Fabiola Lairet, chef de gastronomía japonesa; Silvia Miralles, profesora de secundaria; y Elena Carmona, propietaria de una escuela de pilates y baile.

Fabiola Lairet, chef de gastronomía japonesa; Silvia Miralles, profesora de secundaria; y Elena Carmona, propietaria de una escuela de pilates y baile.

Investigación 11F - DÍA DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA

Científicas por vocación, alejadas por decisión: cuando las carreras STEAM desembocan en otras vidas

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia hemos entrevistado a tres mujeres que se formaron en disciplinas técnicas, pero optaron por otros caminos profesionales por convicción.

Más información: Mujer y tecnología: las historias que cambiaron el relato de la innovación y la ciencia en 2025

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No todas las mujeres que empiezan una carrera científica o tecnológica quieren o pueden quedarse. Algunas descubren que el mercado laboral no es lo que esperaban, a otras la vida les lleva por caminos diferentes, y parte de ellas encuentran otro lugar donde aplican lo aprendido. 

En fechas como la de hoy, 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, se suele hablar de cómo despertar vocaciones y atraer más talento femenino a materias como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEAM, por sus siglas en inglés).

También se destacan perfiles de mujeres que, a través de su trayectoria, se han convertido en referentes en sus campos, los retos que han tenido que superar o del desgaste que supone. Pero hay que admitir que no todas lo consiguen.

Es poco habitual preguntarse qué ocurre con aquellas que, tras finalizar su formación, buscan alternativas. ¿Qué pasa cuando estas estudiantes terminan la carrera y prueban a acceder al mercado laboral? 

Justo ahí es donde empiezan las historias de la chef Fabiola Lairet, la profesora Silvia Miralles y la propietaria de una escuela de danza, Elena Carmona, que han compartido con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL. 

De la ingeniería a la gastronomía

Fabiola estudió Ingeniería Civil porque siempre se sintió cómoda “en los lugares donde hay estructura, lógica y claridad”, explica. Cuenta a este medio que le atraía la idea de pensar y calcular, y comprobar después cómo aquello tomaba forma en algo real y útil. 

Durante la carrera tenía claro que su elección le ofrecía seguridad, estabilidad y una vida profesional sin incertidumbres. O, al menos, eso creía ella. Sin embargo, con el tiempo empezó a tener la sensación de estar en un lugar que no le correspondía: “No era rechazo, era distancia”, dice.

Fabiola Lairet, en la planta baja de la Robata Madrid.

Fabiola Lairet, en la planta baja de la Robata Madrid. Sara Fernández

La mudanza de Caracas (es venezolana) a Barcelona, en 2003, puso fin a un proceso al que venía dándole vueltas desde hacía años. A su llegada a España decidió no convalidar el título, y optó por cuidar de su familia y dejar que las cosas ocurrieran. “Mi carrera no me definía, simplemente estaba llevando mis capacidades a otro lugar”, afirma con convicción. 

Ese otro lugar fue la gastronomía, donde hoy trabaja como chef especializada en cocina japonesa. De hecho, es una de las pocas mujeres en el mundo con el título 'sushi chef' y certificado oficial de la All Japan Sushi Association (ASAJA).

“Mi carrera no me definía, estaba llevando mis capacidades a otro lugar”

Fabiola Lairet, ingeniera y chef. 

Una profesión donde la ingeniería, admite, “aparece de forma casi invisible, pero constante en la manera de ordenar, estructurar, documentar, planificar y revisar”. 

Por eso, cuando se le plantea la idea de que estudiar ingeniería para no ejercer haya sido un tiempo desperdiciado, lo tiene muy claro: “Diría justo lo contrario, he aprovechado mi formación”. Para Fabiola, su carrera nunca fue una cárcel. “Una formación no es una jaula, sino una base”.

Vocación frente a precariedad

El recorrido de Silvia es distinto. Tras estudiar Farmacia, se quedó en la universidad, hizo la tesis, inició el doctorado y terminó en el CSIC, en Barcelona, participando en investigaciones vinculadas al Parkinson, el síndrome de Down o el Alzheimer. Quería trabajar en un laboratorio y lo hizo.

Explica a DISRUPTORES que la ciencia le apasionaba hasta el punto de perder la noción del tiempo. “Entraba al laboratorio y no sabía cuándo iba a salir”, recuerda con ligero toque de nostalgia en su voz. Si algo fallaba, se repetía, lo que implicaba más horas, más análisis y más pruebas. 

Silvia Miralles, profesora de secundaria.

Silvia Miralles, profesora de secundaria.

Pero ese entusiasmo vocacional se dio de cara con la precariedad laboral. Los contratos dependían de la financiación de los proyectos, se interrumpían, y entre uno y otro podían pasar semanas sin ingresos. “Para escribir los papers te ibas a casa cobrando del paro”.

A medida que se acercaba a los treinta, empezaron a surgir las dudas. Su pareja tenía un trabajo mejor pagado con menos estudios y ella, siendo licenciada y con tesina, cobraba menos del salario mínimo. “Esa manera de vivir era insostenible”, afirma sin cortapisas. Así que decidió dejar la investigación y volver a su pueblo para trabajar en una farmacia.

 “Si quieres dedicarte a la ciencia, no te quedes con la duda, siempre podrás cambiar de camino”.

Silvia Miralles, licenciada en Farmacia y profesora de secundaria. 

Durante un tiempo agradeció poder desconectar, dejar atrás un entorno al que dedicaba cada minuto de su tiempo y dedicarse a algo que le permitía recuperar su vida personal. Pero algo seguía bullendo en su interior: “Tenía muchos conocimientos y no estaba exprimiendo todo mi potencial”. 

Necesitaba explicar y transmitir lo que sabía. En plena pandemia, embarazadfa de su segunda hija, comenzó a preparar oposiciones. Hoy da clase en secundaria y, cuando mira a algunos alumnos, se reconoce en ellos. A los que dudan, les anima a probar aquello que les interesa: "Si tienes la oportunidad de dedicarte a la ciencia, dedícate a la ciencia; siempre podrás cambiar de camino, pero no te quedes en la duda”,

Cuando los planes cambian

También Elena vivió su transformación en varias etapas. Mientras estudiaba ingeniería, se formaba en danza oriental, y lo que empezó como una afición fue ocupando cada vez más espacio en su vida. “Me gustaba mucho esta disciplina del baile y estuve estudiando muchos años para aprender, y lo sigo haciendo”, cuenta.

Así, mientras avanzaba en su carrera universitaria, empezó a sumar certificaciones y probó otros estilos; incluso viajó a Toronto para seguir formándose mientras trabajaba como ingeniera. Una cosa le llevó a la otra y terminó por abrir una academia de pilates y baile en su ciudad natal, Zaragoza. 

Elena Carmona, bailarina de danza oriental.

Elena Carmona, bailarina de danza oriental.

Antes de este salto, Elena ya había trabajado en el sector de construcción como ingeniera. Reconoce que en la empresa donde ejerció la trataron bien, pero pronto se dio cuenta de que ese entorno no era el suyo. La imagen que utiliza para explicarlo es muy gráfica: se sentía “como un pez que quería trepar a un árbol”. 

Cuando daba clases, algo cambiaba. “Ahí me encontraba cómoda, sentía que podía hacerlo bien, que podía enseñarlo. Yo lo entendía y podía explicárselo a la gente”. Esas sensaciones fueron determinantes para cambiar su rumbo profesional. 

"Me sentía como un pez que quería trepar a un árbol”. 

Elena Carmona, ingeniera y propietaria de una escuela de pilates y danza. 

Durante mucho tiempo pensó que quizá había invertido mal los años dedicados a la carrera. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, su lectura es otra. Admite que gracias a la ingeniería pudo independizarse, ahorrar y montar su negocio, el que ahora le da de comer. 

Además, esa formación técnica sigue presente en su día a día. “El cuerpo es una máquina, con sus fuerzas, equilibrios y ajustes”, apunte. Y la forma de coordinar todo ello se la ha dado su formación técnica.

Tres mujeres, tres vocaciones nacidas en la ciencia y la tecnología, tres decisiones conscientes que las alejaron de la idea de cómo sería su vida para elegir el futuro que querían vivir. En sus testimonios no aparece la palabra "fracaso" y, aunque no lo digan, transmiten la satisfacción de quienes han alcanzado el éxito.