Una refinería de petróleo tras un ataque iraní que, según el Ministerio de Energía de Israel, no causó daños significativos.

Una refinería de petróleo tras un ataque iraní que, según el Ministerio de Energía de Israel, no causó "daños significativos". Reuters

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El petróleo se dispara un 55% en marzo y registra la mayor subida mensual de su historia por la guerra de Irán

El Brent, la variante de referencia en Europa, ha pasado de 72 a 112 dólares por barril. Las alertas sobre una crisis energética han saltado en todo el mundo.

Más información: El conflicto en Oriente Próximo dispara el temor a una recesión global y relega a un segundo plano el miedo a la inflación

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Las claves

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El precio del petróleo Brent ha subido más de un 55% en marzo debido a la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, marcando la mayor escalada mensual de la historia.

Los ataques a buques y la participación de las milicias hutíes han elevado el riesgo de crisis energética global y añadido incertidumbre en los mercados.

El encarecimiento del crudo ya impacta en los precios de la gasolina y el gasóleo, y está presionando al alza la inflación en Europa y otros productos energéticos.

La situación geopolítica y los mensajes contradictorios entre EE.UU. e Irán alimentan las expectativas de un periodo prolongado de precios elevados del petróleo.

El petróleo está a punto de firmar en marzo un rally sin precedentes al calor de la guerra en Irán y del cierre de facto del estrecho de Ormuz, el principal cuello de botella del crudo mundial.

A falta de unas horas para que termine la última sesión de marzo, el precio del petróleo Brent, la variante de referencia en Europa, se ha disparado más de un 55%. El West Texas Intermediate (WTI) estadounidense se ha encarecido más de un 52%.

Se trata de la mayor escalada mensual del oro negro desde que hay registros de estos contratos.

La violencia en Oriente Próximo y los ataques a buques en el golfo Pérsico y el mar Rojo han disparado las primas de riesgo en los mercados de energía y han reavivado el temor a una nueva crisis energética global.

El salto del Brent, referencia para Europa, no tiene precedentes en la historia reciente.

En apenas un mes ha sumado más de 40 dólares por barril, al pasar de los 72 dólares a los que cotizaba antes de que comenzasen las hostilidades a los 112,5 dólares por barril actuales.

El movimiento supera los repuntes mensuales registrados tras la invasión de Kuwait en 1990 o durante los grandes shocks de oferta de las últimas décadas.

El WTI ha seguido una trayectoria similar, encadenando su mejor mes desde 2020 y recuperando con holgura el umbral de los 100 dólares por primera vez desde 2022.

Este doble rally consolida a marzo de 2026 como el mes más violento para los precios del petróleo en lo que va de siglo.

Guerra, Ormuz y ataques a buques

El detonante de esta escalada ha sido la guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel con Irán, que ha desembocado en un cierre de facto del estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor de una quinta parte del crudo y del gas natural licuado que se consume en el planeta.

Teherán ha endurecido su control sobre este paso estratégico y ha permitido una campaña de ataques contra petroleros y buques de carga en todo el golfo Pérsico, incluido el impacto de un dron sobre el Al‑Salmi, un superpetrolero kuwaití completamente cargado en la zona de fondeo del puerto de Dubái.

Al mismo tiempo, las milicias hutíes de Yemen han entrado de lleno en el conflicto con lanzamientos de misiles contra Israel y amenazas directas a la navegación en el mar Rojo.

El objetivo está en torno a Bab el‑Mandeb, el estrecho que une el mar Rojo con el golfo de Adén y por el que pasan los buques que se dirigen al canal de Suez, una de las rutas clave del comercio mundial de petróleo.

Estos ataques han encendido las alertas sobre la posibilidad de que el mencionado enclave se convierta en un segundo cuello de botella para el suministro energético, junto al cierre de facto de Ormuz.

En el frente político, la Casa Blanca y Teherán han ofrecido mensajes contradictorios que han alimentado la incertidumbre de los inversores.

Mientras asesores del presidente estadounidense, Donald Trump, y portavoces oficiales de su administración han deslizado en varias ocasiones que las negociaciones para poner fin a las operaciones militares avanzan “de forma constructiva”, las autoridades iraníes han negado tajantemente que existan conversaciones directas con Washington.

El propio Trump ha alternado mensajes en los que sugiere que la guerra podría terminar en cuestión de semanas con amenazas de “obliterar” las centrales eléctricas, los pozos de crudo y la isla de Kharg, principal terminal exportadora de Irán, si no se reabre Ormuz.

Esta mezcla de mensajes ha convencido a muchos inversores de que no se trata solo de un susto puntual en los precios, sino de un periodo prolongado de petróleo caro.

Algunos bancos de inversión y consultoras del sector manejan ya escenarios en los que el Brent sube hacia los 125‑150 dólares si el cierre de los estrechos se alarga, e incluso contemplan picos puntuales de hasta 200 dólares por barril en las próximas semanas en los casos más extremos.

Impacto sobre la economía

La subida del petróleo se está trasladando al bolsillo de los consumidores. En Estados Unidos, el precio medio de la gasolina roza los 4 dólares por galón, casi un dólar más que antes del estallido de la guerra.

En España, según los últimos datos del Ministerio para la Transición Ecológica, la gasolina se pagaba el pasado jueves a 1,56 euros por litro, un 5,4% más que el 28 de febrero, cuando comenzó la escalada bélica en Oriente Medio.

El gasóleo, el combustible más castigado por la guerra, alcanza de media los 1,765 euros por litro, casi un 23% más que hace un mes.

El encarecimiento del crudo arrastra también a otros productos ligados a la energía, como los fertilizantes, los plásticos o muchos químicos industriales, y amenaza con reactivar unas presiones sobre los precios que los bancos centrales empezaban a dar por controladas.

En la eurozona, la inflación volvió a subir en febrero hasta el 2,5% interanual, seis décimas más que en enero, principalmente por el encarecimiento de la energía ligado al conflicto.

La subida complica la tarea del Banco Central Europeo (BCE) y reduce su margen para mantener los tipos de interés sin cambios en los próximos meses.