En España, la vacuna del herpes zóster se incluyó en el calendario común en 2022.

En España, la vacuna del herpes zóster se incluyó en el calendario común en 2022.

Observatorio de la sanidad

La vacuna del herpes zóster reduce a la mitad los casos de demencia en personas mayores de 65 años

El estudio demuestra que la relación entre el virus y el trastorno neurodegenerativo se mantiene incluso después de corregir el sesgo del 'vacunado saludable'.

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Las claves

La vacuna recombinante frente al herpes zóster reduce en un 51% el riesgo de demencia en personas mayores de 65 años, según un estudio publicado en Nature Communications.

El beneficio fue más pronunciado en mujeres (reducción del 55%) que en hombres (45%) y también se observó un menor riesgo de deterioro cognitivo leve.

El estudio analizó datos de 65.800 vacunados y 263.000 no vacunados, procurando igualar variables como edad, género y condiciones de salud.

En España, la cobertura de la vacuna en mayores de 65 años sigue siendo baja y desigual, con solo el 33,37% vacunado en 2024 y grandes diferencias entre comunidades autónomas.

La vacuna recombinante frente al herpes zóster reduce en un 51% la incidencia de la demencia en mayores de 65 años, según un nuevo estudio publicado en la revista Nature Communications.

Los resultados apuntalan la hipótesis de la infección por el virus de la varicela-zóster como uno de los desencadenantes del alzhéimer, aunque se desconoce el mecanismo.

La importancia de este nuevo trabajo reside, además, en que intenta evitar el sesgo del vacunado saludable, así como otras variables que pueden influir en el resultado.

El estudio ha sido realizado por investigadores del Departamento de Investigación y Evaluación del consorcio sanitario Kaiser Permanente y de la farmacéutica GSK, que ha desarrollado la vacuna.

Incluyeron 65.800 individuos mayores de 65 años que se habían vacunado frente al herpes zóster entre 2018 y 2020 y otros 263.000 no vacunados, igualando sus características basales en la medida de lo posible.

Es decir, procuraron que ambas poblaciones fueran lo más parecidas posible en proporción de géneros y edades, en haber recibido las mismas vacunas, tener condiciones subyacentes similares, etc.

Pasados algo más de tres años, en el grupo de los individuos vacunados hubo 2.401 casos de demencia, por 10.983 casos en el de no vacunados.

Por cada 1.000 personas y año, los diagnósticos de demencia fueron 10,74 entre los vacunados, frente a 23,04 entre los que no lo estaban.

La incidencia de demencia acumulada a lo largo del estudio fue del 5,67% en el caso de los que recibieron la vacuna recombinante frente al herpes zóster, por 10,64% en el de los no vacunados.

La diferencia se observó en todos los grupos de edad pero fue más profunda en mujeres (55%) que en hombres (45%).

Estos datos hablan por sí solos, pero los autores quisieron eliminar el sesgo del vacunado saludable.

Este consiste en que la posibilidad de que las personas que se han vacunado tienen más recursos, una mejor salud de base y están mejor atendidas u otras condiciones que pueden modificar los resultados del estudio.

Así que emparejaron a aquellos vacunados con el antígeno del herpes zóster y los compararon con un subgrupo que no había recibido aquel pero sí la vacuna del tétanos, difteria y tosferina.

En este caso, la incidencia por cada 1.000 personas y año fue de 18,90 en los receptores de esta segunda vacuna. Tras ajustar el riesgo por la edad, los autores calcularon que el grupo de la vacuna recombinante del herpes zóster seguía teniendo una probabilidad de desarrollar demencia un 27% menor.

Aunque la distancia entre ambos grupos se había reducido, todavía sigue siendo estadísticamente significativa, es decir, que no se puede explicar como producto del azar.

Un experimento natural

Incluso a la hora de medir el deterioro cognitivo leve –que no llega a ser demencia– comprobaron un 16% menos de riesgo en el grupo de los vacunados frente al herpes zóster.

En los últimos años, numerosos estudios están arrojando luz a la relación entre infecciones y enfermedades neurodegenerativas.

Una de las más estudiadas ha sido, precisamente, la de la demencia. El planteamiento es que los microorganismos causan inflamación en las células nerviosas, lo que va dañando paulatinamente el cerebro.

El virus de la varicela-zóster era un candidato ideal para explicar esta hipótesis, pues se sabía que permanece latente en el cuerpo, concretamente en el sistema nervioso periférico, y se reactiva a edades avanzadas como herpes zóster gracias a un sistema inmune más débil.

El problema es que casi todo el mundo ha pasado la varicela y no hay población que pueda establecerse una comparación.

Sin embargo, se ha podido establecer claramente esa relación gracias a experimentos naturales.

En Gales se comenzó a vacunar del herpes zóster a las personas de 80 años. Se estableció un punto de corte en el 2 de septiembre de 1933: se vacunaría a los individuos nacidos a partir de esa fecha.

Esto permitió comparar a los vacunados con aquellos que habían nacido justo antes de la fecha de corte, consiguiendo una población muy parecida: provenían del mismo sitio y tenían casi la misma edad, así que habían pasado por las mismas experiencias.

La vacunación comenzó en 2013. Siete años después, los investigadores observaron que había un 20% menos de casos de demencia entre aquellos que habían recibido la vacuna.

Ha habido otros experimentos naturales que han permitido establecer esta relación, pero todavía no se ha podido explicar el mecanismo por el cual el virus de la varicela-zóster promueve el desarrollo de la demencia.

Hay que tener en cuenta, además, que la demencia es una condición multifactorial y no se puede explicar exclusivamente por una infección vírica.

Estudios como el recientemente publicado apuntalan el beneficio de las vacunas en personas mayores y abren la puerta a una vía para reducir la incidencia de enfermedades como el alzhéimer, que tienen una alta prevalencia.

En España, la vacuna frente al herpes zóster para mayores de 65 años se incluyó en el calendario común en 2022.

Al ser tan nueva, las coberturas vacunales son bajas: en 2023 llegó al 25,5% de los mayores de 65 años, y en 2024 al 33,37%, según datos del Sistema de Información de Vacunaciones del Ministerio de Sanidad (Sivamin).

Además, las diferencias de coberturas entre las distintas comunidades autónomas son más que notables.

Por ejemplo, Canarias ha alcanzado al 71,28% de la población objetivo, y le siguen muy por atrás Castilla y León (50,55%) y Navarra (49,72%).

Por el contrario, en Baleares (4,1%), Aragón (13,9%) y Cataluña (23,24%) las cifras están muy lejos de ser óptimas.