Eloísa del Pino, presidenta del CSIC.

Eloísa del Pino, presidenta del CSIC.

Investigación 11F - DÍA DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA

La presidenta del CSIC, Eloísa del Pino: "El sistema científico reproduce estereotipos e impide el ascenso de las mujeres"

En conversación con DISRUPTORES – EL ESPAÑOL, Del Pino explica por qué la brecha de género parece reducirse al inicio, pero crece a medida que avanza la carrera investigadora.

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Llueve en Madrid y Eloísa del Pino se disculpa nada más sentarse. El día es gris y eso, comenta, impide que entre la luz por los grandes ventanales de su despacho. Un comentario cotidiano que marca el tono cercano y amable de la conversación, sin un ápice de rigidez.

El encuentro de DISRUPTORES – EL ESPAÑOL con la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tiene lugar en la sede de la que es la mayor institución pública dedicada a la ciencia en nuestro país. Un inmueble que preside la plaza central de un complejo situado en la calle Serrano de Madrid.

La sobriedad del lugar la rompen unos coloridos carteles que anuncian que el 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, está cerca. El lema juega con la tipografía hasta casi confundir la ‘a’ con la ‘o’: Todas hacemos ciencia (Todos hacemos ciencia).

No es un mensaje puntual ni nuevo en el CSIC, pero estos días gana fuerza y funciona como recordatorio de una fecha que, desde que Naciones Unidas la proclamó en 2015, visibiliza una brecha persistente del sistema científico. También es el motivo de esta entrevista.

El 11F obliga a reflexionar, a repasar cifras y a revisar políticas para medir resultados. No sólo para fomentar vocaciones futuras, también para preguntarse hasta dónde llegan las mujeres en la ciencia. Lo que obliga a plantearse cómo se evalúan las carreras científicas, qué se premia y qué no.

Dirigir la ciencia desde dentro

Por eso, la figura de Eloísa del Pino, presidenta del CSIC desde 2022, tiene un alto valor simbólico, pero también práctico. Es científica de esta institución desde 2007, aunque procede de un ámbito poco habitual en la cúspide: las ciencias sociales, y no es un matiz menor.

Estas disciplinas apenas representan el 8% del organismo y, salvo una excepción en los años ochenta, nunca antes un científico social había ocupado la presidencia. A ello se suma que Del Pino es la segunda mujer en el cargo en toda la historia del CSIC, tras la química Rosa Menéndez, que presidió el CSIC entre 2017 y 2022.

Eloísa del Pino, presidenta del CSIC; y Noelia Hernández, periodista en DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, en un momento de la entrevista.

Eloísa del Pino, presidenta del CSIC; y Noelia Hernández, periodista en DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, en un momento de la entrevista.

Soy mujer y pertenezco a una disciplina minoritaria. Condiciones que, a priori, reducían mis posibilidades de ocupar mi posición actual”, admite. Sin embargo, reivindica su trayectoria como un activo: “Mi especialidad es la reforma del Estado y conozco bien el funcionamiento de las administraciones públicas, así que esa parte ya me venía de fábrica”.

Es precisamente esa mirada, más ligada a la evaluación de políticas públicas, la que ha condicionado en parte su aproximación a uno de los mayores retos estructurales del sistema científico: la brecha de género a lo largo de la carrera investigadora.

Desigualdad global

No es excusa, pero esta desigualdad no es un problema local. A escala global, la presencia de mujeres en la investigación sigue siendo minoritaria. Según los últimos datos de la Unesco, apenas una de cada tres personas dedicadas a la investigación en el mundo es mujer, una proporción que avanza lentamente, pese a que el número de mujeres en la educación superior es cada vez mayor.

España reproduce esa dinámica, aunque con ligeras diferencias. Nuestro país se sitúa por encima de la media europea, con alrededor del 42% de las mujeres entre el personal investigador, según los datos del Ministerio de Ciencia y de la FECYT.

"Hay muchas mujeres en las etapas iniciales y una presencia cada vez menor en los niveles de mayor poder de decisión".

Un patrón que ha confirmado el propio CSIC. “Las trayectorias siguen forma de tijera: hay muchas mujeres en las etapas iniciales y una presencia cada vez menor en los niveles de mayor estabilidad, reconocimiento y poder de decisión”, ilustra Del Pino mientras coloca las manos en aspa.

El 11F sirve, precisamente, para señalar ese punto ciego, cuando la tijera empieza a cerrarse. No hace falta formular la pregunta que, de manera implícita, plantean los carteles de la entrada: qué ocurre con las mujeres que ya están dentro del sistema y hasta dónde llegan.

Más brecha en la cúspide

Antes de entrar en las causas, vamos primero con los datos. En el CSIC, las mujeres representan el 51% del personal, sumando el científico, técnico y de gestión. A ello se añade que el 53% del comité de dirección está formado por mujeres, detalla Del Pino.

En la dirección de los institutos, el avance ha sido significativo en apenas tres años: “Hemos pasado de un 32% a un 40% de institutos dirigidos por mujeres, sobre un total de 124 centros”.

Ese equilibrio, sin embargo, se desmorona en los niveles más altos. “En las primeras etapas, la igualdad es prácticamente total, incluso en áreas tradicionalmente masculinizadas como la física o los recursos naturales”, afirma la presidenta del CSIC.

Pero a medida que se progresa, las trayectorias se separan. “En la categoría de profesor de investigación, equivalente a la cátedra universitaria, los hombres siguen representando en torno al 70%, frente a un 30% de mujeres, una proporción muy similar a la del conjunto del sistema científico español”, admite.

Sesgos invisibles

Las causas son múltiples. Del Pino señala el techo de cristal como el principal problema. “Muchas mujeres sienten que hasta que no están superpreparadas no deben presentarse a una oposición”.

Pero no es el único factor que las condiciona. Ellas suelen asumir tareas académicas poco reconocidas: “Más mentoría, más dirección de tesis… Son tareas necesarias para que el sistema funcione, pero siguen teniendo un reconocimiento desigual en los criterios de evaluación”, explica.

"Los currículos ciegos mejoran las posibilidades de contratación de las mujeres".

A esto se suman otros sesgos casi invisibles. “Sabemos que los currículos ciegos mejoran las posibilidades de contratación de las mujeres y que siguen pesando estereotipos sobre dedicación total o incompatibilidad con la vida familiar”, apunta.

Es lo que muchas investigadoras describen como “la trampa de la estabilización”, en relación con la edad en la que suele llegar una plaza fija: los 40 años, justo en el momento en que algunas deciden hacer una pausa para ampliar la familia y dedicarse a los cuidados.

La tijera aquí no se cierra por falta de ambición, sino porque de manera implícita se ven obligadas a elegir entre su vida profesional y su proyecto personal.

No obstante, Del Pino se muestra optimista. Los procesos más recientes apuntan a una mejora gradual. En la última oferta de empleo público del CSIC, el 45% de las personas que han aprobado han sido mujeres. “Creemos que en el próximo cálculo de la ‘tijera’ esas cifras van a mejorar”, explica.

Políticas de largo recorrido

Frente a este escenario, el CSIC ha ido definiendo una estrategia de largo recorrido. Fue el primer organismo científico español en crear, en 2002, una Comisión de Mujeres y Ciencia, y en 2013 aprobó su primer Plan de Igualdad, del que actualmente está en vigor el tercero.

A ella se suma una Comisión Delegada de Igualdad, de carácter ejecutivo, donde se articulan las políticas de recursos humanos y la prevención del acoso laboral y sexual, entre otras medidas estructurales.

"El problema no es de capacidad, sino de reconocimiento”.

Los Premios de Igualdad del CSIC buscan, además, que las buenas prácticas se extiendan por toda la organización. “Más que premiar, lo importante es difundir lo que se hace para que otros lo copien”.

De nuevo, esta científica social mide los avances en cifras. Hoy, 99 de los 124 institutos del CSIC cuentan con comités de igualdad, frente a los 60 de hace dos años. “Hemos establecido incentivos y reconocimientos porque es una tarea que exige tiempo y dedicación”.

El reto ahora es que esto no quede en una simple acción burocrática. Que tenga un impacto real en el reparto de poder y en la presencia de más mujeres en la cúspide.

Del Pino insiste en que con estas políticas lo que se pretende es revisar las reglas del juego, no los resultados. “Cuando miramos la productividad de hombres y mujeres, es muy similar y, en algunos indicadores, incluso superior en el caso de las mujeres. El problema no es de capacidad, sino de reconocimiento. El sistema científico sigue reproduciendo estereotipos y eso impide el ascenso de las mujeres”.

Carrera de fondo

La visibilización de referentes es otro de los ejes que el CSIC refuerza cada 11F. Desde el Departamento de Cultura Científica se organizan unas 15.000 actividades al año en todo el país, muchas en zonas rurales o barrios desfavorecidos, para fomentar vocaciones STEM.

A ello se suman proyectos como Manuela, centrado en la salud de las mujeres. “Durante años se han estudiado enfermedades sólo con un modelo masculino, cuando sabemos que afectan de forma distinta a mujeres y hombres”.

Esta trayectoria del CSIC en el impulso de políticas de igualdad de género fue reconocida en 2025 con el EU Award for Gender Equality Champions, el máximo galardón europeo en este ámbito.

Un reconocimiento que, en palabras de Del Pino, supuso “un revulsivo” para la institución. “Estoy muy orgullosa, sobre todo porque es un premio a compañeras que llevan décadas trabajando en estos temas”, afirma, con un recuerdo especial para Carmen Mayoral, una de las impulsoras históricas de estas políticas dentro del organismo, que falleció a finales del año pasado.

"Durante años se han estudiado enfermedades sólo con un modelo masculino".

Aun así, evita triunfalismos. “Los estereotipos son muy difíciles de diluir; basta una sola cosa que salga mal para que se refuercen”. Reconoce que las políticas no han sido difíciles de poner en marcha, pero sí lograr efectos rápidos y permanentes. “Esto es una carrera de fondo”.

Con la vista puesta en la próxima década, y el 11F como recordatorio anual de los retos pendientes, Del Pino sabe que no hay soluciones rápidas. El mundo de la ciencia lleva décadas funcionando bajo unas reglas muy concretas, revisarlas y cambiar sus efectos lleva tiempo.

“No se trata sólo de tener investigadores excelentes, sino de tener masa crítica”, insiste. Porque la ciencia, recuerda, funciona de forma acumulativa, y avanzará más rápido si también cuenta con las mujeres.