Parque eólico marino de Iberdrola.
Videopodcast: la eólica flotante en Canarias mira al Gobierno para que convoque las primeras subastas, decisión que no llega
Corriente Continua desvela la preocupante situación energética de Canarias.
La descarbonización del archipiélago depende de las subastas de eólica marina.
Más información: Los más de 1.500 millones de sobrecoste de la electricidad en Canarias se ahorrarían con subastas de eólica marina
Si uno piensa en Canarias, probablemente imagina playas, sol y viento. Mucho viento. Sin embargo, en pleno proceso de transición energética, el archipiélago se enfrenta a una paradoja: le sobra recurso renovable, pero le falta espacio.
La presión sobre el territorio —con casi 2,5 millones de habitantes, 18 millones de turistas anuales y una limitada superficie disponible— ha convertido el suelo en un bien escaso.
Entre áreas protegidas, actividad agrícola y desarrollo turístico, las opciones para desplegar renovables terrestres se estrechan. El diagnóstico es compartido: para descarbonizar su sistema eléctrico, Canarias tendrá que mirar al mar.
Esa es la premisa que sobrevuela el debate sobre la eólica marina flotante, una tecnología llamada a convertirse en la pieza clave del futuro energético insular. Y también el eje de un creciente consenso político, empresarial y social que choca, sin embargo, con un bloqueo decisivo: la falta de subastas por parte del Gobierno central.
“El análisis es claro: en islas como Gran Canaria o Tenerife no tenemos espacio suficiente en tierra para alcanzar los objetivos de descarbonización”, explica Julieta Schallenberg, viceconsejera de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias. “Si no miramos al mar, no vamos a poder cumplir ni el objetivo del 58% renovable en 2030 ni el 100% en 2040”.
El archipiélago ha explorado prácticamente todas las alternativas: impulso a las cubiertas fotovoltaicas, desarrollo de la agrivoltaica, simplificación administrativa y aprovechamiento de superficies ya antropizadas. Pero incluso con ese esfuerzo, el margen es insuficiente.
La eólica marina flotante emerge así como la única opción viable a escala comercial en el corto y medio plazo.
Una oportunidad industrial… y estratégica
Desde el sector eólico, la visión es coincidente, pero añade un matiz clave: Canarias no solo necesita esta tecnología, sino que puede convertirse en el punto de partida de toda una nueva industria en España.
“Estamos ante un mercado piloto, pero estratégico”, señala Juan Virgilio Márquez, consejero delegado de la Asociación Empresarial Eólica (AEE). “Si España no entra ahora en la eólica marina flotante, la cadena de valor se desarrollará en otros países”.
Reino Unido, Francia o Noruega ya han lanzado subastas y avanzan posiciones en una carrera tecnológica que definirá el futuro energético europeo. España, pese a contar con recurso, capacidades industriales y experiencia en renovables, sigue sin activar el mecanismo clave: un marco retributivo que permita viabilizar las inversiones.
Porque, a diferencia de la eólica terrestre, la marina —y especialmente la flotante— aún no puede sostenerse sin apoyo público. “Sin subastas no hay parques”, resume Márquez. Y sin parques, no hay industria.
El calendario tampoco juega a favor. Incluso si las subastas se lanzaran en 2026, los primeros proyectos no estarían operativos hasta 2033 o 2034. Cada año de retraso amplía la brecha con otros mercados y posterga tanto los beneficios energéticos como los económicos.
El coste de la inacción
El retraso tiene además implicaciones directas sobre el sistema energético canario, altamente dependiente de combustibles fósiles. Generar electricidad en las islas sigue siendo significativamente más caro que en la península, con costes que rondan los 200 euros por megavatio hora.
“Estamos hablando de un sistema que cuesta en torno a 1.500 millones de euros al año”, apunta Francisco Méndez, miembro de Comisiones Obreras de Industria. “La eólica marina no solo reduce emisiones, también abarata la energía y mejora la competitividad económica”.
Según sus estimaciones, con unos 2.000 MW de eólica marina y sistemas de almacenamiento, Canarias podría alcanzar un sistema eléctrico prácticamente 100% renovable. Un hito sin precedentes a escala global.
A ello se suma el impacto en empleo y actividad industrial. La construcción, operación y mantenimiento de parques eólicos flotantes generaría miles de puestos de trabajo, muchos de ellos cualificados y estables. Los puertos canarios, con experiencia en operaciones offshore, están bien posicionados para convertirse en hubs logísticos y de ensamblaje.
“Es una oportunidad para diversificar la economía y desarrollar industria en Canarias”, subraya Schallenberg. “Y también un proyecto de país, porque gran parte de la cadena de valor estaría en la península”.
Consenso local, decisión pendiente
Uno de los elementos más llamativos del caso canario es el amplio consenso social. A diferencia de otros territorios, donde la eólica marina genera oposición, en el archipiélago existe una alineación poco habitual entre administraciones, empresas, sindicatos y sectores económicos.
El turismo, clave en la economía insular, no percibe la tecnología como una amenaza. Los parques estarían ubicados lejos de la costa y, en cualquier caso, el perfil del visitante —en gran parte procedente del norte de Europa— está familiarizado con este tipo de infraestructuras.
Tampoco el sector pesquero se posiciona en contra. El modelo de pesca artesanal canario permite, según el Gobierno autonómico, compatibilizar la actividad con los parques eólicos. Experiencias piloto como la de Plocan sugieren incluso un efecto positivo sobre la biodiversidad y las capturas.
Con este contexto, la pregunta se repite entre todos los actores: ¿por qué no se ha lanzado ya la subasta?
“No hay una explicación técnica ni lógica”, afirma la viceconsejera. “Puede haber factores políticos o territoriales, pero la realidad es que estamos perdiendo tiempo”.
Desde el sector se apunta a posibles tensiones entre comunidades autónomas, ciclos políticos o presión de grupos contrarios al desarrollo. Pero el resultado es el mismo: una decisión que no llega.
Mientras tanto, el reloj corre. Canarias espera convertirse en banco de pruebas de la eólica marina flotante en España. Una subasta piloto, adaptada a sus singularidades, permitiría testar el modelo y sentar las bases para su despliegue en otras regiones.
“Es una oportunidad de oro”, concluye Márquez. “Y no podemos permitirnos dejarla pasar”.
Porque en Canarias el viento ya está. Solo falta que alguien abra la puerta.