Barras de oro.

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Mercados

¿Qué está pasando con los metales preciosos? El oro se deja casi un 15% y la plata más de un 25% por la guerra en Irán

El factor energético del conflicto ha hecho que ambas materias primas pierdan parte de su atractivo.

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Las claves

El oro ha caído casi un 15% y la plata más de un 25% desde el inicio de la guerra en Irán.

La subida del petróleo, el dólar y la rentabilidad de la deuda han restado atractivo a los metales como refugio.

Los inversores y algunos estados podrían estar vendiendo oro y plata para obtener liquidez o beneficios, afectando aún más su cotización.

La plata, además de metal precioso, sufre por su uso industrial ante el temor de un menor crecimiento global.

Muy lejos de emplazarse como salvavidas para unos inversores que intentan esquivar la volatilidad a que se enfrenta el mercado, el oro y la plata han acumulado fuertes correcciones desde que detonó la guerra en Oriente Próximo.

El metal amarillo, refugio por excelencia, ha perdido un 15% respecto a su valor previo al estallido del conflicto en Irán. El precio del oro superaba los 5.200 dólares por onza antes de los primeros ataques y ahora lucha por mantener la barrera de los 4.500.

Esta cota está muy por debajo de los máximos históricos que recientemente firmó la materia prima. Y esto hace aún más significativo el débil desempeño del metal en la actual crisis geopolítica y energética, que también ha sorprendido a algunos analistas.

El techo del oro está en los 5.626,8 dólares por onza que alcanzó el pasado 29 de enero.

Como para otras muchas cuestiones a las que atiende el mercado, el factor energético del conflicto ha sido clave para definir la trayectoria de los metales preciosos. "El tipo de shock actual es determinante", explica Manuel Pinto, analista de XTB, a este diario.

La incertidumbre ya no es la narrativa central de la guerra. Ahora es el precio del petróleo el que dictamina el rendimiento del mercado. Y este pretexto ha afectado fuertemente al oro.

El crudo se ha disparado, el dólar y las rentabilidades de deuda han subido y los bancos centrales —a pesar de no haber hecho movimientos en sus reuniones de la semana pasada— siguen muy atentos a los efectos que pueda tener el conflicto.

El foco está puesto en la inflación y tanto el mercado como sus analistas no descartan futuras subidas de tipos. Con este telón de fondo, "el oro pierde parte de su atractivo inmediato porque es un activo que no ofrece cupón", tal y como explica Antonio Castelo, analista de mercados de iBroker.

Castelo expone un factor extra. Los inversores pueden estar vendiendo oro de manera forzosa "para generar liquidez y cubrir margin calls (reposiciones forzosas de garantías) de inversiones en activos apalancados".

Además, y a pesar de vender oro tras la reciente oleada de correcciones, los inversores seguirían obteniendo beneficios. Esto se debe a que, como se comentaba con anterioridad, el metal amarillo viene de vivir un fuerte rally. De hecho, a principio de año fueron estas mismas tensiones geopolíticas las que, en parte, impulsaron a la materia prima.

En 2025, el oro se revalorizó un 67%. En los primeros meses de 2026, antes de que empezase el conflicto, la escalada era del 19%.

Hay otra cuestión que también puede estar influyendo. Como señala Javier Cabrera, analista de XTB, "los inversores empiezan a temer que los estados estén vendiendo oro para recoger parte de los beneficios que han generado".

Este movimiento no responde a la misma aplicación que la venta de los inversores particulares, pero sí a la misma causa. Cabrera apunta a que los estados "podrían utilizar esos beneficios para invertir en defensa", teniendo en cuenta la coyuntura actual, aunque advierte que todavía no se puede confirmar que estos movimientos se estén llevando a cabo.

El metal blanco

Si se ponen las cifras sobre la mesa, la actuación de la plata es aún más llamativa. El metal blanco venía de firmar un prometedor inicio de año. Su desempeño había escalado un 32% en lo que iba de 2026 antes de que estallase la guerra en Oriente Próximo.

Durante ese periodo, la plata también firmó su propio récord, además, de la mano del oro. El 29 de enero alcanzó los 116,6 dólares por onza.

Esta trayectoria se sumaba al ya excelente rendimiento del metal el año pasado. El precio de la plata escaló un 140% en 2025.

La situación desde que empezó el conflicto en Irán es bien distinta. La plata ha caído algo más de un 25% desde entonces.

Los analistas inciden en la naturaleza de este activo como principal causa de su corrección. La plata no sólo es un metal precioso, también es un metal industrial. Y esto, en el contexto actual, supone una debilidad.

El mercado teme un menor crecimiento global y un enfriamiento de la economía, desaceleración que la industria también sufrirá. En este escenario, la plata sufre más que el oro porque "no sólo depende de los flujos defensivos, sino también de las expectativas de demanda manufacturera", explica Castelo.

El futuro

El oro ha caído por debajo de barreras que ya había sido un hito conseguir. Primero descendió por debajo de la cota de los 5.000 dólares por onza —conquistada a finales de enero— y ahora arriesga los 4.500 dólares.

El analista de iBroker señala a EL ESPAÑOL-Invertia que romper estos umbrales "tiene un componente psicológico y técnico muy importante", aunque avisa de que el hecho de cotizar por debajo de estos niveles "no invalida la tesis estructural alcista".

Sin embargo, la mentalidad inversora sí que cambia. Castelo es claro: "Perder los 4.500 daña la narrativa". Esto hace que los inversores tengan que empezar a mirar al oro como un activo "sometido a la misma disciplina de dólar, tipos y flujo que el resto" y no tanto como un refugio automático.

A corto plazo, las perspectivas de los analistas no son muy favorables para ambas materias primas. Su desempeño dependerá de la volatilidad del mercado y la debilidad táctica. A medio, la cosa parece mejorar.

Algunas entidades siguen manteniendo objetivos altos para finales de año, por lo que el relato alcista no está del todo perdido. A ojos del analista de XTB, ambos metales "seguirán teniendo un buen comportamiento cuando acabe la guerra".

Cabrera también explica que los últimos movimientos de las materias primas deben servir a los inversores para ajustar sus expectativas en torno a ellas. "Las rentabilidades de los últimos años son más la excepción que la regla", concluye.