La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz Europa Press

Empleo

Sin noticias de la subida del SMI: el Gobierno no convoca a los agentes sociales, que temen su retraso a febrero

Las negociaciones por la reforma laboral dilatan el inicio de la negociación salarial.

17 enero, 2022 05:30

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La fecha del 6 de enero estaba marcada en rojo por los representantes de empresarios y trabajadores. Y no precisamente por los regalos que pudieran traerles los Reyes Magos. A partir de ese día estaba previsto que el Gobierno les convocara para comenzar a negociar la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) a mil euros mensuales (o casi, la estimación del Ejecutivo está en los 996) para 2022 desde los 965. Sin embargo, el Ministerio de Trabajo aún no ha llamado a consultas a los agentes sociales, ni tiene por lo pronto planes para hacerlo.

Según ha podido saber EL ESPAÑOL-Invertia, el Gobierno todavía no tiene fecha prevista para sentarse a negociar la próxima subida del SMI con CEOE, CCOO y UGT. ¿Significa esto que el incremento se retrasa, que los trabajadores perderán dinero por ello? En realidad no. Desde la Administración aseguran que el efecto de aumentar el SMI seguirá siendo retroactivo.

Es decir, que se apruebe cuando se apruebe, la subida tendrá efecto para todo 2022. Con todo, desde el Ejecutivo no se aclara cuándo podría convocarse a los agentes sociales. En el ambiente flota la sensación de que no quiere tocar el SMI hasta que no esté cerrada la negociación y votación parlamentaria para convalidar el real decreto-ley que contiene la reforma laboral.

Así lo indican fuentes de la patronal y los sindicatos, entre los que existe una particular inquietud por que la subida no se haya tratado todavía. Desde los agentes sociales recuerdan que subir o no el SMI es una prerrogativa del Gobierno, que se puede aprobar en cualquier momento a través de un decreto (no se tiene que convalidar en el Congreso) y que la negociación en el Diálogo Social no es más que un trámite.

En este sentido, los sindicatos avisan al Ejecutivo de que llevarán a cabo movilizaciones para reclamar la subida inmediata el SMI si los de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz no dan el primer paso en próximas fechas. Además, en esta negociación los trabajadores no quieren que se trate únicamente la subida de este 2022, sino también la de 2023.

60% del salario medio

En el próximo año, Moncloa tiene que dar cumplimiento a una de sus más importantes compromisos electorales y pata angular del compromiso de Gobierno: que el SMI esté en una cantidad equivalente al 60% del salario medio español para final de legislatura. Es decir, para 2023.

Hace unos días, Pepe Álvarez puso una cifra sobre la mesa. El secretario general de UGT reclamó que la subida fuera hasta los 1.063 euros, pero respecto a este aumento “no hay un compromiso claro del Gobierno”.

Por su parte, en la patronal, como viene siendo habitual, las posiciones están divididas, puesto que hay espacios como Foment del Treball que apuestan por elevar el SMI. La patronal se sentará a negociar, pero se da por descontado que una mayoría de los empresarios se opondrán a una subida como la que manejan sindicatos y patronal.

De fondo siguen los contactos políticos para cerrar la convalidación de la reforma laboral en el Congreso. La intención del Gobierno es la de cerrarla cuanto antes y sin que se hagan cambios, que podrían provocar que CCOO y CEOE se pudieran bajar del carro del acuerdo social logrado.

Desde el Ejecutivo, dan por hecho que los aliados habituales, entre ellos ERC y EH-Bildu, que ha criticado duramente el real decreto-ley, darán el visto bueno al texto. Con todo, se podría encontrar con aliados inesperados: Ciudadanos ya ha dado a entender que por un precio bajo podría dar su apoyo.

Las últimas rumorologías apuntan a que incluso Vox podría abstenerse en la votación de reforma laboral en vez de votar en contra. ¿La causa? El partido de ultraderecha tiene ya su propio sindicato, Solidaridad, desde donde no se vería con malos ojos parte del contenido del acuerdo.