El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, conversan al salir de una reunión bilateral en el Aeropuerto Internacional de Gimhae, en el marco de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de China, Xi Jinping, conversan al salir de una reunión bilateral en el Aeropuerto Internacional de Gimhae, en el marco de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). Reuters

Mercados

China mueve ficha en la guerra financiera: limita su inversión en deuda de EEUU para "erosionar su estatus de refugio"

Pekín acumula unos 680.000 millones en bonos estadounidenses y ahora pide a sus bancos que empiecen a reducir esa exposición de forma gradual.

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China ha dado un paso más en la gestión de su enorme exposición a la deuda de Estados Unidos. Pekín ha trasladado a la gran banca del país que frene las nuevas compras de bonos del Tesoro y que empiece a reducir, de forma gradual, las posiciones más abultadas.

Su objetivo es evitar una concentración excesiva de riesgo y protegerse frente a la volatilidad del mercado.

Esa decisión, adelantada por Bloomberg, añade presión al estatus de la deuda estadounidense como activo refugio y alimenta la guerra financiera entre las dos potencias.

Las instrucciones se han transmitido de forma verbal en las últimas semanas a grandes bancos y otras instituciones financieras chinas, sin fijar objetivos numéricos concretos ni un calendario detallado para los recortes.

La guía se centra, según el mismo medio de comunicación, en limitar nuevas compras de deuda del Tesoro y en adelgazar las carteras donde la exposición ya es muy alta.

Las reservas oficiales del Estado —gestionadas por el banco central y otros organismos— se mantienen al margen por ahora.

Antonio Castelo, analista de iBroker, resume el movimiento como “la formalización de una tendencia que ya veníamos viendo”.

Lo cierto es que China lleva más de una década reduciendo de forma gradual su inversión en bonos de Estados Unidos y diversificando reservas hacia otros activos y monedas.

Así, “más que un giro radical, es un movimiento técnicamente defensivo” que encaja en un proceso de fondo: reducir dependencia del dólar en un entorno geopolítico más tenso.

Diversificación prudente

Tras conocerse la orden de Pekín, la rentabilidad de los bonos estadounidenses ha repuntado. El interés ofrecido por el bono a 10 años ha rozado el 4,25% y el del 30 años, el 4,9%.

Al mismo tiempo, el índice que mide la evolución del dólar frente al resto de principales divisas del mundo llegó a perder un 0,7%.

La reacción apunta a que el mercado empieza a descontar que el estatus de refugio tanto de la deuda de EEUU como del propio billete verde puede verse, al menos, algo erosionado por este tipo de decisiones.

Según Castelo, el comportamiento del mercado encaja mejor en una lógica de gestión de riesgos que en un “pánico” contra la deuda de EEUU.

Lo que los reguladores han dicho a los bancos, explica, es básicamente: “Tenéis mucha exposición en un único activo, diversificad”.

Por tanto, el anuncio “pone negro sobre blanco una preferencia que ya era conocida: no seguir aumentando la apuesta en bonos estadounidenses”, más que cambiar de rumbo de forma abrupta.

Sobre el estatus de los bonos de EEUU como activo refugio, el analista es claro: “Sí, se está erosionando, pero lentamente y sin alternativa clara aún”. No habla de ruptura, sino de “pérdida gradual de hegemonía”.

Esa erosión paulatina del papel de refugio de la deuda estadounidense abre otra cuestión: ¿hasta qué punto puede China, por sí sola, desestabilizar este mercado?

El mercado de bonos del Tesoro de EEUU ronda los 30 billones de dólares en deuda negociable, de los cuales en torno al 30% está en manos de inversores extranjeros.

Dentro de ese porcentaje, China tiene unos 680.000 millones, la cifra más baja desde 2008 tras recortar más de un 10% solo en 2025. Es decir, Pekín representa algo más del 2% del stock total.

“Si la banca china reduce exposición, es un viento de cara adicional para la deuda estadounidense, pero no suficiente por sí solo para desestabilizar un mercado tan grande y profundo”, resume Castelo.

Eso sí, siempre que “el movimiento siga siendo gradual y no se convierta en una venta coordinada por parte de varios grandes tenedores al mismo tiempo”.

Castelo sí contempla un escenario de riesgo, que califica de poco probable: que China acelerase ventas en un momento de mucha oferta del Tesoro o de fuerte aversión al riesgo.

“Ahí sí podríamos ver repuntes bruscos de rentabilidades, tensiones de liquidez y, en última instancia, a la propia Reserva Federal actuando como estabilizador”, advierte.

Bonos como arma geopolítica

Manuel Pinto, analista de XTB, va un paso más allá en la lectura geopolítica.

En su opinión, “el uso de los bonos soberanos como instrumento de presión se está consolidando como una nueva normalidad”, en la que las amenazas o la posibilidad de vender deuda se convierten en palanca de negociación entre Estados.

Cuando los países insinúan o recurren a ventas masivas de bonos como herramienta de presión, el mercado deja de ser un simple canal de financiación eficiente y “pasa a convertirse en un campo de batalla”.

Todo ello erosiona muy rápido la confianza, verdadero respaldo de la deuda pública.

Además, Pinto recuerda que Japón, el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense, también está reajustando su papel.

Para muchos inversores locales resulta hoy más atractivo comprar deuda de su propio país que seguir desviando dinero a bonos de EEUU, lo que reduce su papel de “colchón” en las emisiones del Tesoro estadounidense.

Desdolarización estratégica

El economista José Manuel Marín Cebrián, fundador de Fortuna SFP, ve la reducción de exposición de China como “una reacción natural de supervivencia: nadie quiere ser el último en salir de un activo que pierde poder adquisitivo de forma estructural”.

No lo interpreta como un movimiento coordinado, sino como la lógica de un gran acreedor que percibe que el dólar se usa cada vez más como instrumento de política económica nacional.

A su juicio, ese giro, acentuado bajo la Administración Trump, ha llevado a muchos bancos centrales —desde los BRICS hasta potencias occidentales— a iniciar una “desdolarización estratégica”.

“El mensaje implícito es claro: el dólar ya no actúa como ancla neutral, sino como instrumento sujeto a la coyuntura política”, resume.

En paralelo, Marín advierte de que la deuda estadounidense afronta su propio límite aritmético.

Según los datos actualizados del Departamento del Tesoro, a 5 de febrero la deuda bruta estadounidense rozaba los 38,6 billones de dólares, unos 2,37 billones más que hace un año, lo que supone un ritmo de incremento en torno a los 6.500 millones diarios.

La ratio deuda/PIB ronda ya el 124%, niveles muy próximos a los que el país solo había visto en el pico de la pandemia o tras la Segunda Guerra Mundial.

El otro dato que empieza a inquietar a los mercados es el de los intereses. Los pagos netos por la deuda van camino de instalarse por encima del billón de dólares anual, una cifra que compite ya con partidas como el gasto militar o los grandes programas sociales.