Marta del Castillo Vázquez, directora general del Parque Científico de Madrid.

Marta del Castillo Vázquez, directora general del Parque Científico de Madrid. Parque Científico de Madrid

Opinión APTE / LOS PARQUES APORTAN

El desafío de la innovación científica

Marta del Castillo Vázquez
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Si tuviera que definir la innovación, hablaría de un poderoso motor de crecimiento que permite la adaptación constante a cambios con la implementación de nuevas ideas, productos, servicios o procesos que transforman la realidad generando valor económico o social. Además, la innovación va más allá de la invención, ya que requiere éxito en el mercado o aceptación social, impulsando la competitividad y sostenibilidad.

Si nos centramos en la innovación de base científica-tecnológica, y especialmente en aquella de carácter disruptivo que resuelve problemas complejos, hablamos entonces de innovación Deep Tech o 'Conocimiento Profundo'. Y aunque la innovación siempre requiere valentía y perseverancia, ésta la eleva a su grado máximo.

Los avances científicos mejoran nuestra calidad de vida porque nos permiten luchar contra las enfermedades y resolver los problemas que afectan a la humanidad. Como decía Carl Sagan, una tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Hoy en día, esta magia nos abre grandes expectativas, incluso a aquellos que se encuentran en situaciones desfavorecidas. Los avances tecnológicos nos van demostrando que pueden sacar al hombre de la pobreza y permitirnos no sólo mejorar nuestro bienestar sino aumentar nuestra esperanza de vida.

Los grandes retos de la innovación y el emprendimiento científico radican en cerrar la brecha entre la investigación académica y el mercado. Con desafíos clave como el acceso limitado a financiación temprana y durante su desarrollo en Deep Tech, la burocracia, la falta de perfiles híbridos (científico-empresarial) y la necesidad de proteger la propiedad intelectual, se abren obstáculos que ponen en riesgo la transformación del conocimiento científico en soluciones tecnológicas aplicables.

Es entonces cuando un ecosistema de innovación desarrollado ofrece el entorno colaborativo necesario en el cual universidades, centros de investigación, empresas, inversores e instituciones públicas interactúan para fomentar el desarrollo tecnológico y económico.

En este ecosistema, los parques científicos y tecnológicos actúan de un modo caleidoscópico, con gran variedad de formas o aspectos cambiantes, que evolucionan con los tiempos y aportan nodos físicos y operativos, proporcionando la infraestructura y los servicios necesarios para que el conocimiento se transforme en productos comerciales.

Un ecosistema robusto necesita de la interconexión de varios pilares fundamentales, como son sus actores clave, entre los que se encuentran los investigadores, emprendedores, inversores, corporaciones y entidades públicas que diseñan políticas específicas; las infraestructuras, con espacios físicos como laboratorios, plantas piloto y oficinas que facilitan la experimentación; el acceso a capital; y sobre todo ello una cultura de colaboración que fomenta el intercambio de ideas y la transferencia de tecnología entre el ámbito académico e investigador y el mercado.

Volviendo al paradigma de los parques científicos y tecnológicos, éstos actúan como agentes dinamizadores que ofrecen ventajas específicas dentro del ecosistema. Por ejemplo, facilitan que las investigaciones universitarias se conviertan en empresas viables (spin-off), y ofrecen programas de mentoría y apoyo para que nuevas empresas de base tecnológica (EBT) crezcan rápidamente.

Aunque vivimos en un contexto internacional complejo, en estos momentos muchos parques pertenecen a redes globales como la IASP (Asociación Internacional de Parques Científicos y Áreas de Innovación), lo que facilita el acceso a mercados exteriores. Asimismo, los parques científicos y tecnológicos, al agrupar a múltiples empresas de sectores similares, pueden potenciar las sinergias entre ellas y facilitar acceso a redes y clústeres que mejoran la competitividad regional. Superar estos retos es crucial para fijar talento y empresas en el territorio, evitando la fuga de cerebros.

Podríamos plantearnos si en España tenemos esa capacidad de investigación e innovación. Lo cierto es que sí. España cuenta con una base científica y tecnológica sobre la que construir su presente y su futuro. Por citar algunos ejemplos, nuestra industria en telecomunicaciones y aeronáutica son punteras, y nuestros investigadores en los ámbitos de salud, materiales o química compiten con los mejores del mundo. Así es que la capacidad la tenemos si nos concentramos en facilitar y continuar desarrollando un ecosistema innovador integrador que evoluciona con los tiempos.

Sin innovación no hay crecimiento económico, la capacidad de competir se ve mermada, el empleo se ve comprometido y la posibilidad de mantener nuestro estado del bienestar decrece. Por eso, entre todos, debemos apoyar a los valientes que se atreven a innovar, para que puedan desarrollar todo su potencial en España y así también transferir riqueza más allá de nuestras fronteras.

***Marta del Castillo Vázquez, directora general del Parque Científico de Madrid