Varios tractores durante una protesta contra el acuerdo UE-Mercosur en Valencia.

Varios tractores durante una protesta contra el acuerdo UE-Mercosur en Valencia. Europa Press

Macroeconomía

Empieza la era UE-Mercosur: Europa planta cara a China con un tratado que impulsa el PIB español pero castiga al campo

El acuerdo entra en vigor este 1 de mayo a pesar del rechazo de cinco países europeos y de las masivas tractoradas que denuncian 'la muerte del campo'.

Más información: La Unión Europea pisa el acelerador frente a Trump y China con un acuerdo de libre comercio con Australia

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Las claves

Las claves

El acuerdo comercial entre la UE y Mercosur entra en vigor el 1 de mayo, creando una de las mayores zonas de libre comercio del mundo.

España se encuentra entre los principales beneficiados, con previsiones de aumento del PIB, creación de empleo y crecimiento de exportaciones industriales.

El sector agrario europeo protesta por la competencia con productos importados bajo estándares medioambientales y sanitarios más laxos.

El tratado busca frenar la hegemonía comercial de China en Sudamérica y garantizar a Europa el acceso a materias primas clave para su transición ecológica.

Este 1 de mayo marca un punto de inflexión en la historia comercial global con la entrada en vigor del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el núcleo del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay).

Tras más de un cuarto de siglo de complejas negociaciones, Bruselas ejecuta un movimiento geopolítico defensivo clave para frenar el avance hegemónico de China en América Latina.

Para España, el tratado representa una palanca de crecimiento que, en un horizonte de quince años, promete elevar su producto interior bruto (PIB) un 0,23%, crear más de 22.000 empleos y disparar las exportaciones de su industria.

Sin embargo, el entusiasmo gubernamental y empresarial choca de lleno con la cruda realidad rural.

El sector agrario europeo y nacional se ha levantado en armas contra una apertura comercial que, según denuncian, les condena a la ruina al forzarles a competir bajo estándares medioambientales y sanitarios mucho más laxos.

¿En qué consiste Mercosur?

En esencia, el tratado crea una de las mayores zonas de libre comercio del planeta, conectando a más de 700 millones de ciudadanos a ambos lados del Atlántico.

Su objetivo central es derribar barreras arancelarias históricas. La UE eliminará progresivamente los impuestos aduaneros para el 92% de las importaciones provenientes del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano hará lo propio con el 91% de los productos europeos.

Agricultores durante la concentración 'No a Mercosur. En Defensa de la Soberanía Alimentaria. Por una PAC más fuerte' en Valencia.

Agricultores durante la concentración 'No a Mercosur. En Defensa de la Soberanía Alimentaria. Por una PAC más fuerte' en Valencia. Europa Press

Pero el pacto va mucho más allá del mero intercambio de mercancías.

Por primera vez, las empresas europeas podrán participar en igualdad de condiciones en grandes contratos de licitación pública para infraestructuras en países como Brasil y Argentina, al tiempo que se establece un marco legal previsible para proteger e impulsar las inversiones transatlánticas.

Una Europa fracturada

Pese a la magnitud del hito, la tensión social ha partido por la mitad a la propia Unión Europea. El acuerdo entra en vigor a pesar de la firme negativa de cinco países en la decisiva votación del pasado 9 de enero en el Consejo de la UE.

El tratado salió adelante al aprobarse por mayoría cualificada, impulsado por el voto a favor de 21 países —con España, Alemania e Italia a la cabeza— frente al bloque disidente formado por Francia, Irlanda, Austria, Polonia y Hungría. Bélgica se abstuvo.

Para sortear un posible bloqueo futuro en los parlamentos nacionales de estos países opositores, la Comisión Europea empleó una estrategia jurídica conocida como splitting o división.

Al separar la parte puramente comercial (el Acuerdo Interino de Comercio) del tratado político general, y al ser el comercio una competencia exclusiva comunitaria, Bruselas solo necesitó el visto bueno del Consejo de la UE para aplicar el pacto de forma provisional.

Pero el acuerdo nace en pruebas. El Parlamento Europeo ha pedido al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) que revise su legalidad, lo que retrasa la ratificación definitiva entre 16 y 18 meses. La sentencia se espera para mediados de 2027.

Mientras los jueces deliberan, la bajada de aranceles en aduanas ya es una realidad. En la práctica, entran en juego enormes reducciones fiscales para la industria europea, mientras que la agricultura sudamericana accederá mediante cuotas anuales cerradas para toda la UE.

Destacan la entrada de 99.000 toneladas de carne de vacuno con un arancel reducido del 7,5%, y 180.000 toneladas tanto de pollo como de azúcar con arancel cero.

Para amortiguar el golpe a los ganaderos, se blindan ciertos productos "hipersensibles" europeos a los que no se les bajará el arancel, como algunos tipos de cordero, trigo y nata. Además, 344 indicaciones geográficas europeas quedan totalmente protegidas contra falsificaciones o imitaciones en Sudamérica.

El tablero geopolítico

Desde una perspectiva exterior, este tratado se lee como un movimiento defensivo por parte de Bruselas. En los últimos años, China se ha consolidado como el principal socio comercial de Brasil y gran parte de Sudamérica, absorbiendo masivamente su producción de minerales y soja.

Para la Unión Europea, frenar la creciente hegemonía china es una cuestión de pura autonomía estratégica en un tablero global cada vez más disputado.

Al redefinir sus alianzas en América Latina, Bruselas no solo busca contener el avance de Pekín, sino que con este pacto también obtiene una enorme ventaja competitiva frente a otras potencias como Estados Unidos.

Al adelantarse a ambos rivales comerciales, Europa se garantiza un acceso prioritario a materias primas críticas imprescindibles para su transición ecológica, como el litio y el cobre.

Realmente, el interés por firmar el acuerdo es mutuo. Para Mercosur, depender casi en exclusiva de las compras de China genera la inquietud de perder su tejido industrial y quedar relegado a ser la simple despensa de materias primas de Asia.

Esta urgencia por diversificar socios en un momento de alta volatilidad con Estados Unidos explica que líderes regionales con visiones tan opuestas, desde el argentino Javier Milei hasta el brasileño Lula da Silva, hayan remado a favor de la alianza.

España, entre los mayores beneficiados

A nivel macroeconómico, España se sitúa entre los mayores beneficiados debido a que su exposición comercial a la región duplica la media comunitaria.

Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, además del mencionado impacto en el PIB y el empleo, las empresas españolas ahorrarán unos 500 millones de euros anuales en aduanas.

El tratado modifica sustancialmente el marco arancelario para las exportaciones industriales españolas. En concreto, desaparece el arancel del 35% aplicado a la automoción y al calzado de cuero premium, y se suprimen las barreras de hasta el 18% para los sectores químico y farmacéutico.

Se espera que las exportaciones nacionales crezcan un 37%, con repuntes espectaculares hacia Argentina (+66%) y Brasil (+23,46%).

Asimismo, España —que es el principal productor de piensos de la UE con 29 millones de toneladas— se garantiza un flujo de soja barata fundamental para sostener a sus granjas.

A escala comunitaria, las previsiones reflejan un impacto macroeconómico de gran magnitud. Se estima que, para el año 2040, este tratado comercial añadirá unos 77.600 millones de euros al PIB de la UE.

Además, el conjunto de las empresas europeas experimentará un enorme ahorro directo, estimado en unos 4.000 millones de euros anuales en derechos de aduana.

Esta drástica reducción fiscal servirá de palanca para aumentar las exportaciones globales de la UE hacia el Mercosur en un 39%, lo que se traduce en un volumen de negocio de aproximadamente 48.700 millones de euros adicionales.

La rebelión del campo

Esa euforia exportadora contrasta drásticamente con la calle, donde el campo español percibe el tratado como una amenaza letal para su supervivencia.

Durante el "Súper Jueves" del pasado enero, más de 25.000 agricultores y 15.000 tractores colapsaron vías estratégicas en todo el país. En febrero, Madrid vio desfilar tractores con ataúdes que simbolizaban "la muerte del campo", y enclaves como el puerto de Tarragona sufrieron fuertes bloqueos.

El grito unánime de los agricultores es la imposición de cláusulas espejo.

Este mecanismo obligaría a que los alimentos importados del Mercosur cumplan exactamente las mismas y estrictas normativas sanitarias, medioambientales y de bienestar animal que exige la ley europea.

Un horizonte dividido

Más que un simple acuerdo de libre comercio, el 1 de mayo de 2026 inaugura una alianza moldeada por la incertidumbre geopolítica.

En un contexto de conflictos internacionales y mercados fragmentados, Europa ha optado por el pragmatismo para no perder la batalla comercial frente a la hegemonía de China y Estados Unidos en América Latina.

Pero este escudo frente al exterior ha abierto una profunda fractura interior. Mientras que para la industria española representa el gran salto para modernizar su tejido productivo, para el campo es una amenaza letal frente a la falta de reciprocidad.

Con la justicia europea aún deliberando en los despachos y los tractores resistiendo en el asfalto, el comercio ya ha comenzado a fluir.

Europa se enfrenta ahora a su mayor encrucijada: demostrar que su expansión geoestratégica e industrial es compatible con la supervivencia de su agricultura familiar.