Un trabajador sostiene un lingote de oro en la tienda Barcelona Gold en Barcelona.

Un trabajador sostiene un lingote de oro en la tienda Barcelona Gold en Barcelona. Reuters

Materias primas

Los bancos centrales aflojan las compras de oro con el metal en máximos: Polonia, Kazajistán y Brasil lideran las adquisiciones​

Las compras cayeron un 21% en 2025, pero siguieron muy por encima de la media de la última década, con fuerte protagonismo de los países emergentes.

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Las claves

Las compras netas de oro por parte de bancos centrales cayeron un 21% en 2025, pero se mantuvieron en niveles elevados, con 863 toneladas adquiridas.

Polonia, Kazajistán y Brasil lideraron la adquisición de oro, destacando Polonia con 102 toneladas y la intención de aumentar sus reservas hasta 700 toneladas.

El oro vivió su mejor año desde 1979, con una subida del 65% y superando los 4.500 dólares, impulsado por la demanda récord de más de 5.000 toneladas.

La tendencia de compra refleja el uso del oro como activo estratégico frente a la incertidumbre económica y geopolítica, mientras las ventas de oro fueron muy limitadas.

Los bancos centrales siguieron mostrando interés por el oro en 2025, aunque sus compras netas se redujeron un 21% en un contexto de fuerte encarecimiento del metal. Aun así, las 863 toneladas adquiridas confirman que el oro continúa ganando peso en sus balances.

En este escenario, Polonia volvió a encabezar las adquisiciones oficiales, acompañada por otros bancos de economías emergentes que siguen utilizando el oro para diversificar reservas, reducir la dependencia del dólar y protegerse frente a una mayor incertidumbre geopolítica.

Pese a la reducción de las compras en 2025, el volumen de 863 toneladas sigue muy por encima de la media de 473 toneladas registrada entre 2010 y 2021, tal y como recoge el Consejo Mundial del Oro.

Esta persistencia en niveles elevados confirma que el oro se ha consolidado como un activo estratégico en los balances de los bancos centrales.

Durante buena parte de 2025, con el oro subiendo con fuerza y marcando máximos históricos, muchos bancos centrales optaron por espaciar sus compras y adoptar un enfoque más cauto, sin renunciar a su estrategia de reforzar el peso del metal en sus reservas.

El 2025 fue el mejor año del oro desde 1979. El metal precioso se disparó un 65% y registró máximos históricos por encima de los 4.500 dólares.

Este rally se produjo en paralelo a una demanda total de oro que, por primera vez, superó las 5.000 toneladas en un solo año. El apetito por el metal amarillo se vio impulsado por fuertes compras de inversión y por las propias adquisiciones de los bancos centrales.

Polonia, Kazajistán y Brasil

Polonia fue, por segundo año consecutivo, el mayor comprador oficial de oro del mundo, con 102 toneladas añadidas a sus reservas en 2025.

Con estas incorporaciones, las reservas de oro de Polonia alcanzan las 550 toneladas, lo que supone ya el 28% de sus reservas totales, muy cerca del nuevo objetivo del 30%.

El gobernador del banco central polaco, Adam Glapiński, ha manifestado su intención de elevar las reservas de oro hasta 700 toneladas por razones de seguridad nacional.

Esta meta se plantea en un contexto marcado por la guerra en la vecina Ucrania y la tensión con Rusia, aunque sin concretar plazos para lograrla.

Kazajistán también pisó el acelerador en 2025. Su banco central sumó 57 toneladas en el año, el mayor volumen anual desde 1993, tras recibir luz verde del Ministerio de Industria para comprar hasta 67 toneladas.

La institución interrumpió las ventas de oro procedente de la producción nacional en febrero y, desde entonces, su gobernador, Timur Suleimenov, ha reiterado que el país quiere seguir siendo comprador neto de oro hasta que se reduzca la tensión global.

Su intención es utilizar el metal como escudo frente a su delicada posición geopolítica entre Rusia, China y Occidente.

Brasil volvió al mercado del oro tras varios años de pausa. El banco central retomó sus compras en 2025 por primera vez desde 2021 y añadió 43 toneladas entre septiembre y noviembre, elevando sus reservas a 172 toneladas.

Pese al aumento, el oro apenas supone en torno al 7% de las reservas totales del país, lo que deja margen para nuevas adquisiciones si se mantiene la estrategia de diversificación.

En el caso brasileño, el refuerzo del oro se interpreta como un movimiento defensivo para equilibrar unas reservas muy concentradas en dólares y prepararse para escenarios de mayor volatilidad financiera global.

Más protagonistas

La lista de grandes compradores se extiende más allá de estos tres países.

El Fondo Estatal del Petróleo de Azerbaiyán (SOFAZ), único fondo soberano que publica sus tenencias de oro, adquirió 38 toneladas entre el primer y el tercer trimestre.

El Banco Central de Turquía se mantuvo activo durante 2025, con compras de 27 toneladas hasta finales de octubre que sitúan las reservas oficiales (banco central y Tesoro) en 644 toneladas.

Por su parte, el Banco Popular de China sumó 27 toneladas en el año.

Sus reservas declaradas alcanzan 2.306 toneladas, equivalente a casi el 9% de sus reservas totales, en línea con una política de ir aumentando poco a poco el peso del oro en un balance muy expuesto al dólar.

Las ventas fueron mucho más contenidas que las compras.

Sólo Singapur (15 toneladas), Rusia (6 toneladas), Alemania (1 tonelada, ligada a su programa de acuñación de monedas) y Jordania (1 tonelada) figuran como vendedores significativos en 2025.

Esta lista corta subraya que el tono general del mercado oficial sigue siendo claramente comprador y que la reducción de posiciones en oro es la excepción, no la norma.

Activo estratégico

Aunque 2025 no alcanzó el listón extraordinario de las más de 1.000 toneladas compradas en cada uno de los tres años anteriores, las 863 toneladas adquiridas confirman que la fiebre del oro de los bancos centrales está lejos de enfriarse.

Las perspectivas para 2026 apuntan a una demanda de oro todavía sólida, favorecida por la persistente incertidumbre económica y geopolítica.

El metal sigue desempeñando el papel de seguro último frente a shocks de mercado, sanciones financieras y una posible pérdida de confianza en las grandes divisas de reserva.