Peatones caminan junto a un panel de cotizaciones bursátiles que muestra el tipo de cambio entre el dólar estadounidense y el yen japonés

Peatones caminan junto a un panel de cotizaciones bursátiles que muestra el tipo de cambio entre el dólar estadounidense y el yen japonés Reuters

Mercados

Las bolsas temen que la guerra en Irán se alargue pero su verdadera pesadilla es el bono de EEUU al 5% y la caída del yen

Teherán evalúa el memorando de paz de EEUU mientras Washington espera una respuesta bajo la amenaza de reanudar los ataques.

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Las claves

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La guerra en Irán preocupa a los mercados, pero el verdadero temor reside en la subida de los bonos de EEUU al 5% y la caída del yen.

El Ibex 35 y otros índices experimentaron fuertes subidas tras rumores de paz, pero retrocedieron al no concretarse acuerdos y tras nuevos ataques.

El desplome del yen, debido al 'carry trade', amenaza la economía japonesa y podría desencadenar un terremoto financiero si el Banco de Japón sube tipos.

El aumento de la rentabilidad de la deuda estadounidense encarece la financiación global y obliga a recalcular el valor de acciones y créditos.

Los mercados, en su eterna capacidad de autoengaño, contemplan hoy la guerra en Irán con distante serenidad mientras la verdadera fractura tectónica se abre bajo sus pies: bonos de Estados Unidos al 5% y un yen en caída libre.

Las bolsas ignoran que el peligro no sólo viaja en destructores por el estrecho de Ormuz, sino que se filtra silenciosamente por las grietas de la deuda y por ese lucrativo negocio de pedir prestado casi gratis que los grandes fondos han convertido en su apuesta más arriesgada.

Para entender la magnitud de esta ceguera voluntaria, basta con observar a qué se aferran los grandes índices bursátiles. Los parqués han decidido descontar un escenario de paz inminente basándose en un frágil plan de una sola página.

Este memorando propuesto por Estados Unidos contempla declarar el fin de la guerra y abrir un periodo de negociación de 30 días para resolver las líneas rojas del conflicto.

A cambio de levantar las sanciones y liberar miles de millones de dólares en fondos iraníes congelados, Washington exige a Teherán que envíe sus reservas de uranio a Estados Unidos.

El comportamiento de las bolsas y el petróleo en este impás diplomático, a la espera de una respuesta de Irán, ilustra a la perfección esta peligrosa montaña rusa emocional.

Cuando el pasado 6 de mayo Donald Trump anunció un "gran progreso" hacia la paz, la prima de riesgo geopolítico se evaporó de golpe.

Por un lado, las bolsas mundiales se dispararon. El Ibex 35 firmó un espectacular rebote del 2,47%, reconquistando con holgura la cota de los 18.000 puntos.

Los principales índices europeos registraron ascensos en el entorno del 3%, mientras que, en Wall Street, el S&P 500 y el Nasdaq Composite marcaron nuevos máximos históricos intradiarios.

Las perspectivas de paz desinflaron los precios del petróleo. En una sola sesión, el precio del petróleo Brent, la variante de referencia en Europa, se hundió un 8%.

Sin embargo, al no materializarse la firma del memorando y producirse nuevos ataques cruzados, la tendencia se ha invertido: los parqués han registrado pérdidas en las dos últimas sesiones y los precios del crudo han vuelto a subir.

Así cierra el Ibex 35

La bajada del Ibex 35 en la sesión de este viernes ha sido del 0,95%. Debido a este recorte, el selectivo nacional se sitúa ahora en los 17.889,4 enteros.

Con este último tropiezo, la ganancia semanal del Ibex 35 se ha reducido al 0,61%. El avance se suma a la rentabilidad del 4,29% registrada la semana anterior.

Las grandes bolsas europeas, en la mayoría de los casos, también han terminado el día negativo. Los principales índices de Wall Street registraban subidas de entre el 0,1% y el 1,4% tras conocerse que la tasa de paro de Estados Unidos se mantuvo en el 4,3% en abril. El S&P 500 y el Nasdaq buscaban así nuevos récords.

El petróleo Brent, por su parte, escalaba un 1,5% y volvía a situarse por encima de los 101 dólares por barril. Por ahora, el descenso semanal rondaba el 6,1%.

Las otras amenazas

Mientras la atención de los mercados financieros se centra casi en exclusiva en Oriente Próximo, otras amenazas se gestan en las entrañas del sistema financiero global.

El primer aviso serio salta en el mercado de renta fija. La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 30 años ha perforado la barrera del 5%.

Esta escalada responde al encarecimiento de la energía y, sobre todo, a la realidad de que la Casa Blanca no frena su ritmo de endeudamiento, mientras el mercado exige cada vez más prima para sostener esa deuda en un contexto de inflación persistente.

El aumento de la rentabilidad de la deuda estadounidense encarece la financiación de la economía más grande del mundo y obliga a los inversores a recalcular cuánto valen realmente las acciones, el crédito y la deuda soberana en todo el planeta.

Cuando los bonos de Estados Unidos ofrecen un rendimiento cercano al 5%, se convierten en una inversión muy atractiva frente a otras opciones, especialmente en países donde el dinero sigue siendo muy barato.

Esta altísima rentabilidad garantizada por Washington actúa como un imán para el capital internacional y alimenta directamente uno de los grandes juegos especulativos de Wall Street: el llamado carry trade.

En la práctica, esta operativa consiste en que los grandes fondos piden dinero prestado en Japón, donde el coste de financiarse es casi nulo.

A continuación, cambian esos yenes por dólares para comprar bonos estadounidenses que rentan al 5%, embolsándose la diferencia casi sin esfuerzo.

El problema es que, para hacerlo, esos fondos venden yenes de forma masiva y constante, lo que presiona a la moneda nipona hacia el abismo.

En este contexto, el yen japonés se ha hundido hasta rozar las 160 unidades por dólar. La asfixia económica es total para Japón, un país que importa alrededor del 90% de su energía y abona esa factura internacional en dólares.

Con el yen por los suelos y el barril de petróleo encarecido, el coste de la vida amenaza con descontrolarse.

El Banco de Japón, acorralado, ya ha tenido que intervenir con inyecciones de entre 45.000 y 90.000 millones de dólares para intentar sostener su divisa.

Gracias a estas acciones, el tipo de cambio se ha logrado estabilizar temporalmente en torno a las 156 y 157 unidades por dólar, pero los inversores saben que es un mero parche.

La gran amenaza es que el Banco de Japón actúe para intentar salvar esta situación directamente subiendo los tipos de interés de forma más agresiva.

Si eso ocurre, el carry trade se desmantelará de inmediato. Los grandes fondos tendrán que vender masivamente sus bonos estadounidenses para devolver los yenes prestados, disparando el coste del crédito y desatando un terremoto financiero global.