Chips de IA.

Chips de IA. Europa Press

Mercados

La rotación hacia la energía 'fatiga' a la IA y los analistas avisan de que distinguir entre los valores en bolsa es clave

Las compañías de software empresarial y servicios digitales han sido la más golpeadas en el mercado.

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Las claves

El conflicto en Oriente Próximo ha acelerado la rotación de inversiones desde compañías de Inteligencia Artificial hacia valores energéticos, impactando negativamente en el sector tecnológico.

Las tecnológicas, especialmente las dedicadas al software, han sufrido caídas en Wall Street y el Nasdaq, que acumula una pérdida del 6% en lo que va de año.

El mercado exige ahora que las empresas de IA demuestren monetización y rentabilidad, dejando de lado el entusiasmo indiscriminado por la narrativa tecnológica.

El segmento de infraestructura crítica, como el diseño de chips y la capacidad computacional, se mantiene atractivo para los inversores, mientras el software pierde relevancia y enfrenta mayores riesgos de decepción.

Las cinco semanas de guerra en Oriente Próximo han opacado algunas cuestiones que focalizaban el ambiente inversor antes del conflicto. Una de ellas es la dudosa narrativa por los valores de Inteligencia Artificial.

Las caídas en Wall Street de estas compañías, especialmente de las dedicadas al software, ya mermaron la trayectoria del Nasdaq incluso antes de que detonase el conflicto. El selectivo tecnológico de referencia en la bolsa de Nueva York había retrocedido un 1,15% en su balance de 2026 hasta marzo.

La reestructuración de apuestas tras el inicio de la guerra en Irán tampoco ha aliviado la presión en torno a la narrativa de la IA. Muchos inversores se han desplazado hacia valores energéticos y esto ha perjudicado aún más a estas compañías.

Dentro del S&P 500, el único sector que deja un desempeño positivo en marzo es el energético. Entre las tecnológicas, la media de su caída en el mes supera el 4%.

Esta misma tendencia también se aprecia dentro del Nasdaq. El indicador se ha dejado casi un 5% en el mismo mes, lo que amplía su caída en lo que llevamos de año hasta el 6%.

¿Pero qué ha pasado realmente en este mes con la IA? Hay varias claves. La primera de ellas es el cambio en el relato que ya se empezaba a vislumbrar antes del conflicto. "El mercado ha pasado de una fase de entusiasmo casi indiscriminado a otra mucho más exigente", explica Antonio Castelo, analista de iBroker.

En este sentido, Castelo señala que ya no basta con tener narrativa de IA, sino que "ahora se pide monetización visible, demanda sostenible y rentabilidad del capital invertido", es decir, que el mercado ya no sólo pide crecimiento, también que la inversión realizada retorne.

A mitad de marzo también tuvo lugar el Congreso mundial de IA de Nvidia. Del 16 al 19 de dicho mes se presentaron en San José (California) las novedades que determinaran cómo se va a construir el futuro tecnológico.

De la conferencia se obtiene una doble lectura. Por un lado, por la parte que afecta estrictamente a los avances en tecnología, el futuro sigue siendo tremendamente prometedor.

Sin embargo, por la parte que compete exclusivamente a la bolsas, las dudas incrementan. El analista de iBroker explica que el encuentro reforzó la visión de largo plazo pero no eliminó las dudas en el corto y medio recorrido.

En este sentido se presentan las preguntas más amargas para los inversores: cuánto tardarán en recuperar lo invertido y si lo capitalizarán de manera íntegra.

El impacto de Irán

Aún hay más factores. Las consecuencias de la guerra en el plano macro también tienen pendientes a los inversores de IA. La fortaleza del dólar lastra a las grandes tecnológicas porque una buena parte de sus ingresos viene de fuera de EEUU y el avance del billete verde recorta sus beneficios.

Para Manuel Pinto, analista de mercados de XTB, el mercado está adoptando una visión "excesivamente pesimista en el corto plazo". El experto apunta a que los inversores se han vuelto a la defensiva aunque también tranquiliza el panorama: "La inteligencia artificial sigue siendo el principal motor estructural del mercado".

Es la visión que también comparte Castelo. El analista de iBroker sentencia que "la IA como megatendencia no está en cuestión".

Ahora bien, bajo este telón de fondo, ambos expertos inciden en la importancia de seleccionar y no ver a la IA como un compartimento estanco en bolsa. Hay que tener presente que la tecnología compone una cadena de valor.

Seleccionar, la clave

"No es lo mismo invertir en quien fabrica la infraestructura, en quien la financia y despliega, en quien la convierte en producto comercial, o en quien puede verse amenazado por ella", resume Antonio Castelo.

En este punto, la parte más seductora para el mercado sigue siendo la infraestructura crítica. Aquí salen ganando los diseñadores de chips y los proveedores de capacidad computacional.

El valor que representa este segmento: Nvidia. Por eso la presentación de sus resultados fue tan relevante para el ánimo inversor. También Broadcom tiene gran potencial en este sentido.

Otro de los nichos más atractivos para el mercado es el que conforman las compañías ligadas a la nueva capa de procesamiento para inferencia y agentes de IA. En él, como indica Castelo, encaja muy bien la multinacional británica Arm.

El software pierde

Si los ganadores de la nueva narrativa están más o menos claros, el perdedor está aún más definido: el software. Es donde hay más dispersión y más riesgo de decepción bursátil.

Como explica Dimitri Kallianotis, especialista en inversiones tecnológicas de Unión Bancaire Privée (UBP), los avances están erosionando la histórica ventaja competitiva de las compañías de software.

Además, otras empresas, como Anthropic y OpenAI, están desarrollando nuevas herramientas que empiezan a competir directamente con proveedores de software establecidos, como Adobe o Salesforce, lo que también las debilita.