Asisa ha cerrado el año 2020 "mejor de lo previsto". Y es que el grupo logró su mayor cifra de facturación en primas: 1.273 millones de euros, un 4,28% más que el año anterior. Sin embargo, a pesar de estas cifras, el consejero delegado de la compañía, Enrique de Porres, avisa de que todavía hay consecuencias de la pandemia que están pendientes de evaluar.

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En una entrevista con Invertia, De Porres ha analizado cómo afrontó Asisa la irrupción de la Covid-19 y cuáles serán los retos más inmediatos a los que se enfrentará la aseguradora.

Y no solo los retos del sector privado. También los del ámbito público, porque la pandemia ha puesto de manifiesto las deficiencias de un sistema que lleva años infrafinanciado. Los fondos europeos supondrán un impulso para mejorar esas deficiencias que han aflorado por la crisis sanitaria, pero para De Porres "se quedan cortos".

¿Cómo afrontó Asisa la pandemia?

Con dificultad por la falta de información y la descoordinación que hubo al inicio de la pandemia. Asisa es una aseguradora de salud pero también es la matriz de un grupo que tiene otros seguros y con una red prestacional importante en España. La pandemia ha afectado de distinta manera a estos dos ámbitos.

Quienes sufrieron más directamente el impacto de la pandemia fue toda la red prestacional. Tanto la aseguradora como la parte asistencial fueron consideradas por el Gobierno como empresas de actividad esencial y tuvieron que mantener su nivel de trabajo. La aseguradora vio una reducción importante de la actividad como consecuencia del confinamiento y del miedo de la población tras el confinamiento.

Sin embargo, la red de hospitales sufrió un aumento de la presión asistencial y en unas condiciones de cierta precariedad porque la situación inicial era de riesgo por la falta de protección y de información. La pandemia tuvo un impacto desconocido porque no habíamos tenido una situación como esa en este siglo.

La aseguradora vio una reducción importante de la actividad como consecuencia del confinamiento y del miedo de la población tras el confinamiento

Nosotros montamos un comité de crisis y la información que nos llegaba del área asistencial era preocupante. Nos demandaban ayuda y tratábamos de buscar en el exterior lo que no había en el país en cuanto a respiradores, mascarillas o EPIs. El mercado internacional los primeros días de la pandemia era una auténtica locura. Veíamos que nuestro personal estaba empezando a sufrir las consecuencias de la pandemia. El nivel de contagiados fue incrementándose sobre todo durante el primer mes.

Luego la situación se ha ido normalizando. Las aseguradoras de nuestro país teníamos en el articulado una cláusula que excluye la cobertura de la pandemia, pero respondimos atendiendo a los asegurados que tuvieran el virus. No se ha hecho exclusión. Si no hubiéramos respondido de esta manera, casi el 20% de la población habría tenido que demandar asistencia al sistema público, que se vio desbordado, así que la situación habría sido más caótica.

Luego sufrimos las consecuencias de la falta de coordinación del sistema sanitario. Tenemos un sistema nacional, pero 17 regionales. Hemos tenido de todo. Por un lado servicios regionales que han querido nuestra colaboración y otros que no. Al final, la respuesta del sector en general ha sido muy buena.

¿Cómo ha afectado la crisis sanitaria al negocio de Asisa?

Desde el punto de vista de la aseguradora, ha caído la siniestralidad. Eso ha beneficiado temporalmente. Y digo temporalmente porque la demanda de asistencia no cubierta durante el periodo de confinamiento está aflorando ahora en situaciones peores de las que debería. Es la consecuencia de no haber atendido de una manera adecuada al enfermo crónico o agudo durante la pandemia. En 2020 hemos tenido una caída de alrededor del 10% de la siniestralidad.

En la parte prestacional, ha habido una caída de la actividad porque la atención se ha centrado en la Covid y han tenido una capacidad muy limitada en la atención de otras patologías. El resultado ha sido que muchos centros sanitarios privados han perdido facturación y el sector está en vías de recuperación de lo que perdió en 2020.

En el conjunto de nuestro grupo, hemos podido cerrar el año 2020 de una manera razonable, con un resultado mejor de lo previsto antes de la pandemia. Pero hay consecuencias que todavía hoy son difíciles de evaluar. Estamos viendo que la pandemia ha producido varios problemas que se están acumulando y que están empezando a aparecer ahora y seguirán haciéndolo el año que viene.

La pandemia ha producido varios problemas que se están acumulando y que están empezando a aparecer ahora y seguirán haciéndolo el año que viene

Se han descompensado patologías que van a obligar a un tratamiento a lo largo de 2021 y 2022. Además, la Covid ha dejado secuelas en mucha población que precisará de tratamientos prolongados. Esperamos que en el segundo semestre de este año y a lo largo del próximo aumente la siniestralidad.

A esto se suma otro agravante que es consecuencia del deterioro de la estructura de funcionamiento del sistema público. En el sector estamos viendo que la mayor parte de la población que tiene seguro de salud busca la asistencia en el sector privado como consecuencia del deterioro del público. Esto supone entre un 5% y un 10% de actividad que antes la población asegurada hacía en el sector público y que ahora opta por lo privado. 

Además, hay que tener en cuenta que en los últimos 15 años la mayor parte de la inversión en tecnología punta para el diagnóstico y el tratamiento se ha hecho más en el sector privado que en el público. El ámbito público tiene un nivel de obsolescencia importante que va a ser difícil de superar. Eso la gente lo percibe.

¿Cuáles son las expectativas de Asisa tras la pandemia?

Cuando pasó la crisis del 2008, todos los expertos de nuestro sector solían decir que el ramo de salud iba a sufrir las consecuencias de las dificultades económicas de la población. Sin embargo, fue el único del sector de los seguros que siguió creciendo. Ahora que la crisis ha sido sanitaria y que se han visto las dificultades del servicio público la gente no va a dejar el seguro de salud.

Ya está creciendo. Y nosotros lo estamos haciendo a niveles del sector. En los últimos años, hemos crecido incluso por encima de la media y el objetivo es seguir haciéndolo.

¿Ha cambiado el perfil de los clientes del seguro médico?

El perfil del asegurado se parece cada vez más al de la población general, fundamentalmente por el crecimiento de los seguros colectivos de empresa. Esto ocurre desde que se produjo el cambio en la fiscalidad que permitió que las empresas utilizarán la contratación de seguros como pago en especie. Una de las vías de crecimiento de nuestro sector ha sido los colectivos de empresa.

Ha entrado gente que no hubiera pagado un seguro de salud por su cuenta. Se ha producido más tendencia a que el cliente se parezca a la población en general activa. Los jóvenes, si su familia no tiene seguro de salud, no se lo costean.

El problema que tenemos es con los mayores. En el seguro de salud individual, la obligación de la aseguradora es tarificar el precio en función del riesgo individual. Con la edad, la posibilidad de enfermar es mucho mayor. A partir de una determinada edad, el seguro individual se encarece bastante y dificulta que las personas de más edad puedan pagarlo. A esto se le suma otro fenómeno: a partir de los 65-70 años la gente se jubila y disminuye su poder económico. Uno de los problemas futuros del seguro individual es que la tarificación del riesgo en función de la edad dificulta su contratación por parte de las personas mayores.

Uno de los problemas futuros del seguro individual es que la tarificación del riesgo en función de la edad dificulta su contratación por parte de las personas mayores

Otro modelo es el de los funcionarios del Estado, que reciben su cobertura de asistencia sanitaria pública a través de compañías de seguro privado. El 85% de los funcionarios elige este modelo. El ciudadano no paga de su bolsillo, paga el Estado por ellos y reciben la misma cobertura o mejor que en el sistema público. Las compañías tenemos que hacer frente a todas las necesidades sanitarias de este colectivo de alrededor de dos millones de personas.

El resto de población que tiene seguro privado lo tiene porque lo paga de su bolsillo. Esto supone una duplicidad y no tiene sentido que la gente tenga que pagar dos veces por lo mismo. Aquí tenemos un problema de futuro. El seguro privado tiene unas características que dificulta que toda la población pueda acceder a él y, por otro lado, desde el punto de vista político el único modelo alternativo es el de los funcionarios del Estado. Sería una posibilidad de que el seguro privado creciera colaborando con el sector público.

¿La pandemia encarecerá el precio de los seguros?

Seguro. De hecho, se han encarecido ya. Las medidas de protección ante la Covid que han supuesto equipar de otra manera a los profesionales sanitarios, cambiar los mecanismos de circulación dentro de los centros sanitarios, establecer medidas de protección e higiene distintas a los habituales suponen que el coste del acto médico se incremente. Mientras dure la pandemia, esos costes seguirán ahí.

¿Cuánto se ha encarecido?

Depende del tipo de actividad. No es lo mismo la consulta extrahospitalaria, que un ingreso hospitalario o en una UCI. Con carácter general, yo diría que el crecimiento de los costes en el ámbito extrahospitalario se ha podido incrementar entre un 5% y un 7%. En los hospitales hay que tener en cuenta que las estancias por Covid son más largas que las enfermedades que estábamos acostumbrados a tratar. En este ámbito es más difícil de evaluar, pero es un coste extra importante.

En Asisa, solo con los pacientes que hemos tratado en nuestros hospitales hemos tenido entre 15 y 40 millones de euros de diferencia sobre lo que eran facturaciones tradicionales.

El PERTE sanitario ha sido el segundo en anunciarse y, aunque todavía se conoce poco, ¿qué debería incluir?

Es un escenario desconocido. Hay iniciativas de todo tipo para tratar de conseguir los fondos europeos. Hay un problema de concepto: esos presupuestos no son finalistas de la misma manera que no lo son los de asistencia sanitaria.

Estos presupuestos tienen la vocación de corregir las deficiencias regionales, aumentar la eficiencia productiva, mejorar el nivel de digitalización de los servicios públicos, mejorar el conjunto de los servicios de Europa, pero eso supone que la sanidad tendrá que competir con otras áreas que también necesitan mejorar.

A la sanidad le corresponderán más de 1.000 millones de euros de esos fondos [1.069 millones de euros en concreto]. También el Ministerio de Sanidad aplicará otros 2.500 millones aproximadamente para proyectos de mejora de la infraestructura digital del conjunto del sistema y la mejora de las comunicaciones. Pero en el fondo todavía estamos por ver cómo aterrizarán.

Ha habido una situación de pérdida de capacidad inversora del sistema sanitario en los últimos años. Hubo momentos en el que el gasto público sanitario rondaba el 7%, pero ahora estamos en el 5,9%, lo que nos coloca en la segunda división europea.

Para recuperar el nivel que hemos llegado a tener en otros tiempos, 1.000 millones se quedan cortos. El problema del sector sanitario no es solo de dinero, es de innovación. Y me refiero al cambio de sinergias que requiere el sistema. Hablamos de 400.000 profesionales sanitarios que tienen un peso fundamental a la hora de dificultar los cambios de funcionamiento, que son los primeros que hacen falta.

Para recuperar el nivel que hemos llegado a tener en otros tiempos, 1.000 millones se quedan cortos

Einstein decía que si siempre hacemos lo mismo, no vamos a tener distintos resultados nunca. Es decir, por mucho dinero que invirtamos nos vamos a encontrar con los mismos problemas. Hay que cambiar la forma de hacer. La medicina está en un proceso de incorporar cosas muy importantes, como la inteligencia artificial, el Big data, es decir, todo lo que supone la digitalización y sus conocimientos. Para generalizar el uso se necesita formación. Con los 1.000 millones no hay para todo esto.

Lo lógico es que mejoremos y España tiene un capital humano excelente. La formación del personal sanitario está mejor reglada y distribuida. La estructura de servicios también está ordenada pero se está cayendo a pedazos por la falta de financiación.

¿En qué punto se encuentran las compensaciones a la privada por los servicios prestados durante los meses más duros de la crisis sanitaria?

Este asunto va muy mal. El comportamiento de las comunidades autónomas ha sido muy diferente. Ha habido quienes han buscado la colaboración y otras no. En Cataluña, por ejemplo, siempre ha habido más colaboración público-privada y eso ha servido para encontrar las fórmulas para compensar el gasto que ha hecho la infraestructura privada. Pero ha habido comunidades autónomas que han dicho que los enfermos de Covid solo se trataban en la pública, dejando el servicio de la red privada abierto pero sin poder trabajar.

En las comunidades donde sí ha habido colaboración, ha habido también situaciones dispares. Y hay otro problema añadido: el hecho de que pacientes con seguro privado que no han podido ir a los centros concertados y han tenido que ser asistidos en lo público. El paciente del sector privado atendido en el sector público por propia decisión o por decisión de la administración no tiene que correr a nuestro cargo. Estamos teniendo multitud de situaciones de las que el sector público nos pide que nos hagamos cargo. Sin embargo, es un gasto que les corresponde a ellos. No sabemos cuánto durará esta situación.

Hemos abierto más de mil recursos administrativos por las compensaciones que no nos corresponde hacer a la pública.

La pandemia ha impulsado la telemedicina. ¿Ha llegado para quedarse?

Ha llegado para quedarse, pero para lo que sea útil. Ha tenido una necesidad de aproximación urgente como consecuencia de la pandemia. Como no se podía hacer actividad presencial, se ha hecho parte de esta a través de la telemedicina.

Esta herramienta quedará reducida a otros ámbitos para mejorar el nivel de información general, agilizar gestiones, etc., pero no para sustituir la actividad asistencial que necesita la presencia física del paciente.

La telemedicina quedará reducida a otros ámbitos para mejorar el nivel de información general y para agilizar gestiones

Tiene otras utilidades, como mejorar la capacidad de organización de los centros, la comunicación entre profesionales, el apoyo de diagnóstico, entre otras.

¿En qué situación se encuentra el próximo concierto de Muface? ¿Han empezado las negociaciones?

Eso lo sabrá Muface. Lo único que sabemos es que ya han avanzado el presupuesto de las mutualidades y están a la espera de la aprobación del mismo. Cuando el nuevo concierto esté finalizado, nos llamarán para ver si aceptamos o no.

¿Cuáles son las peticiones de Asisa para el próximo concierto?

No podemos hacer peticiones, pero sí hemos trasladado nuestras preocupaciones a los responsables de las mutualidades. Suelen ser las mismas que las de las mutualidades. Un ejemplo es que no nos parece razonable que la financiación del nuevo concierto no tenga en cuenta nuevas prestaciones. Una cosa es la actualización del precio y otra la inclusión de prestaciones. A veces exigen más obligaciones con la misma financiación.

La realidad es que el crecimiento de la financiación del mutualismo no ha ido en paralelo al de los servicios públicos. Ha habido momentos en los que el presupuesto del servicio público era "X" y el del mutualismo era "X" menos el 50%. Dar lo mismo a un 50% de diferencia es complicado. Ahora estamos en un 35% de diferencia, que todavía es una cifra importante. Esto debería arreglarse, pero depende del poder político.

¿Cómo valora la parte sanitaria del plan España 2050?

Me parece una iniciativa muy interesante. Todo lo que sea superar el corto plazo tiene interés para nuestro país. Nace lastrado porque no lo hace desde un consenso. Como nace en el seno del Gobierno, la otra parte empieza a cuestionarlo.

Me temo que su desarrollo dependerá de la capacidad de acuerdo que haya. Un partido solo sin consenso no podrá sacarlo adelante por muy interesante que sea. El inicio del proyecto hacia una proyección de las necesidades de futuro del país y colocarse a nivel de otras potencias es buena idea pero hay que aterrizarla.

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