Sede de Blue Owl en Nueva York.

Sede de Blue Owl en Nueva York.

Fondos de inversión

El corralito de Blue Owl siembra las dudas entre los pequeños inversores que se acercan a los mercados privados

Empieza a temerse una crisis de liquidez en un tipo de activo que está muy de moda, pero que ya de por sí es ilíquido.

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Las claves

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Blue Owl ha vendido 1.400 millones de dólares en préstamos directos a valor casi contable, generando preocupación sobre la liquidez de sus fondos.

El fondo OBDC II de Blue Owl, dirigido a minoristas en EEUU, dejará de ofrecer reembolsos trimestrales tras desprenderse del 34% de su cartera.

La cotización de Blue Owl cayó un 11% en dos días y grandes gestoras similares como Blackstone, KKR y Apollo también han sufrido caídas.

La CNMV y expertos advierten sobre los riesgos para inversores minoristas en fondos de activos privados, especialmente ante episodios de iliquidez como el de Blue Owl.

El mercado de los activos privados vuelve a meterse en un lío precisamente cuando la ley ha habilitado su venta a los inversores minoristas y en plena escalada de advertencias por parte de los reguladores sobre su iliquidez y la letra pequeña que esconden los fondos.

El último episodio que ha despertado el pánico ha sucedido en Nueva York, pero sus efectos se han dejado notar en Europa. La gestora de deuda privada Blue Owl ha estado en el foco por una gran venta de préstamos en sus fondos, cambios en la liquidez para inversores minoristas y la reacción muy negativa en bolsa.

Tres vehículos de Blue Owl han acordado vender unos 1.400 millones de dólares (1.200 millones de euros) en total de préstamos directos a casi 130 empresas -muchas de ellas de software y servicios de Internet- a inversores institucionales americanos (pensiones y aseguradoras), prácticamente a valor contable (99,7%).

La mayor parte de la venta provino de un fondo de crédito privado semilíquido dirigido a inversores minoristas en EEUU llamado OBDC II, que dejará de ofrecer opciones de reembolso trimestral a los inversores. El vehículo se desprendió de 600 millones en préstamos, lo que equivale a, aproximadamente, el 34% de su cartera.

Ahora, la gestora pasará a realizar distribuciones periódicas financiadas mediante ventas de activos, ganancias, reembolsos y otras operaciones estratégicas.

Este cambio, advierten los analistas, restringe la liquidez de los inversores y su capacidad para retirar su dinero, haciendo saltar las alarmas sobre si el fondo podría estar en problemas para generar suficiente liquidez y pagar a los inversores.

Según los expertos de XTB, cerrar la operación al 99,7% del valor nominal es "poco habitual" en un mercado donde estos activos "suelen venderse con descuento". Lo que ha levantado más sospechas si cabe. El mundo al revés en mitad de la paranoia por un posible colapso del sector.

El reflejo de la bolsa

Así las cosas, los inversores han atizado a las acciones de la gestora, que cotiza en la Bolsa de Nueva York. En dos días, sus títulos han perdido casi un 11%, pérdida que se enmarca en la desconfianza que ya había en torno a sus productos. Las acciones de Blue Owl Capital llevan un retroceso del 29% en el año.

"Esto significa que los inversores están valorando los activos por debajo de su precio contable, algo inusual en un entorno normal", explican los analistas de XTB.

E inciden en que, "en sectores como la tecnología, por ejemplo, las compañías suelen cotizar con prima por su valor añadido (marca, algoritmos, barreras de entrada). Que los fondos de Blue Owl coticen con descuento posiblemente refleja que el mercado no está completamente convencido de la calidad o liquidez de los activos", sostienen desde XTB.

Blue Owl ha insistido en un comunicado en que "no está congelando la liquidez", sino devolviendo seis veces más capital (30% frente a 5%) a todos los accionistas en los próximos 45 días, y que seguirá devolviendo capital en próximos trimestres.

Pero el runrún sobre su posible insolvencia ya se ha instalado en el mercado, cuya mente está puesta en la gran crisis financiera mundial de 2008 y en el colapso de Bear Stearns.

El contagio ha llegado a las cotizaciones en bolsa de gigantes del capital riesgo y la deuda privada como Blackstone, que se ha dejado un 7,5% los dos últimos días. KKR ha perdido un 3,5%, y Apollo un 4,8%. Todos estos grandes fondos también gestionan activos ilíquidos como infraestructuras o inmobiliario.

Aviso de la CNMV

"Aunque lo ocurrido no implica un colapso del sistema financiero ni el inicio de una crisis profunda, sí es una señal a la que conviene prestar atención dentro del sector del crédito", a juicio de XTB.

Una advertencia que se produce al tiempo que supervisores como la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) también están poniendo la lupa sobre los fondos de activos privados.

En el VI Observatorio de las Finanzas de EL ESPAÑOL e Invertia, el presidente de la CNMV, Carlos San Basilio, se vanaglorió del buen estado de salud del capital riesgo, que ya gestiona más de 50.000 millones de euros en nuestro país entre todas las estrategias.

Pero también hizo hincapié en que los inversores minoristas y las entidades, ahora que los primeros pueden invertir desde 10.000 euros, redoblen el asesoramiento y tengan unos procedimientos adecuados de formación e información para no dar gato por liebre a los pequeños ahorradores y que así eviten encontrarse con corralitos de iliquidez como el de Blue Owl al otro lado del Atlántico.

"A medida que el capital riesgo pase de ser un producto marginal a un producto más amplio, y en el que se le da acceso al inversor minorista y no sólo al inversor especializado, nos exigirá una serie de esfuerzos supervisores adicionales", reconoció San Basilio.

La crisis de Blue Owl es un primer aviso a navegantes en un sector, el de los mercados privados, que vive una crisis aún más grande por encima. No levanta cabeza desde que los tipos de interés subieron con fuerza en 2022. Hay un atasco monumental en la venta de participadas de los fondos, que al devolver el dinero más lentamente empiezan a ser menos rentables y, por tanto, tampoco logran levantar nuevos fondos. La desconfianza empieza a ser una bola de nieve.