El primer ministro británico, Keir Starmer, tras su discurso de renuncia.

El primer ministro británico, Keir Starmer, tras su discurso de renuncia. Europa Press.

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La caída de Starmer en Reino Unido no agita los mercados... salvo que también sucumba la ministra de Hacienda

Andy Burnham, exalcalde de Mánchester y, casi seguro, el sucesor, no es percibido como un extremista. La duda es: ¿qué pasará con Rachel Reeves?

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Las claves

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La dimisión de Keir Starmer como primer ministro británico y la posible sucesión de Andy Burnham no han generado inestabilidad en los mercados financieros.

La continuidad de la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, es vista como clave para mantener la credibilidad fiscal ante los inversores.

Burnham plantea un modelo de gobierno más intervencionista y descentralizado, pero promete respetar las reglas fiscales y no aumentar impuestos clave.

El mercado vigila posibles cambios en el gabinete y la política fiscal, especialmente si Reeves es reemplazada, lo que podría afectar la confianza en la deuda británica.

La dimisión de Keir Starmer como primer ministro del Reino Unido para dar paso a unas primarias laboristas en julio -a priori- sin rival y que su asiento lo ocupe el exalcalde de Mánchester, Andy Burnham, no inquieta a los mercados.

La noticia era esperada por los inversores desde hace días y la bolsa y la renta fija británicas, así como la libra esterlina, no han sufrido vaivenes significativos. Es más, la divisa británica y el FTSE 100 se han revalorizado.

En general, el sentimiento es de cierto continuismo político y económico… salvo que Burnham, si finalmente toma los mandos como todo parece indicar, decida sacrificar a la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, contra todo pronóstico.

En materia de política económica, Burnham apunta hacia un modelo de gobierno más intervencionista y con un enfoque más regional, con mayor énfasis en la descentralización, el alivio del coste de la vida, la renovación industrial y un control público más fuerte en ámbitos como la vivienda, el transporte y los servicios públicos, resume Martin Wolburg, economista sénior en Generali Investments.

Aun así, puntualiza Wolburg, "las restricciones fiscales siguen siendo estrictas, y su compromiso de respetar las reglas fiscales del Partido Laborista sugiere que, para los mercados, la cuestión clave será la implementación más que la ideología".

La verdadera prueba para los mercados podría llegar más adelante, cuando se conozcan las decisiones sobre su gabinete y los planes fiscales de otoño.

Burnham "tendría que equilibrar una agenda social más ambiciosa con la disciplina fiscal si quiere evitar tensiones en los mercados de deuda del Reino Unido", advierte Hervé Prettre, responsable global de Análisis de Inversiones en Edmond de Rothschild.

En este contexto, la sucesión de Reeves, considerada un pilar de la credibilidad fiscal del Gobierno, podría convertirse en un asunto de gran relevancia.

Porque, en algunos círculos británicos, se espera que Burnham recompense a quienes se han echado a un lado para permitir su ascenso, con rumores del mercado apuntando a Wes Streeting (exministro de Sanidad) como el próximo ministro de Hacienda.

El perfil de Burnham

"La continuidad de Rachel Reeves sería la opción más favorable para los mercados, pero cualquier indicio de que el nuevo ministro pretenda relajar o abandonar las reglas fiscales actuales podría desencadenar nuevas ventas de activos británicos", contraponen los analistas de Ebury.

"Burnham no es percibido como un extremista: tuvo una gestión exitosa en Mánchester, ha prometido respetar las reglas fiscales establecidas por la ministra Rachel Reeves para tranquilizar a los inversores y evitar un fuerte aumento del endeudamiento, y se ha comprometido a mantener la promesa del manifiesto laborista de no subir el impuesto sobre la renta, las cotizaciones a la Seguridad Social ni el IVA", resume Prettre, de Edmond de Rothschild.

Incluso, apostillan desde EdR, es un firme defensor de devolver el control público -"que no la propiedad pública"- del agua, la energía y el ferrocarril, y mantiene una postura más proeuropea que la de Starmer.

En lo que respecta al Banco de Inglaterra, los inversores han reducido ligeramente sus expectativas sobre los tipos de interés oficiales: ahora descuentan una sola subida hasta el 4% en diciembre, frente al 3,75% actual.

Los expertos de Ebury creen que, con una inflación de mayo más moderada de lo esperado y un mercado laboral aún débil, el banco central británico mantendrá una "postura de espera al menos durante el verano y, muy probablemente, durante el resto del año".