Planta de gas natural licuado en Qatar.

Planta de gas natural licuado en Qatar. Europa Press

Mercados

El mercado se adentra a un escenario de estanflación y se olvida de las previsiones de una guerra de corto recorrido

La nueva escalada del precio de la energía adelanta algunas de las proyecciones más delicadas que contemplaban los analistas

Más información: El BCE guarda la pólvora: mantiene los tipos en el 2% aunque avisa de subidas si la guerra de Irán se prolonga

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Las claves

El conflicto en Oriente Próximo y los ataques a infraestructuras energéticas han disparado los precios del petróleo y el gas, con el Brent superando los 119 dólares y el gas TTF alcanzando máximos.

La subida de los hidrocarburos ha provocado que los mercados descarten una guerra de corto recorrido y anticipen un escenario de estanflación, es decir, bajo crecimiento y alta inflación.

Las bolsas europeas y estadounidenses han registrado caídas notables tras los últimos ataques, con los inversores optando por estrategias defensivas y rotando hacia sectores energéticos y materias primas.

La política monetaria de la Fed y el BCE se mantiene prudente, pero ambos advierten de posibles cambios ante riesgos inflacionistas, dejando de ser un apoyo para los mercados y convirtiéndose en una restricción potencial.

La tercera semana de guerra en Oriente Próximo abre un nuevo escenario para los mercados. Lejos de entrever el final del conflicto, los últimos ataques del ejército israelí a infraestructuras energéticas clave han vuelto a cambiar la mentalidad de los inversores.

"Hemos entrado a uno de los escenarios más delicados que contemplaban los analistas", explica Antonio Castelo a EL ESPAÑOL-Invertia, analista de mercados de iBroker. El repunte de las materias primas energéticas es el gran culpable del giro de la narrativa.

Tras el ataque de Israel a South Pars, el mayor yacimiento de gas del mundo, el petróleo y el gas escalaban con fuerza. El crudo de calidad Brent, la referencia europea, avanzaba más de un 7% y fijaba un nuevo tope desde que empezó el conflicto en Irán: 119 dólares por barril.

El West Texas Intermediate, el petróleo de Estados Unidos, también notaba el golpe. El crudo se revalorizaba hasta llegar a los 100 dólares por barril.

El impacto en el precio del gas ha sido aún más notorio. En el mercado europeo, el gas TTF de Países Bajos fijaba un nuevo máximo desde que estalló la guerra en Irán al alcanzar los 69,17 euros por megavatio/hora.

Con estos nuevos movimientos —que recuerdan al inicio del conflicto—, la escalada del precio de los hidrocarburos por la guerra en Oriente Próximo se amplía. El crudo se ha revalorizado más de un 50% y el gas, más de un 90%.

Volviendo al nuevo capítulo, Castelo expone que ataques como el de South Pars acotan el temor del mercado a un conflicto energético: Ya no se habla de "geopolítica en abstracto" sino de "oferta, exportación, logística y riesgo inflacionista".

"Es un cambio de régimen" comenta Javier Molina, analista de mercados de eToro, a este diario. Además, él mismo sentencia que tiene un impacto potencial sobre la oferta energética global, por lo que "el mercado empieza a contar un escenario de estanflación".

Esta es otra de las claves de este cambio de narrativa. En las primeras previsiones, los analistas esbozaron diferentes escenarios en relación a la duración del conflicto y, sobre todo, a la magnitud del bloqueo energético.

Ahora, las últimas noticias que llegan desde Oriente Próximo marcan un importante punto de inflexión. A ojos de Manuel Pinto, analista de mercado de Xtb, el propio desarrollo de la guerra termina con las perspectivas que se tenían de un conflicto a corto plazo, aunque advierte de que todavía no se alcanza el peor escenario, sino una zona de estrés.

Las peores perspectivas llegarían con una interrupción energética prolongada, "que sí podría generar un shock más estructural", el mayor temor del mercado desde que empezó el conflicto hace 21 días.

Todo esto tiene efectos en la mentalidad de los inversores. El mercado interpreta el encarecimiento energético como un freno al crecimiento económico y un impulso adicional a la inflación. O lo que es lo mismo, crecen las previsiones de una tesitura de estanflación.

Las bolsas ya han empezado a reflejar esta actualización del relato. Tras el ataque del miércoles a South Pars, los parqués del Viejo Continente se giraron de manera clara hacia el rojo, postura que han mantenido en la sesión consecutiva.

Más de lo mismo al otro lado del charco. Wall Street cerraba en negativo en la sesión del miércoles y no ha dejado de ver pérdidas en el panel de su cotización desde entonces.

"Estamos viendo a los inversores entrar en modo pánico, vendiendo lo primero que pueden", añade el analista de Xtb. El capital que se queda sigue la rotación que se estaba viendo hasta el momento, siguiendo la estrategia defensiva.

Así, "caen los sectores más dependientes del ciclo y del consumo, mientras que energía y materias primas se ven beneficiadas", tal y como explica Pinto.

Sin embargo, las bolsas no solo están sufriendo el encarecimiento energético. También están cotizando la posición de los bancos centrales tras sus encuentros de esta semana.

La política monetaria

Ni la Reserva Federal de EEUU (Fed) ni el Banco Central Europeo (BCE) han movido sus tipos de interés. No obstante, las autoridades sí se han abierto a cambiar sus políticas monetarias.

En el caso de la Fed -y a pesar de que mantiene su previsión de un único recorte en 2026- Jerome Powell se mostró prudente y dijo que las decisiones en torno a las tasas se tomarán reunión tras reunión, con el ente muy atento a los riesgos que afecten a la inflación.

Más de lo mismo con el BCE. Su presidenta, Christine Lagarde, ha dejado claro este jueves que actuará de manera "ágil" en caso de que la inflación se descontrole. Desde Fráncfort mantienen su hoja de ruta de dos subidas de un cuarto de punto en 2026, aunque elevan sus previsiones de inflación en seis décimas, hasta el 2,6%.

Con este contexto también tienen que jugar las bolsas. "La política monetaria deja de ser un apoyo y vuelve a convertirse en una restricción potencial", señala Castelo. El analista también comenta que este cambio pesa más en los sectores más sensibles a los tipos y que esto explica las caídas en la renta variable europea.