Computación cuántica.
El ecosistema cuántico avisa de los riesgos de seguridad: “No quiero ver que esta ciencia salta a la fama por romper internet”
El punto de inflexión que vive la computación cuántica, con sistemas cada vez más tolerantes a fallos, obliga a replantear la seguridad de las infraestructuras para que romper el cifrado de los datos no sea tarea sencilla.
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Si el auge de la inteligencia artificial ha puesto algo de manifiesto en los últimos años es la habilidad de los expertos para sacar la ciencia de los laboratorios y empezar a cosechar impacto real en la sociedad a una velocidad inusitada. Ejemplo de ello es cómo se está generando un ecosistema, basado en la creación de GPU y de potencia eléctrica, para escalar eficazmente la construcción de centros de datos para esta tecnología en todo el mundo.
Analizando este círculo virtuoso, no son pocos los expertos que advierten que con la computación cuántica nos encontramos en ese mismo punto de inflexión. A años vista todavía de poder alcanzar sus grandes promesas globales como podría ser una vacuna contra el cáncer, muchas compañías sí que están aterrizando ya proyectos estables con una visión muy cercana a la productividad.
Los avances en esta carrera son meteóricos. Ya se estima que en un plazo de poco más de un lustro veremos la primera computadora cuántica con corrección de errores a gran escala. Y, en 2019 Google ya proclamó la supremacía -otros prefieren llamarlo ventaja- cuántica.
Es decir, consiguió realizar cálculos tan complejos que un ordenador clásico tardaría, de lograrlo, hasta miles de años. Por aquel momento, el procesador Sycamore del hiperescalar operaba con unos 50 cúbits -unidad básica de información de la cuántica-. Ahora, los sistemas de vanguardia superan los mil.
En este sentido, “es necesario empezar a pensar cómo va a afectar este escenario a nuestras infraestructuras, aplicaciones y datos”. Sobre todo, en términos de seguridad. Porque, además, la convergencia de lo cuántico con la propia IA nos pondrá cara a cara con uno de los desafíos más cruciales de la industria digital: su capacidad para romper la criptografía con sencillez.
Actividades tan asumidas en nuestro orden diario como la mensajería instantánea por WhatsApp podrían verse amenazadas de declararse este escenario que elimina toda barrera al más que lucrativo negocio de la ciberdelincuencia.
Incluso, el sistema financiero informático que se ha levantado en este siglo estaría en jaque. Pongamos el caso, tal y como ha señalado el CEO de Palo Alto Networks, Nikesh Arora, durante la celebración del evento ‘Quantum-safe Summit’, de bitcoin y las criptomonedas.
El 25% del volumen de esta divisa digital se encuentra deslocalizado por lo que “si se vulneran las claves, se acabaría con toda la plataforma”. Y qué decir de los peligros que encierra para la seguridad nacional de los países, sostiene el directivo.
Bajo este contexto, el fabricante de ciberseguridad ha querido lanzar una llamada a la acción reuniendo a los principales nombres propios del sector, que han puesto en órbita el estado del arte de una ciencia que, sin duda, “es real”.
La premisa: actuar ahora
La de John Martinis es una de esas voces autorizadas. Ganador del Premio Nobel de Física en 2025, el ahora profesor emérito de la Universidad de Santa Bárbara (California, Estados Unidos) empezó a investigar hace cuatro décadas el comportamiento cuántico de una variable macroscópica.
Su propósito final, y el de toda la gente asociada al proyecto, era el de lograr el ansiado ordenador cuántico. Estos estudios le han valido tal reputado galardón. Pero lo más relevante, reflexionaba, fue conseguir “movilizar todo el esfuerzo mundial para construir un instrumento de este tipo”.
En su opinión, también espera ver esa computadora cuántica en poco más de cinco ejercicios. Pero, “hay que llegar al millón de cúbits”, indicaba.
“Hay suficientes convicciones como para pensar que lo vamos a ver en ese plazo”, asentía. “Por lo que, sí, la gente tiene que empezar a reconsiderar las amenazas que acarrea y reformular sus posturas y sistemas”.
En cualquier caso, el físico prefiere hablar más en términos de oportunidad que de contrarreloj. “Tenemos tiempo, aunque no infinito, para hacer las cosas de la manera correcta y establecer un futuro seguro”.
Y es que, para Martinis, visto el “impresionante” trabajo que se está realizando en pos de conseguir el objetivo final, que es el de mejorar la vida de las personas en todo el mundo, hay una reflexión que ronda su cabeza y que le gustaría descartar cuanto antes: “Odiaría que la computación cuántica se hiciese famosa por romper internet”.
Un escenario que ya da frutos tangibles
Si hablamos de empresas que están empujando tanto en investigación como en inversión, uno de los primeros espadas globales es IBM. El Gigante Azul se encuentra sumido en el proyecto Starling, que promete construir la anhelada máquina para 2029 con 20.000 veces más potencia que los sistemas actuales, y capaz de realizar 100 millones de operaciones con 200 cúbits lógicos.
En cualquier caso, explicaba Jerry Chow, experto en computación cuántica experimental y miembro de IBM, la compañía ya ha desarrollado más de 95 prototipos con distintos socios como Boeing, en temas de análisis de corrosión de los materiales; o Moderna, para optimizar parte de su secuenciación de ARN.
“Es positivo ver esa adopción en verticales vitales”, decía. “También, para comenzar a ampliar los límites de lo que se puede hacer con estas tecnologías más allá del concepto de plataformas computacionales”.
En su opinión, el hecho de ofrecer estos servicios en la nube está democratizando lo cuántico, pero a su vez, puede hacer más sencilla la tarea de romper las claves de cifrado: “Es necesario anticiparnos en el aprovisionamiento de protocolos de seguridad cuántica”.
En definitiva, la llegada del régimen tolerante a fallos reduce la ventana temporal para afianzar la seguridad ante la era de la computación cuántica: “Tenemos que comprender dónde están las amenazas y empezar a desafiarlas desde ya”.