Gin-tonic en un bar.

Gin-tonic en un bar.

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Un gin-tonic a 12 euros en la sobremesa de la comida y a 8 en la barra a las 22 h: la hostelería ‘tira’ de precios dinámicos

Esta fórmula, copiada de aerolíneas y hoteles, busca rentabilizar al máximo su negocio en horas valle y de baja demanda.

Más información: El menú del día en los bares, en peligro de extinción por el 'Listo para comer' de Mercadona, la inflación y cambios de hábitos

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Las claves

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La hostelería española adopta precios dinámicos ajustando tarifas según la demanda y los recursos disponibles.

Un mismo producto, como un gin-tonic, puede costar 12 euros en la sobremesa y 8 euros por la noche en la barra.

Esta estrategia busca maximizar la rentabilidad y gestionar mejor los costes laborales y energéticos.

La práctica es legal siempre que se informe con transparencia y se actualicen las cartas de precios ante cada cambio.

La hostelería no para de transformarse y reinventarse. Tanto que en los últimos tiempos se han abonado a los famosos precios dinámicos que tanto usan aerolíneas y hoteles para fijar sus tarifas en función de la oferta y la demanda y, en su caso, de los recursos con los que cuenta el establecimiento en cada momento.

Eso implica que un restaurante decida cobrar más por cenar un sábado, que siempre hay más demanda que un lunes, que reservar la mesa con vistas al mar tenga un precio mayor o que las copas de sobremesa de la comida sean más caras que a las 22 horas cuando el negocio tiene más camareros para atender.

Pero también puede pasar que el precio del café o de la cerveza sea más barato a las 11 horas de la mañana, cuando hay menos gente en los establecimientos y, por tanto, menos demanda.

Es lo que se conoce ahora como precios dinámicos, aunque los hosteleros prefieren llamarlo “ventas dinámicas”.

“No se trata de bajar y subir precios, sino de buscar al máximo la rentabilidad del negocio en horas valle y de gestionar el negocio de manera profesional”, señala a este periódico José Luis Álvarez Almeida, presidente de Hostelería de España.

También es una manera de hacer frente a los elevados costes a los que tiene que hacer frente un negocio, como los laborales o energéticos que se han disparado.

“No es lo mismo una copa de sobremesa larga tras una comida o cena, que cuentas con menos camareros, que si te la tomas en la barra del bar a las 22 horas”, señala.

Un camarero en un bar de Cádiz capital.

Un camarero en un bar de Cádiz capital. Europa Press

Por ejemplo, un gin-tonic en la sobremesa puede costar 12 euros, pero en la barra por la noche, la misma copa son 8 euros.

Otra opción que se está llevando a cabo es quitar los platos menos rentables (por ser más elaborados y requerir más tiempo de preparación) en momentos de alta afluencia.

El principal beneficio de esta tendencia para el dueño del local es el incremento de ingresos. Obtiene mayores beneficios en los momentos de mayor afluencia y cubre los gastos en los momentos con menor clientela.

También mejora su competitividad frente a rivales y le permite hacer una gestión eficiente del inventario.

Con ello se puede reducir el desperdicio alimentario y optimizar su planificación de compras.

Por el contrario, la principal desventaja es que puede provocar confusión y reacciones negativas entre los consumidores si no se informa con transparencia. “El público tiene que saber cuánto cuesta la fabada aunque cambie de precio ese día”, indica José Luis Álvarez.

¿Es legal?

La gran pregunta es si es legal este tipo de prácticas. Y la respuesta es que sí.

“Hay libertad en ese sentido, lo único que tiene que haber es absoluta transparencia”, indica Rubén Sánchez, secretario general y portavoz de Facua.

Es decir, “con cada cambio tienen que publicar la nueva carta y no pueden hacer una campaña publicitaria por buzoneo, por ejemplo, si van a modificar los precios”.

Y, según la patronal, es necesario tener un programa de gestión y una lista de precios digitales.

De moda

Se trata de una tendencia o moda que podemos ver con más asiduidad ahora. De hecho, hace poco el chef Dani García defendía la implantación de los precios dinámicos en la hostelería con la idea de cobrar menos en días tranquilos y más en fines de semana.

Si bien es cierto, hay que recordar que en hostelería siempre ha existido la happy hour, especialmente en el servicio de bebidas alcohólicas.

Se trata de un horario en el que los precios son más bajos. Aunque las materias primas y la mano de obra son las mismas, el establecimiento baja sus precios para aumentar la ocupación del local en una franja horaria en la que las mesas estarían vacías.

En este sentido, los precios o ventas dinámicas son parecidos al happy hour, sólo que adaptados a los hábitos de consumo de hoy en día.

Para la patronal de hostelería cualquier hostelero que inicie su actividad tiene que tener este tipo de gestión de ventas dinámicas.

Pero no es apto para todo tipo de negocios. “Es mejor aplicarlo en establecimientos de gran capacidad y en el que haya mucho paso de turistas”, dice el presidente de Hostelería de España.

No es válido, por tanto, para bares de barrio de toda la vida. “Es complicado subir el precio de 2,5 euros a 3 euros la caña de cerveza un sábado si ese cliente también se la toma entre semana”, detalla.