Se depositan flores junto al retrato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, cerca de la Embajada de Irán en Moscú.

Se depositan flores junto al retrato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, cerca de la Embajada de Irán en Moscú. Efe

Mercados

La guerra en Irán encarece la energía y agita las bolsas pero las previsiones apuntan a un 'shock' limitado y sin recesión

El escenario central es el de un repunte acotado del petróleo y del gas, aunque ese guion puede saltar por los aires si el conflicto se prolonga.

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Las claves

La guerra en Irán ha provocado una subida significativa en los precios del petróleo y el gas, y ha generado caídas en las bolsas, aunque sin señales de pánico generalizado.

Analistas prevén un impacto relevante pero manejable mientras el conflicto no se prolongue ni bloquee el flujo de petróleo, descartando una recesión global por el momento.

El peor escenario contemplado sería un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, que podría disparar el precio del petróleo e impactar especialmente en Europa y Asia.

Por ahora, se espera un repunte limitado de la inflación y un crecimiento global algo lastrado, pero sin cambios drásticos en las previsiones económicas.

La guerra en Irán ha encarecido la energía y ha sacudido las bolsas. Los analistas hablan de una conmoción relevante, pero todavía manejable, y su supuesto central no contempla una recesión global mientras el conflicto no se prolongue ni bloquee de forma duradera el flujo de petróleo.

Por ahora, el crudo Brent, el de referencia en Europa, ronda los 77 dólares, tras subir alrededor de un 6%. A su vez, el gas TTF europeo supera los 44 euros por megavatio hora, con un alza cercana al 40%.

Se trata de niveles lejanos a los picos de otras crisis recientes, como la invasión rusa de Ucrania, más propios de un episodio intenso pero asumible.

Las principales bolsas han reaccionado a la nueva crisis geopolítica con caídas, aunque contenidas, con más castigo para aerolíneas y turismo y mejor tono en energía y defensa.

Mientras tanto, los refugios clásicos —dólar, deuda estadounidense u oro— han recuperado protagonismo, pero sin señales de pánico generalizado.

Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos militares en Irán, que han acabado con la vida del líder supremo Ali Jamenei, han llevado a Oriente Medio "de la tensión a una conmoción regional" y han reabierto el temor a una guerra más amplia.

Teherán ha respondido con misiles contra Israel y distintas bases estadounidenses, mientras crece el riesgo de contagio a otros países del Golfo.

Aun así, las grandes gestoras siguen asumiendo un escenario relativamente contenido.

Desde Lombard Odier subrayan que su caso central es el de una "escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo", en el que la guerra no se convierte en un conflicto regional prolongado ni en un bloqueo duradero de las exportaciones energéticas.

En Janus Henderson insisten en la misma idea al afirmar que "los precios actuales del crudo reflejan un conflicto limitado y de duración relativamente corta", más que una crisis energética prolongada.

Además, los analistas recuerdan que Asia y Europa llegan con reservas de crudo y gas relativamente holgadas y que existen rutas alternativas parciales para parte del petróleo del Golfo.

El papel de Estados Unidos en el conflicto está condicionado también por el calendario político. En noviembre se celebran las elecciones de mitad de mandato y Donald Trump ha convertido la inflación y el coste de la vida en uno de los grandes ejes de su mensaje.

El republicano ya se presentó en las elecciones presidenciales como el candidato capaz de domar los precios de la gasolina y de la cesta de la compra.

Con ese horizonte electoral por delante, la Casa Blanca tiene menos margen para asumir una escalada larga en Oriente Medio que vuelva a disparar los combustibles y erosione de nuevo el poder adquisitivo de los votantes.

Aunque no sea su hipótesis central, los analistas también dibujan el escenario en el que las cosas se tuercen.

El peor escenario

El verdadero punto de inflexión sería un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz o una oleada de ataques contra infraestructuras clave de petróleo y gas en el Golfo.

En Columbia Treadneedle advierten de que "un cierre prolongado [del estrecho] podría llevar el petróleo hacia los 100 dólares por barril y complicar la senda de los tipos de interés", especialmente en Estados Unidos.

Es en ese contexto más extremo en el que las consecuencias sobre la inflación, los márgenes empresariales y el poder adquisitivo de los hogares se volverían mucho más difíciles de absorber, sobre todo en Europa y Asia, muy dependientes de las importaciones energéticas.

En cualquier caso, en términos de crecimiento, el balance que hacen las gestoras es de cautela, no de pánico.

En Allianz Global Investors hablan de un "impacto significativo" que obliga a exigir una prima de riesgo más alta en los mercados, pero insisten en que, de momento, no ven una recesión directamente por la guerra.

Los analistas coinciden en que, por ahora, se trata de un bache fuerte, pero no de un cambio de ciclo. El conflicto encarece la energía y añade incertidumbre, pero mientras no derive en una crisis petrolera plena, el crecimiento global seguiría avanzando, aunque algo lastrado.

Lombard Odier es de las pocas gestoras que han puesto números sobre la mesa. En su guion de escalada limitada eleva su previsión de inflación de EEUU para 2026 al 2,6% y mantiene sin cambios la de crecimiento, en el 2,2% del PIB real.

Fuera de Estados Unidos, el golpe sería más acusado en Europa y en buena parte de Asia, mucho más expuestas al crudo y al gas que transitan por Ormuz.

El propio Banco Central Europeo (BCE) calcula que una subida del 10% en el precio del petróleo puede añadir alrededor de 0,4 puntos porcentuales a la inflación a través del componente energético, y otros 0,2 puntos, de forma más lenta, a través del resto de la cesta de la compra.

Traducido: un repunte acotado de la energía se convertiría en unas décimas más de inflación durante un tiempo, pero no bastaría por sí solo para desviar de forma drástica el actual guion de desinflación.

Por ahora, los analistas creen que el guardián del euro puede permitirse mirar más allá del repunte de la energía.

En Nomura consideran que los movimientos recientes "están lo suficientemente contenidos como para asegurar que el BCE no tome medidas reaccionarias a corto plazo".

En el caso de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el diagnóstico es similar. Lombard Odier mantiene su hoja de ruta de tres bajadas de tipos en 2026 pese al conflicto.

La guerra en Irán ha elevado la prima de riesgo geopolítica y ha devuelto volatilidad a los mercados, pero el balance provisional apunta a un sobresalto incómodo, no a un cambio de ciclo.

El crecimiento global podría resentirse ligeramente y la inflación tardar algo más en moderarse, aunque, salvo que el conflicto desemboque en una crisis petrolera plena con interrupciones prolongadas del suministro, los economistas no ven hoy la antesala de una nueva recesión mundial.

Por ahora, el supuesto central sigue siendo el de una escalada intensa, pero acotada.