El ministro de Transportes, Óscar Puente, junto a Luis Pedro Marco de la Peña, presidente de Adif, y el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano.

El ministro de Transportes, Óscar Puente, junto a Luis Pedro Marco de la Peña, presidente de Adif, y el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano. Efe

Economía

El accidente y el apagón dejan sin argumentos al Gobierno para vender la ‘Marca España’ más allá de la ‘macro’ en el extranjero

A medida que se confirma la responsabilidad del Gobierno, el accidente puede ser la gota que colma el vaso de la crisis institucional del último año.

Más información: La soldadura de la vía que causó el accidente de Adamuz no tenía el "rango de dureza" que exige la normativa de Adif.

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Las claves

El accidente mortal de Adamuz y el apagón han dañado la imagen exterior de España, afectando sus logros en energías renovables y alta velocidad ferroviaria.

El accidente ferroviario y el deterioro de la red han puesto en duda la fiabilidad y seguridad del AVE, clave en la proyección internacional de la Marca España.

El apagón ha forzado la revisión de protocolos energéticos y ha frenado la inversión en renovables, afectando proyectos fotovoltaicos y eólicos.

A pesar del crecimiento del PIB, la economía española enfrenta retos en productividad, control del gasto y reputación internacional debido a estos incidentes.

El desarrollo de las energías renovables y los 4.000 kilómetros de vías de alta velocidad han caído en picado en la imagen exterior de España de la noche a la mañana tras el apagón y el accidente mortal de Adamuz.

La desazón que genera una tragedia como esa, en lo que era uno de los grandes logros de las infraestructuras españolas a nivel global, se ha dejado notar tanto dentro como fuera de nuestro país.

Por otro lado, ha pasado casi un año del apagón sin que nadie sepa aún quiénes fueron los culpables, la carestía de la vivienda azota la economía doméstica y surgen dudas de la eficacia de unas ayudas europeas que se han convertido en un fondo soberano para no perderlos.

Son hechos objetivos del último año que han sacado a la luz la cara oscura que tiene el milagro de la economía que más crece de la OCDE, gracias al turismo y la inmigración. Pero sin productividad y con escaso control del gasto público por no tener un Presupuesto aprobado hace tres años.

El Gobierno dedicó el año pasado más de 1.100 millones al mantenimiento de la infraestructura ferroviaria. Siempre más que el año anterior. Pero todos los analistas han advertido que haría falta mucho más dinero que ese ante una red que soporta tres veces más paso de trenes.

A medida que se confirma la responsabilidad del Gobierno en el origen de los hechos, el accidente ferroviario amenaza con ser la gota que colme el vaso de la crisis política e institucional del último año.

De entrada, se ha paralizado la firma de la ampliación hasta 2038 de la explotación del AVE Medina-La Meca, en Arabia Saudí, que iba a ser la semana pasada. El Ministerio asegura que todo sigue igual, pero los hechos corren en contra del consorcio liderado por Renfe que lo explota.

En ese grupo hay hasta nueve empresas españolas, tanto de infraestructuras como fabricantes de trenes. Un rechazo a la ampliación o al desarrollo de nuevas líneas en la zona puede ser un varapalo importante para la Marca España.

Una de las claves de la acción económica española en el exterior pasa por el desarrollo de su red de alta velocidad, la más extensa del mundo tras China. Pero en la venta de ese logro, la clave estaba siempre en la fiabilidad de la infraestructura y la seguridad de su servicio.

Los trenes viajan de día y el estado de las vías se comprueba por las noches con la más alta tecnología para darle seguridad al sistema. Ese era el mantra que mandaba en las reuniones con mandatarios extranjeros a los que vender la alta velocidad española.

El fallo en el mantenimiento de la línea Madrid-Sevilla, los problemas en la de Barcelona, el caos de Rodalies, tras más de tres décadas en servicio, han venido a poner en duda las garantías que ofrecía entonces el AVE español.

Una de las cuestiones que más valoraban los técnicos en las reuniones que mantenían en los Emiratos Árabes, India, EEUU y otros países interesados en el "milagro" del tren español era la solidez de sus vías incluso en terrenos desérticos con fallas, como el de Arabia.

El otro logro era la puntualidad y la calidad del servicio a bordo. Dos cuestiones que la entrada en competencia entre operadores ha puesto en entredicho en el último año. Ya no se devuelve el dinero por llegar tarde y cualquier vibración de tren se ha convertido en un susto.

Renovables en entredicho

El fallo en la reputación de la alta velocidad se une al otro gran logro español puesto en entredicho con el apagón: el desarrollo de las renovables para que sean capaces de generar la mayor parte de la energía que consume el país.

El apagón de finales de abril de 2025, por una serie de fallos concatenados que echaron abajo la tensión, ha obligado a revisar protocolos de generación y control a todos los niveles.

Diez meses después, todavía no se han depurado responsabilidades. El enfrentamiento entre el operador del sistema, Redeia, y las grandes eléctricas, sólo ha servido para enmarañar la situación, a la espera de los expedientes que pueda abrir ahora la CNMC.

El desarrollo de la red y la liberación de los puntos de acceso, con una remuneración a la inversión del 6,58% puesta en duda por las compañías, se antoja como la clave para los próximos años.

Pero nadie ha podido evitar el frenazo en la inversión en nuevas instalaciones fotovoltaicas o eólicas. Al contrario, muchos de los proyectos han caducado o han tenido que revenderse para poder seguir adelante, a menos ritmo que antes.

Los datos macroeconómicos son lo único que se salva de la imagen que está dando en el exterior el último año la economía española.

El PIB seguirá creciendo en torno al 2% anual y por encima de la UE, pero ya en una desaceleración clara y con menos creación de empleo. Además de los puntos negros de un apagón y un accidente ferroviario que nadie supo prevenir.