Imagen de archivo de una adolescente utilizando un 'smartphone'. iStock
Más del 95% de los incidentes de ciberseguridad tienen origen en el error de los usuarios
Cerca de la mitad de los usuarios digitales ha sido víctima en alguna ocasión de una estafa digital, según un estudio de ING.
Más información: Las personas, el elemento más crítico en un escenario en el que protegerse no sólo es cuestión de tecnología
La cada vez más creciente proliferación de todo tipo de dispositivos conectados revela una creciente necesidad de formar y concienciar a la población en tres factores: ciberseguridad, salud -física, mental y psicosocial- y sostenibilidad tecnológica.
El uso que le damos a la tecnología no es neutro, y el aluvión de estos equipos informáticos se ejemplifica en el caso de España: casi la mitad de la población tiene en casa, smartphones aparte, algún aparato conectado a la red. Esto sitúa al país 11 puntos porcentuales por encima de la media de la Unión Europea, según los últimos datos que maneja el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), relativos a 2025.
Por ello, y en el primero de estos tres ámbitos, no es de extrañar que el 47,4% de los usuarios haya sido ya víctima de una estafa digital. Ni que los incidentes relacionados con la inteligencia artificial, como los famosos deepfakes -estafas mediante la imitación de voz, vídeo o imagen-, hayan repuntado hasta un 3.000%.
Así lo atestigua el estudio ‘Bienestar Digital: hacia un uso consciente de la tecnología para preservar nuestra seguridad frente al fraude’, elaborado por el banco ING. Este pone de manifiesto que la cibercriminalidad representa ya cerca del 20% del total de delitos de España.
Pero la fuerza con la que crece esta cifra no está solo apoyada en el mero hecho de que convivamos e interactuemos cada vez más con las nuevas tecnologías, sino que también cometemos errores cuando la utilizamos. De hecho, más del 95% de los incidentes tienen su origen en un fallo humano o en un comportamiento no intencionado.
Este dato refuerza, tal y como reza el documento, la importancia de la educación digital y la adopción de hábitos conscientes como elementos clave de prevención más allá de las soluciones e infraestructuras que están desplegando industrias como la financiera. La propia entidad bancaria cuenta con hasta 500 profesionales especializados en seguridad para “integrar desde el diseño” la protección en las soluciones que oferta.
No obstante, Javier Montes, director general de banca para particulares de la compañía, explica que, a pesar de los esfuerzos, la inmediatez de las transferencias instantáneas, por ejemplo, “también reduce el margen para detectar y frenar el fraude, especialmente en operaciones de gran importe”.
Hacia un modelo de corresponsabilidad
Debido a este paradigma, desde la empresa estiman que debemos avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad con la implicación de gobiernos, organizaciones privadas y sociedad civil basado en el “intercambio de información, la seguridad desde el diseño en tecnología y el papel de los creadores de contenido en la difusión de buenas prácticas digitales”.
Más datos consolidan esta iniciativa: el 18,20% de los ciberataques tienen lugar en el sector financiero, según el Banco de España. Y, el 50,3% de la ciudadanía cree que la IA puede llegar a ser un problema en el avance tecnológico, tal y como recoge el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Asimismo, los expertos ponen el acento en intentar seguir afianzando marcos comunes legislativos en Europa. En este sentido, España “se encuentra en un momento crítico de transposición normativa sobre seguridad en internet con reglamentos como NIS2 o DORA.
Además, la geografía aprobó recientemente la Orden Ministerial de lucha contra estafas telefónicas, que obliga a las operadoras a bloquear mensajes de texto maliciosos y llamadas fraudulentas a partir de este mes de mayo.
Y debe aterrizar el endurecimiento anunciado por el Gobierno para limitar el acceso de los menores de 16 años a redes sociales.
Bienestar e impacto medioambiental
Por otro lado, el informe también analiza el impacto del uso intensivo de la tecnología en la salud y en el entorno. En España, el uso medio diario del teléfono móvil supera las cuatro horas y el 55% de los síntomas de estrés y ansiedad se asocian al consumo de redes.
Asimismo, el documento apunta al efecto energético del ecosistema digital, especialmente en el uso de tecnologías de inteligencia artificial generativa.
Como conclusión, aseguran desde ING: “España lidera la creación de leyes que unen bienestar y ciberseguridad bajo el modelo europeo. Este marco no solo protege a las personas vulnerables y el derecho a la desconexión, sino que impone estándares para combatir el fraude, convirtiendo la responsabilidad compartida en el motor de la confianza digital”.