El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante su reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la Oficina Oval de la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante su reunión con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Reuters

Mercados

Trump revive el 'TACO trade' con Groenlandia pero las bolsas ya no pican con la deuda de EEUU sobre los 38 billones

El bono a 30 años ha rozado el 5%, algo que ocurría desde finales del pasado verano.

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Las claves

Donald Trump reavivó la amenaza de aranceles a Europa a propósito de Groenlandia, provocando volatilidad en los mercados.

La rentabilidad de los bonos estadounidenses repuntó con fuerza, superando el 4,3% en el bono a diez años, ante preocupaciones por la elevada deuda pública de EE.UU., que ya supera los 38 billones de dólares.

El patrón conocido como 'TACO trade' se repitió: amenaza inicial, caída en mercados y posterior rebote cuando Trump suavizó el discurso, aunque el impacto fue menos intenso que en ocasiones anteriores.

Crecen las dudas sobre si la UE podría usar la deuda estadounidense como herramienta de presión; sin embargo, los analistas consideran improbable una venta masiva, ya que la mayoría de los bonos está en manos privadas y una liquidación dañaría a los propios inversores europeos.

Esta semana los mercados han vivido un déjà vu. Trump volvió a amenazar a Europa con nuevos aranceles a propósito de Groenlandia, desatando un susto en las bolsas.

La reacción fue aún más visible en la deuda: las rentabilidades de los bonos repuntaron con fuerza, especialmente los de Estados Unidos, un país que ya acumula más de 38 billones de dólares de pasivo público.

Pocas horas después de comunicar su amenaza, el republicano rebajó el tono y empezó a hablar de un “marco de acuerdo” para la isla ártica.

El guion se parece demasiado al de otros episodios recientes como para sorprender ya a unos inversores que prestan cada vez menos atención a las amenazas de la Casa Blanca y cada vez más a la factura de la deuda de Estados Unidos.

Ese patrón —amenaza, susto en mercado y posterior marcha atrás— tiene nombre en Wall Street: el TACO trade. Son las siglas de “Trump Always Chickens Out”, algo así como “Trump siempre recula”.

En resumen, el mercado asume que Trump primero lanza una amenaza fuerte, provoca caídas y tensión, y después recula, lo que suele acabar en rebote de las bolsas.

La crisis de Groenlandia encaja perfectamente con esta secuencia.

Primero, la amenaza de aranceles a varios países europeos. Después, caídas en las bolsas y huida a los activos refugio –como el oro y la plata–, mientras en el mercado de bonos los inversores aprovechan para vender deuda estadounidense y exigen tipos más altos, es decir, mayores rentabilidades para seguir prestando dinero a Washington.

Esa reacción se vio con claridad en los tramos largos del Tesoro. El mercado de deuda estadounidense registró su peor sesión en seis meses y la rentabilidad del bono a diez años superó el 4,3%. Alcanzó su nivel más alto desde septiembre.

El bono a 30 años rozó el 5%, algo que no se veía también desde finales del pasado verano. Cuando sube la rentabilidad de un bono es porque su precio cae, y eso significa que el Estado tiene que pagar más intereses para colocar la deuda.

Cuando la Casa Blanca empezó a hablar de “diálogo” y “buen entendimiento” sobre Groenlandia, el mercado se giró.

La renta variable rebotó con fuerza en Estados Unidos y Europa, la volatilidad se redujo y parte del repunte de las rentabilidades de los bonos se esfumó.

El TACO trade se daba de nuevo, pero con un matiz importante: el movimiento en los mercados fue menos violento que en otras crisis comerciales propiciadas por Trump.

Ese detalle es clave. Cada vez que el republicano repite el patrón, el mercado lo descuenta mejor. El susto inicial dura menos, las caídas tienden a ser más contenidas y el rebote posterior resulta menos espectacular.

Si los inversores asumen que el republicano siempre acabará reculando, el castigo en mercado por cada amenaza es menor. Y eso reduce el coste político inmediato de sus anuncios.

En esta crisis de Groenlandia, el aviso más serio no ha venido de la bolsa, sino del mercado de deuda.

La venta de bonos del Tesoro y el repunte de sus rentabilidades se leen en clave de preocupación por las finanzas públicas de Estados Unidos.

Según los datos actualizados del Departamento del Tesoro de EEUU, a 21 de enero, la deuda bruta alcanzaba los 38,43 billones de dólares, unos 2,25 billones más que hace un año. El ritmo de incremento es de unos 8.000 millones de dólares al día.

Si se compara con el tamaño de la economía, la foto es igual de incómoda. La ratio deuda/PIB ronda el 124%, niveles muy próximos a los que el país sólo había visto en el pico de la pandemia o tras la Segunda Guerra Mundial.

El otro dato que empieza a inquietar a los mercados es el de los intereses. Los pagos netos por la deuda van camino de instalarse por encima del billón de dólares al año, una cifra que compite ya con partidas como el gasto militar o los grandes programas sociales.

Con los tipos de interés todavía en niveles elevados a pesar de los últimos recortes de la Reserva Federal, cada subasta del Tesoro mide hasta dónde llega la paciencia de los inversores para seguir financiando a Washington.

¿Europa venderá?

En Europa, la reacción al episodio de Groenlandia ha sido doble. Por un lado, las principales bolsas han seguido, aunque de forma más tenue, el comportamiento Wall Street

Por otro, crecen las preguntas sobre hasta qué punto la Unión Europea (UE) podría usar la deuda estadounidense como palanca de presión en una hipotética escalada con Trump.

Los analistas de Scope Ratings enfrían esa hipótesis. Una venta y reequilibrio de reservas “sería gradual y poco probable como resultado de un acto legislativo o de la persuasión moral de las autoridades de la UE” frente a unas represalias de Trump, advierten.

Una de las razones que desincentivan una venta masiva es quién tiene en realidad esos bonos. La mayoría de las tenencias no están bajo el control de los gobiernos, sino de inversores privados.

A noviembre de 2025, buena parte de los bonos estadounidenses en manos europeas se concentraban en grandes centros financieros como Reino Unido, Luxemburgo, Irlanda o Suiza, además de Francia y Alemania.

El incentivo de esos inversores es justo el contrario a una liquidación: desprenderse de grandes volúmenes en poco tiempo hundiría los precios y dañaría el valor de sus propias carteras.

Además, el golpe sería compartido. Una venta agresiva encarecería también la financiación europea y podría fortalecer el euro, algo que dañaría a las economías más abiertas y exportadoras del continente.

A escala global, una retirada coordinada y brusca de deuda estadounidense probablemente generaría volatilidad, ampliaría diferenciales y afectaría a la liquidez en los mercados, obligando a los grandes bancos centrales a intervenir.