos.

El perfil de efectos secundarios, señalan, es similar al observado en estudios anteriores. En el trabajo presentado este mismo año, el más frecuente era la fatiga (59,6%), dolor en el lugar de la inyección (59,6%) y escalofríos (51%). Solo el 4,8% tuvo eventos adversos graves.

El ensayo continuará hasta completar el objetivo de supervivencia global, tras lo cual presentarán los datos a las agencias regulatorias.

En el éxito de este tratamiento habrá también otro factor. El coste anual de pembrolizumab supera los 60.000 euros, y una terapia personalizada no parece que sea más barata.

En España se diagnostican unos 8.000 melanomas al año. Alrededor de la cuarta parte de ellos (2.000) están en estadios intermedios y avanzados. Solo hay que hacer las cuentas para ver que la gran promesa contra el cáncer puede convertirse en una amenaza para el sistema sanitario.