Yen japonés.

Yen japonés. Europa Press

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Los fracasos del Banco de Japón con el yen: los últimos intentos de frenar las caídas no lograron fortalecer la moneda

La política monetaria japonesa choca con el diferencial de tipos de Estados Unidos, la fortaleza del dólar y la incertidumbre política en Tokio.

Más información: Los mercados, en vilo por los rumores de una intervención conjunta de la Fed y el Banco de Japón para salvar el yen

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Las claves

El yen japonés ha experimentado fuertes caídas desde 2022, pese a varias intervenciones del Banco de Japón y subidas de tipos de interés.

Las sucesivas compras de yenes y aumentos de tipos no han logrado fortalecer la divisa a largo plazo, que sigue mostrando una tendencia bajista.

La última subida del yen se atribuye a rumores de una posible intervención conjunta del Banco de Japón y la Reserva Federal estadounidense para frenar la depreciación.

Desde la primera gran intervención en 2022, el yen acumula una caída del 6,5%, situando en duda la eficacia de nuevas actuaciones.

El yen mantiene en vilo a los inversores. La moneda japonesa vive desde el viernes su particular subida tras los rumores de que la Fed pueda actuar junto al Banco de Japón para frenar la depreciación de la divisa.

La moneda nipona ha pasado de cambiarse por 158 dólares antes del fin de semana a hacerlo por 153 en la jornada de este lunes. En suma, el yen se apunta una subida del 2,94% desde el viernes, que sólo en este día fue del 1,73%, la mayor desde el 1 de agosto.

Estos movimientos han tenido una víctima clara: el dólar. El índice de la divisa estadounidense se ha depreciado un 1,35% desde el viernes, marcado mínimos desde mediados de septiembre.

¿Pero por qué tanta expectación ante una actuación sobre el yen? El Gobierno japonés ya ha intervenido en distintas y recientes ocasiones con el objetivo de aupar a su divisa, tradicionalmente débil frente a otros referentes.

La estrategia favorita para el Banco de Japón ha sido comprar moneda nacional, aunque en algunas ocasiones ha optado por subir los tipos. Sin embargo, todas estas maniobras se han quedado en parches que no han logrado cambiar el rumbo de la divisa a largo plazo.

Diversos intentos

Septiembre de 2022 fue el primer punto de inflexión en los recientes intentos del Gobierno nipón de fortalecer a su divisa. Tras la depreciación del yen hasta los 145 dólares al cambio, el Ministerio de Finanzas japonés intervino por primera vez en 24 años para intentar frenar la caída de la moneda.

En concreto, lo hizo mediante la compra de 2,84 billones de yenes —lo que serían 19.000 millones de dólares— aunque no logró corregir la tendencia de la divisa, que continuó su caída hasta los 150 dólares.

En una segunda intervención, y tan solo un mes después, el Ejecutivo nipón volvió a entrometerse en las andaduras de su moneda. Lejos de revertir su trayectoria, el yen había caído hasta su nivel más bajo desde 1990, y se cambiaba por 151 dólares.

En esta ocasión, el Gobierno japonés invirtió un total de 6,35 billones de yenes entre el 21 y el 24 de octubre.

Con más fortuna que en la primera intervención, el gasto consiguió alzar la moneda varias semanas, logrando mantener la tendencia hasta principios de febrero y soterrando la barrera de los 130 dólares al cambio.

La emoción volvió a ser contenida para la divisa. A finales de mayo caía por debajo de los 140 dólares, cifra sobre la que se movió durante cinco meses, aunque sin superar la cota del siguiente decimal.

Un año después de la primera intervención gubernamental —en octubre de 2023—, la moneda japonesa volvía a descender hasta alcanzar los 150 dólares, aunque lograba corregir sin sobrepasar la barrera de manera clara.

Ya inmersos en el 2024, a finales de marzo, esta barrera se rompe por completo y la divisa acentúa su desgaste. En este punto, el Banco de Japón rompe con su política monetaria pasiva e impone una subida de tipos de interés por primera vez en 17 años.

En concreto, lo hizo un leve 0,1%, insuficiente para que su moneda respirase. El yen continuó su descenso hasta alcanzar el techo de los 158 dólares el 26 de abril de 2024, firmando nuevos mínimos que no se veían desde hace 34 años.

Tres días después, el Gobierno iniciaba una nueva intervención de cara a contener la caída de la moneda. Dicha actuación sumaba hasta mayo una inversión de 9.790 billones de yenes, unos 62 millones de dólares.

Tampoco en ese periodo el yen lograba convencer, y aunque con algunos días de subidas, la moneda se llegaba a devaluar hasta el umbral de los 160 dólares a final de mayo.

Julio fue un mes clave para este entramado. Después de que la divisa marcase mínimos de 38 años al superar los 161 dólares, el Ejecutivo japonés volvía a hacer una gran inversión por valor de 20.000 millones de dólares en yenes.

Sumado a esto, el Banco de Japón subía los tipos un 0,25%. El conjunto de ambas actuaciones lograba aupar un 7% a la moneda desde que marcase mínimos y la dejaba respirar por debajo de los 150 dólares, aunque este alivio sólo le duraba hasta octubre.

Desde este mes y hasta mediados de febrero de 2025, el yen fluctuaba por encima de la cota de los 150 dólares. En marzo logró rebajar las caídas y empezó un periodo de ascenso hasta abril, llegando a alcanzar los 140 dólares.

Este periodo tampoco encarriló la esperanza sobre la moneda, que el pasado octubre volvía a ver su cambio por encima de los 150 dólares.

Sin frenar la tendencia a la baja y llegando a los 158 dólares a finales de diciembre de 2025, el Banco de Japón volvió a subir los tipos hasta el 0,75%, el nivel más alto desde 1995.

Tras una quincena algo más optimista, el pasado 9 de enero el yen revertía su tendencia y volvía a caer hasta el pasado jueves, cuando los rumores de nuevas intervenciones hacían subir a la divisa nipona.

En suma, el yen arrastra una caída acumulada del 6,5% desde la primera gran intervención del Gobierno de Japón en 2022. Este registro llevaría a pensar que una actuación actual no revertiría la tendencia de una moneda tradicionalmente debilitada.

Sin embargo, ahora los grandes interrogantes se centran en la principal característica de esta presunta acción: que se haga de manera conjunta con la Fed. La Reserva Federal estadounidense es una gran interesada en esta actuación al ser Japón uno de los mayores prestamistas del Gobierno de EEUU.

Por lo pronto, el Banco de Japón optó el pasado viernes por no tocar los tipos. La institución tomó la decisión en un período tenso para el país y mientras espera a la celebración de elecciones anticipadas el próximo 8 de febrero.