Grandes fondos de pensiones, gestoras de inversión, aseguradoras… la gran banca europea necesita como agua de mayo el apoyo de los inversores institucionales en un momento en el que los intentos de recuperación bursátil de las últimas semanas no garantizan que lo peor para el sector haya pasado ya. Es más, la decisión de las principales agencias de rating de mantener en perspectiva negativa a muchos bancos europeos puede poner en riesgo la recuperación total de la confianza de estos inversores, clave para el capital de las entidades cotizadas.

Noticias relacionadas

“Muchos grandes fondos han hecho movimientos en su exposición a la banca europea a raíz de la pandemia y, pese a los bajos precios que pueden suponer una oportunidad, han preferido esperar a los resultados del segundo trimestre para empezar a tomar decisiones”, indican desde una gestora nacional.

Del mismo modo, creen que no se debe poner el foco en los resultados del primer semestre en sí, sino en las previsiones que los directivos bancarios realicen sobre la evolución de su negocio de aquí a final de año y, sobre todo, de cómo impacten estas expectativas en los rating del sector.

Un factor clave, el de la calificación crediticia, en el que los grandes inversores basan buena parte de su estrategia. Es cierto que el rating de los bancos tendría que bajar varios escalones para llegar al extremo de que se produzca una huida en este sentido.

Pero los avisos de las agencias son tenidos muy en cuenta por estos accionistas que durante los meses de agosto y septiembre suelen preparar las carteras de cara a la recta final del año. Y cualquier nuevo toque de atención por parte de estas firmas puede ser suficiente para romper los límites establecidos en las estrictas normas de los folletos de estos fondos, que prohíben de forma expresa la inversión en compañías, incluidos los bancos, que no cuenten con la ‘nota’ adecuada.

Perspectiva negativa

Según un reciente análisis de S&P, el 46% de los bancos europeos que la agencia de calificación crediticia vigila en su cartera tienen ahora perspectiva negativa, lo que deja abierta la puerta a una posible rebaja de su nota en el futuro. Antes de la pandemia, ese porcentaje apenas alcanzaba el 14%. En el caso de Fitch, y solo entre enero y abril, llevó a cabo 141 rebajas de rating en el sector financiero, superando así las 111 que se realizaron durante todo el pasado año.

La agencia ya rebajó en marzo de ‘estable’ a ‘negativa’ la perspectiva de los ratings de Banco Santander, Caixabank, Kutxabank y Liberbank, entre otros, mientras que colocaba en vigilancia negativa a BBVA, Sabadell, Bankia, Unicaja, Ibercaja y Abanca. En el caso de BBVA, la entidad sacó la tijera en junio rebajando de 'A-' a 'BBB+', todavía dentro del grado de inversión.

Movimientos en la pandemia

Los institucionales están muy pendientes para moverse en el sector en los próximos meses. Algunos grandes fondos como BlackRock ya lo han hecho dejando de ser accionistas de referencia de Sabadell. Pero también ha habido muchos movimientos de compras en otras entidades como la propia Sabadell, Bankia, Bankinter, Unicaja o Liberbank, donde los grandes inversores han aprovechado los bajos precios para aumentar posiciones.

Las previsiones para la recta final del año serán clave para que los bancos mantengan este apoyo, conscientes de que, sin el de las agencias de rating, será un objetivo complicado. Para ir allanando el terreno y por lo que pueda pasar, las principales entidades españolas llevan tiempo manteniendo reuniones con inversores institucionales para trasladar un mensaje de calma frente a la crisis.

Fuentes del sector confirman que la evolución de la morosidad sigue siendo lo que más preocupa a este colectivo que en los últimos años ha ido ganando peso en la base accionarial de los bancos, alcanzando cifras superiores al 60% del capital en Santander, cercana al 28% en Bankia (excluyendo el 61,8% de BFA), el 64,2% en CaixaBank. En el caso de Sabadell la cifra se reparte prácticamente al ‘50-50’ entre institucionales y minoristas.

Más ajustes de aquí a final de año

“2020 representará un nuevo pico de rebajas de rating anuales y hay probabilidad de más recortes en lo que resta de año y en 2021”, advierte Fitch en su informe. El problema es que detrás de este brusco ajuste no está solo la situación de partida de los bancos para enfrentarse a la crisis, que desde el sector, los reguladores e incluso las tres principales agencias de rating han defendido como mucho más sólida que la de la anterior crisis financiera.

La gran duda llega sobre cómo será la evolución económica en la región y, si cualquiera de las tres entidades rebaja la calificación de un país ante la contracción que se espera, los bancos serán los siguientes en sufrir el recorte, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones.

La preocupación se extiende más allá de Europa en el caso de, por ejemplo, Santander y BBVA, por la fuerte exposición de ambas entidades a economías emergentes como Brasil y México, duramente golpeadas por la crisis económica derivada del coronavirus. En los últimos meses, no ha habido informe de analista o de agencia de rating sobre el sector que no mencione este riesgo para los dos bancos.

Atentos a los resultados

En este entorno, y a tenor de lo que ha ocurrido con la banca en EEUU, el consenso del mercado coincide en que los resultados del segundo trimestre en Europa destaparán nuevos aumentos en las pérdidas crediticias esperadas, ante unas perspectivas económicas que, según explica Fitch en un reciente informe, “se han debilitado de forma sustancial desde la publicación de resultados del primer trimestre”.

Entidades como Deutsche Bank en Alemania, Unicredit en Italia, Société Générale en Francia y BBVA en España ya presentaron pérdidas en el primer trimestre como consecuencia del aumento de provisiones para hacer frente a la pandemia. Y no se descarta que nuevos bancos se sumen a esta ‘lista negra’ en sus resultados de abril a junio.

Es cierto que la rápida y contundente actuación de los bancos centrales y la propia situación de partida de liquidez y solvencia del sector supone cierta red de seguridad frente a los recortes de rating, igual que la decisión de suspender o retrasar dividendos para preservar el capital.

Sin embargo, esa red es demasiado frágil y podría romperse en cualquier momento si las previsiones macroeconómicas y, sobre todo, de morosidad, son peores de lo esperado y llegan a dañar el capital, la ratio que, por otro lado, ha sido siempre el punto de referencia de los institucionales para marcar en qué nivel están cómodos con su inversión en el sector.