Un hombre sujeta dos paraguas bajo la lluvia en la plaza del Ayuntamiento de Valencia.

Un hombre sujeta dos paraguas bajo la lluvia en la plaza del Ayuntamiento de Valencia. Efe

Macroeconomía

La crisis climática sumará 81 puntos extra a la deuda española hasta 2050 y la disparará al 250% del PIB

Un informe del 'think tank' británico NEF alerta de que España será uno de los países europeos cuya economía será más castigada por el calentamiento global.

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Las claves

Un estudio de la New Economics Foundation advierte que la deuda pública de España podría alcanzar el 250% del PIB en 2050 si no se actúa ante la crisis climática.

El impacto de sequías, olas de calor y desastres naturales añadiría 81 puntos de deuda sobre el PIB, muy por encima de la media europea.

La crisis climática afecta la recaudación y aumenta el gasto público, mientras el sur de Europa, incluyendo España, sufrirá un desplome acumulado del PIB cercano al 12% hacia 2070.

Invertir un 1% adicional del PIB anual en tecnologías limpias y adaptación podría reducir significativamente el incremento de deuda previsto.

El calentamiento global no solo castiga al planeta: también pone contra las cuerdas las cuentas públicas. Un estudio de la New Economics Foundation (NEF) advierte de que, si España mantiene su actual nivel de inacción frente a la crisis climática, el país podría entrar en una espiral de endeudamiento sin precedentes.

El impacto económico de sequías, olas de calor y desastres naturales añadiría 81 puntos de deuda sobre el PIB a las previsiones oficiales, elevando el pasivo total hasta el 250% del conjunto de la economía a mediados de siglo.

Esa bomba fiscal sería casi un 40% superior al daño medio previsto para la Unión Europea, cuya deuda se incrementaría en 58 puntos bajo un escenario de inacción.

La advertencia llega, además, en un momento en que el peso de las pensiones ya proyecta una fuerte presión sobre las finanzas públicas nacionales.

El resultado es una senda de endeudamiento que combina los costes del envejecimiento con los del calentamiento global y que deja muy poco margen de maniobra a la política fiscal.

El análisis de la NEF parte de los escenarios oficiales de la Comisión Europea y los extiende hasta 2050 y 2070. Según el Debt Sustainability Monitor que publica periódicamente Bruselas, la deuda española alcanzará el 112,1% del PIB en 2035 si se mantiene la política actual.

A partir de ahí, las proyecciones del Ageing Report, elaborado también por Bruselas para medir el impacto del envejecimiento, elevan el endeudamiento hasta el entorno del 170% en 2050 solo por el efecto demográfico.

Pero al incorporar los costes del cambio climático, la curva se dispara. Las pérdidas de crecimiento, los gastos públicos extra por desastres naturales y la penalización de los mercados financieros se combinan en un cóctel que podría añadir 81 puntos más de deuda, empujándola por encima del 250% del PIB.

El mensaje de fondo es que las previsiones fiscales actuales apenas incorporan el riesgo climático y tienden a subestimarlo, pese a que ya se está acumulando en las cuentas públicas.

El clima y las cuentas públicas

El informe identifica tres grandes vías a través de las cuales la crisis climática erosiona la solvencia fiscal de los Estados. Según sus autores, el primer impacto llega por el lado del crecimiento y de la recaudación.

Las olas de calor recurrentes, las sequías prolongadas y los daños en infraestructuras reducen la productividad y frenan el PIB, lo que se traduce en menores ingresos tributarios y en un margen mucho más estrecho para sostener el gasto público.

La segunda vía tiene que ver con el papel del sector público como asegurador de último recurso.

Cuando un desastre natural no está cubierto por pólizas privadas —la mayoría de las pérdidas en Europa no lo están—, la factura termina asumiéndola el Estado, que debe financiar rescates, ayudas a empresas y familias y la reconstrucción de infraestructuras críticas, con el consiguiente aumento del déficit y de la deuda.

El tercer frente se abre en los mercados financieros, donde empieza a consolidarse una prima de riesgo climática. Las agencias de rating y los grandes inversores aplican crecientes penalizaciones a los países más expuestos a sequías, inundaciones u otros fenómenos extremos, lo que encarece su financiación.

El estudio calcula que este recargo puede elevar hasta 100 puntos básicos el coste de emitir y refinanciar deuda soberana, añadiendo una capa adicional de presión sobre los presupuestos públicos.

El sur, zona cero de Europa

El impacto no será homogéneo en toda Europa. La NEF divide el continente en cuatro bloques —Nórdico-Báltico, Atlántico, Continental y Mediterráneo— y sitúa a los países del sur en la zona cero del impacto.

España, junto a Italia, Grecia, Portugal y Croacia, sufriría caídas acumuladas del PIB cercanas al 12% hacia 2070, con un sobrecoste fiscal muy superior al del norte.

Este desplome del 12% del PIB no debe entenderse como una recesión súbita al estilo de la pandemia o la crisis financiera, sino como una sangría crónica.

El calentamiento global actuará como un lastre persistente: la caída de la productividad laboral por el calor extremo, el castigo al turismo, los daños continuados en la agricultura y el deterioro de infraestructuras mermarán año a año el crecimiento potencial de estos países.

Como resultado, la economía de la región mediterránea llegará a 2070 siendo aproximadamente un 12% más pequeña de lo que habría sido sin el castigo climático, un tajo a la riqueza nacional que reducirá de forma estructural la recaudación de impuestos.

Mientras que los países nórdicos y bálticos afrontan un daño físico y presupuestario mucho más limitado, las economías mediterráneas verán cómo la combinación de sequías, incendios y eventos extremos erosiona su crecimiento potencial y tensiona su deuda pública año tras año.

Evitar una deuda desbocada

El estudio también plantea una salida: invertir pronto. Según el modelo, destinar alrededor de un 1% adicional del PIB anual a tecnologías limpias, infraestructura resiliente y adaptación climática podría reducir en un 58% el incremento de deuda previsto a 2070.

Esta estrategia, sostienen sus autores, no solo crea empleo y estimula el crecimiento a corto plazo, sino que evita costes millonarios de reconstrucción futura.

Para que funcione, sin embargo, reclaman cambios profundos en las reglas fiscales europeas. La NEF pide excluir la inversión verde de los límites de déficit y abrir la puerta a nuevos mecanismos de deuda conjunta, similares al programa NextGenerationEU.

También propone nuevas fuentes de ingresos, como un impuesto europeo sobre la riqueza que podría movilizar hasta 213.000 millones de euros anuales, equivalentes al 1,3% del PIB comunitario, para financiar la transición sin disparar la deuda.