Jerome Powell, presidente de la Fed y Christine Lagarde, presidenta del BCE.

Jerome Powell, presidente de la Fed y Christine Lagarde, presidenta del BCE. Europa Press

Macroeconomía

La encrucijada del BCE y la FED: subir o no los tipos para frenar el alza de precios que se avecina por la guerra en Irán

El mercado descarta que las instituciones financieras den giros en su política monetaria, pero anticipa tensión por el contexto geopolítico.  

Más información: Bruselas rechaza reanudar las compras de energía rusa y avisa: "No volveremos a importar ni una molécula"

Publicada

Las claves

La guerra en Oriente Próximo presiona a la FED y el BCE para definir su política de tipos ante el aumento de precios y la volatilidad económica global.

Se prevé que tanto la Reserva Federal de EE.UU. como el Banco Central Europeo mantengan los tipos de interés sin cambios en sus próximas reuniones.

El encarecimiento del petróleo y los combustibles por el conflicto agrava la inflación y complica las decisiones monetarias, especialmente en Europa, más vulnerable al alza energética.

Ambas instituciones adoptan una postura de prudencia, centrando la atención en sus mensajes sobre el impacto geopolítico y la evolución económica.

La guerra en Oriente Próximo alcanza su tercera semana en ebullición. Lo hace en medio de las dudas sobre cómo afectará a los precios y a la economía global, y justo en el momento en el que los bancos centrales de Estados Unidos y la Unión Europea tendrán que definir sus estrategias ante lo que está por venir.

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) llegan a su segunda reunión del año presionados por el contexto geopolítico y sus consecuencias —ya visibles— en la economía. 

La posición del mercado es clara: se espera que tanto la autoridad monetaria estadounidense como el guardián del euro mantengan los tipos tal y como los dejaron en sus últimas reuniones. 

Ambas instituciones financieras optaron por mantener las tasas de referencia semanas antes de que estallase el conflicto en Irán.

Ahora, el contexto ha cambiado —y mucho— y será este mismo marco el que protagonice las reuniones de esta semana. 

El caso de la Fed

La Reserva Federal estadounidense será la primera en pronunciarse. Su decisión llegará el próximo miércoles 18 de marzo. 

En su última cita, a finales de enero, el organismo liderado por Jerome Powell optó por dejar los tipos de interés en el rango de entre el 3,5% y el 3,75%. El banco central venía de encadenar tres recortes consecutivos en las tasas. 

Ahora, sin embargo, hay más factores en juego, aunque los analistas concuerdan en que descartan un recorte de las tasas. Una postura que sí venía defendiendo hasta el momento Donald Trump, el presidente estadounidense y el motivo de las críticas que ha vertido desde su llegada a la Casa Blanca contra el presidente de la FED. 

Ahora el contexto macroeconómico ha entrado en una nueva fase tras el estallido de la guerra en Oriente Próximo. El bloqueo de Ormuz deja un petróleo disparado en precio (en el entorno de los 100 dólares) y, aunque EEUU no es el más vulnerable ante un shock energético, el encarecimiento del combustible no ayuda.

De hecho, un alza del diésel y la gasolina en Estados Unidos va en contra de los intereses de Donald Trump que, en noviembre, afronta las elecciones del midterm.  

Como explican desde Julius Baer, la inflación en el país norteamericano ya era elevada incluso antes del aumento del precio de la energía y será la subyacente —que no contempla los elementos más volátiles— la que marque la política monetaria. 

El encarecimiento del combustible eleva el coste de las cadenas de suministro y esto se traduce en un aumento directo de los precios de bienes y servicios. A este contexto hay que sumarle otros dos factores que no crean un escenario nada envidiable para la Reserva Federal. 

El mercado laboral estadounidense viene mandando señales de debilidad desde hace varias semanas. Además, el pasado viernes se revisó a la baja el PIB del cuarto trimestre de 2025. "Este escenario no facilita recortes agresivos de las tasas de interés, a menos que la economía muestre señales más claras de un deterioro significativo", apuntan desde eToro. 

Bajo este telón de fondo, el mercado focaliza su atención en el mensaje de Jerome Powell más que en lo que se decida con relación a los tipos.

De su discurso habrá que sonsacar cómo interpreta la institución monetaria el contexto geopolítico y cómo afecta esto a su hoja de ruta. 

Bank of America afirma que el máximo responsable de la Reserva Federal adoptará una postura prudente, de "esperar y ver", en una reunión que será la penúltima gran cita que lidere Jerome Powell. Su mandato al frente de la Fed termina el 15 de mayo. 

La situación del BCE

La autoridad monetaria de la eurozona tampoco lo tiene nada fácil. El punto de mira tampoco está en esta ocasión en lo que se haga o no con los tipos, sino en el balance que se haga tras el simposio. 

El encuentro, presidido por Christine Lagarde, tendrá lugar el próximo 19 de marzo, por lo que el BCE ya sabrá la decisión que haya tomado el guardián del dólar un día antes. 

Los analistas descartan que el Banco Central Europeo vaya a mover las tasas y dan por hecho que las mantendrá en el 2%, dictamen que ha tomado en las últimas cinco reuniones.

La situación de la Unión Europea en el contexto geopolítico actual no es nada favorable ni ayuda a tomar un veredicto en relación a la política monetaria. 

Europa sí que es muy frágil ante un freno del suministro energético porque es un gran importador de energía. Además, en el contexto actual, paga la subida del precio crudo por partida doble porque su divisa ha perdido territorio frente al billete verde y el petróleo se compra en dólares. 

La consecuencia directa es un aumento de la inflación, cuyo límite el BCE mantiene en el entorno del 2%. El último dato sorprendió con un repunte de dos décimas que situó la cifra en el 1,9%, aún sin tener en cuenta los efectos de la guerra de Irán. 

Sin embargo, no es la única derivada del contexto geopolítico. El aumento de los precios de los carburantes se traduciría en un encarecimiento de la vida que frenaría el consumo y provocaría un menor crecimiento empresarial. Esto, a su vez, enfriaría la economía. 

De nuevo, una situación similar. Inflación y estancamiento económico, una combinación nada agradable para la institución monetaria. De hecho, hay voces que apuntan ya a que el Viejo Continente podría asomarse a la estanflación.

En este contexto, se espera que el BCE se mantenga prudente y, sobre todo, muy atento a la evolución de la situación geopolítica y su repercusión en la economía de la eurozona.

Esta es también la postura que han ido defendiendo los distintos miembros de la cúpula monetaria europea, aunque algunos más críticos que otros. Su líder, Christine Lagarde, ya ha sido tajante con la situación asegurando que se hará "todo lo necesario para mantener la inflación bajo control".