El exministro, en su casa durante la entrevista con EL ESPAÑOL.

El exministro, en su casa durante la entrevista con EL ESPAÑOL. EL ESPAÑOL

Observatorio de la sanidad

Julián García Vargas, exministro de Sanidad: "Hay que desburocratizar los hospitales y desfuncionalizar al personal"

El responsable de implantar la Ley General de Sanidad de hace 40 años alerta de que "recentralizar la sanidad es imposible".

Más información: Cuatro décadas de Estado de bienestar: "La Ley General de Sanidad cumplió sus objetivos pero ha sido un proceso largo"

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Las claves

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Julián García Vargas destaca la necesidad de desburocratizar la gestión hospitalaria y flexibilizar el estatus del personal sanitario para mejorar la eficiencia del sistema.

Advierte sobre la desigualdad en la calidad y accesibilidad de la sanidad entre comunidades autónomas, pese a que las prestaciones son iguales sobre el papel.

Propone aumentar el número de médicos y reforzar el papel de la enfermería, además de aprovechar la digitalización para mejorar la gestión sanitaria.

Reivindica la importancia de actualizar la Ley General de Sanidad en áreas como la atención a crónicos, salud mental y salud pública, manteniendo la equidad y calidad del sistema.

Si el fallecido Ernest Lluch fue el inventor de la Ley General de Sanidad que se aprobó hace 40 años, Julián García Vargas (1945, Madrid) fue el responsable de aplicarla. Dándole su toque personal, claro.

El exministro de Sanidad (de 1986 a 1991) y Defensa (de 1991 a 1995) presume de las virtudes de esta legislación. "Ha demostrado una resistencia notable. Ha habido seis leyes de Educación en los 40 años de vigencia de la Ley General de Sanidad", apunta el exministro en la entrevista concedida a EL ESPAÑOL-Invertia.

Repasa los puntos fuertes de la norma y los aspectos a mejorar, también de la sanidad española. Como, por ejemplo, la falta de equidad en el sistema por las diferencias entre las autonomías y la necesidad de “desburocratizar” la gestión sanitaria y “desfuncionalizar” al personal.

Julián, usted fue el ingeniero que tuvo que aplicar la Ley General de Sanidad diseñada por Ernest Lluch. ¿Cuáles fueron los principales retos al aplicar una legislación tan innovadora para la época a mediados de los 80?

La ley era muy articulada pero extensa, y no tenía una financiación específica. El primer reto fue encontrar los fondos. La ley preveía dos tipos de financiación: por cotizaciones sociales y por impuestos. Pronto vimos que las cotizaciones no eran suficientes, así que tuve que ir a Hacienda para pedir que se financiara vía impuestos. Esto se logró en la Ley de Presupuestos de 1988, donde la financiación por impuestos pasó del 42% al 68%, con el compromiso de llegar al 100% en 1999. Y así se hizo.

Otro reto importante fue la articulación de redes. Había cuatro redes sociales: la del Insalud, las de las diputaciones, la de la AISNA (Administración Institucional de la Sanidad Nacional) y algunos hospitales de la Cruz Roja. Logramos articularlas todas, con los problemas de personal y financiación que eso conllevaba.

En aquel momento las competencias no estaban transferidas a las comunidades autónomas.

Cuando llegué, ya había dos comunidades transferidas: Cataluña y Andalucía. Yo transferí cuatro más: País Vasco, Navarra, Galicia y Valencia. Con ese grupo, que representaba el 64% de la población, se puso en marcha el Consejo Interterritorial. Al principio funcionó perfectamente, pero cuando llegaron las 11 comunidades restantes, apareció la politización. El Consejo no tenía mecanismos claros de articulación normativa por parte del Ministerio, y eso nos ha llevado a la actual dispersión de criterios y financiación.

"Aunque las prestaciones son iguales sobre el papel en todas las CCAA, no tienen la misma calidad y accesibilidad en todo el territorio"

Julián García Vargas

¿Diría que con las transferencias comenzaron los problemas de equidad del Sistema Nacional de Salud?

La ley lo insinuaba, pero con la transferencia a las 17 comunidades se produjo una dispersión que afecta a la calidad de las prestaciones. Aunque las prestaciones son iguales sobre el papel, no tienen la misma calidad ni accesibilidad en todo el territorio.

Sobre el concepto de la universalidad de la sanidad en España, recientemente se aprobó un decreto que refuerza esta vertiente. ¿Cómo se abordó esto en su época?

La universalidad ya estaba en la Ley de 1986, pero sólo alcanzaba a quienes tenían cobertura por cotización social. Quedaba un 10% (autónomos y personas que no trabajaban) fuera. La universalización total se hizo junto con la financiación por impuestos en los presupuestos de 1988. A mí me tocó culminar ese proceso.

¿Qué opina de aplicar la prioridad nacional que demanda Vox al PP en sanidad?

Me parece difícil de articular. Todos los inmigrantes con residencia legal tienen los mismos derechos que cualquier español. Dejar al resto sin atender en caso de accidente o enfermedad grave es imposible de implementar.

40 años después, ¿qué cree que ha quedado pendiente de desarrollar en la ley?

Falta una buena articulación con la asistencia social, especialmente para ancianos y familias vulnerables. Hay poca oferta de camas de cuidados intermedios o de larga duración.

Además, es necesaria una desburocratización de la gestión hospitalaria. Los hospitales deben gestionarse como empresas para ser más ágiles, evitando que sean simples centros de gasto administrativo. También creo que hay que desfuncionalizar al personal; que no sean necesariamente funcionarios, algo que los propios médicos empiezan a solicitar.

Por último, hay que digitalizar. Tenemos muchísimos datos que no se aprovechan para medir la calidad de las prestaciones y dirigir los fondos hacia donde se gestiona mejor.

Ha mencionado la situación de los médicos. Hay mucho malestar por el estatuto marco que propone el Ministerio de Sanidad y las retribuciones.

Los médicos tienen razón en cuanto al peso de las guardias en su retribución. Están mal pagados para la excelente preparación que tienen. Sin embargo, no veo claro un estatuto marco exclusivo para ellos, porque dificultaría la política de personal con otros colectivos. Se puede hacer un capítulo especial para médicos dentro del estatuto actual.

"No veo un estatuto marco exclusivo para los médicos, dificultaría la política de personal con otros colectivos"

Julián García Vargas

¿Habría que recentralizar la sanidad para solucionar los problemas de financiación y equidad?

La recentralización es imposible, pero hay que armonizar. No es de recibo que la diferencia de gasto por persona entre comunidades llegue al 50%. Madrid, por ejemplo, es de las que menos gasta y, aunque tiene mucha calidad, sufre listas de espera muy largas. El gasto debería ser más uniforme en todo el país.

¿Qué podemos hacer con las listas de espera?

Aumentar el número de médicos. Se está logrando con el crecimiento de plazas MIR -de 1.300 en mi época a 10.000 ahora-, pero hay que prever las jubilaciones atrayendo médicos del extranjero y liberando a los nuestros de tareas administrativas. Aquí la enfermería debe jugar un papel mayor, como ocurre en Europa.

Mirando atrás, ¿de qué se arrepiente de no haber incluido en la Ley General de Sanidad?

Muchas cosas se hicieron fuera de la ley, como la figura de los gerentes de hospital o la organización de trasplantes. Pero me quedó pendiente lo de la enfermería: quería aumentar el ratio de enfermeras por médico y no lo conseguí. También me hubiera gustado que el Ministerio tuviera un papel normativo más fuerte en el Consejo Interterritorial para que ciertas decisiones fueran vinculantes para todos.

"Debemos gastar un poco más en Defensa, pero eso es perfectamente compatible con un crecimiento razonable del gasto en el sistema sanitario"

Julián García Vargas

¿Nos sigue funcionando esta ley hoy en día?

Ha funcionado durante 40 años bajo gobiernos de distintos colores, lo que demuestra su validez. Pero hay que renovarla en aspectos como el tratamiento de crónicos, la salud mental y la salud pública. El sistema actual es muy curativo y poco preventivo. Debemos avanzar hacia un seguimiento más cercano del paciente, aprovechando mejor los datos para garantizar la equidad y la calidad en todo el Sistema Nacional de Salud.

Usted fue responsable tanto de Sanidad como de Defensa. Hay que subir el gasto militar por los compromisos con la OTAN, pero también el gasto sanitario por el envejecimiento. ¿Con qué se queda?

Tengo el corazón dividido. Debemos gastar un poco más en Defensa, pero eso es perfectamente compatible con un crecimiento razonable del gasto en el sistema sanitario. España ha sostenido bien sistema hasta ahora, pero habrá que mejorar la retribución de los sanitarios.

Antes de recortar en sanidad, hay otros capítulos presupuestarios que tocar, como el mantenimiento de carreteras, que se podría compensar mediante peajes. Es algo que el ciudadano entendería mejor.