Sala VIP MIró en el Aeropuerto de Barcelona. Imagen: Wiongo.

Sala VIP MIró en el Aeropuerto de Barcelona. Imagen: Wiongo.

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Un ejército de robots logísticos para gestionar el servicio de comida en la sala VIP de El Prat

Una decena de dispositivos automatizados mueve 600 servicios diarios entre cocina y sala para evitar el colapso con más de 2.000 pasajeros diarios.

Más información: Costes, inflación y experiencia: la ecuación que la hostelería intenta resolver con tecnología en HIP 2026

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Las claves

La Sala VIP Joan Miró del Aeropuerto de Barcelona-El Prat ha incorporado una decena de robots logísticos para gestionar el servicio de comida.

Estos robots, de la empresa Wiongo Robotics, realizan tareas como el transporte de bandejas, retirada de vajilla y gestión de residuos, reemplazando a los carros tradicionales.

El objetivo principal es automatizar procesos repetitivos y estandarizables para liberar al personal humano y garantizar la operatividad en momentos de alta demanda.

El modelo implantado es Robot-as-a-Service, integrando formación y mantenimiento continuo, y sirve como laboratorio para probar innovaciones en la restauración de alta rotación.

Las salas VIP de los aeropuertos son un remanso de paz para el viajero frecuente. Fuera quedan las mareas humanas, las colas eternas, los intentos de atropello con las maletas y el ruido de tiendas, megafonías y grupos organizados. Dentro, en cambio, sólo hay sillones, café y vino degustados por pasajeros que miran el reloj con calma impostada antes de su vuelo. Pero esa paz es únicamente para el pasajero.

Tras la barra, en la cocina y en los pasillos de servicio, la presión es exactamente la misma que en la terminal. Decenas de personas llegan a la vez, comen en veinte minutos y desaparecen de golpe. Y es ahí, en ese espacio donde los conceptos básicos de la hostelería tradicional no son capaces de escalar y empiezan a aparecer los robots.

En la Sala VIP Joan Miró de la Terminal 1 del Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, Wiongo Robotics ha desplegado una flota de una decena de robots Dinerbot T9Pro y S100 del fabricante Keenon integrados en la operativa diaria.

Según la información que publica la firma en su página web, hablamos de una sala VIP con más de 2.000 usuarios, un equipo humano superior a 50 trabajadores y unos 600 movimientos logísticos internos cada día entre cocina, offices y zona de vajilla.

El objetivo no es que estos robots sirvan al pasajero, sino que mantengan en pie un sistema muy demandante y con momentos de atención muy marcados.

“El reto no era poner robots, sino sostener la operación en condiciones extremas: picos de demanda muy agresivos, rotación constante de usuarios y una presión enorme sobre los equipos humanos”, explica Daniel Socias, fundador de Wiongo, a DISRUPTORES - EL ESPAÑOL. “Cuando el margen de error es mínimo y la improvisación penaliza, automatizar procesos estandarizables aporta estabilidad inmediata”.

Este ejército de robots transporta bandejas, conecta cocina y platería, retira vajilla y gestiona residuos. En términos prácticos sustituyen a los carros tradicionales, liberando espacio físico y eliminando recorridos vacíos.

El equipo de Wiongo con los robots de la sala VIP del Aeropuerto de Barcelona.

El equipo de Wiongo con los robots de la sala VIP del Aeropuerto de Barcelona.

“Los robots están asumiendo tareas logísticas, repetitivas y de bajo valor percibido, liberando tiempo del equipo humano. La línea roja está clara: todo lo que tenga que ver con trato personal, gestión de incidencias complejas o decisiones subjetivas sigue siendo humano”, detalla Socias, quien esta semana presenta este caso de éxito en HIP 2026.

La necesidad de ser invisible

A diferencia de un restaurante convencional, aquí no existen patrones de demanda estables ni clientes recurrentes. Un vuelo intercontinental puede llenar la sala en minutos y vaciarla poco después.

“Tuvimos que olvidar muchas asunciones del Horeca tradicional. El robot no puede ser protagonista: tiene que ser invisible, fiable y muy tolerante al error humano alrededor”, resume el líder de la startup. “Hablamos de continuidad operativa. Sí hay mejoras en tiempos y costes, pero el verdadero valor está en no colapsar en horas punta, en mantener el nivel de servicio cuando el sistema humano va al límite”.

La implantación responde además a un modelo Robot-as-a-Service: la empresa integra, configura y mantiene el sistema dentro de la operación de la sala VIP, incluyendo formación continua a sus trabajadores. Socias lo tiene claro: "Cuando el personal entiende que quita carga y no añade complejidad, la resistencia desaparece”.

La sala VIP funciona así como un laboratorio robótico de lo que puede ser la restauración del futuro en espacios de alta rotación, presión constante y exigencia de servicio. “Son entornos donde el ROI es más evidente y el coste de no automatizar es muy alto. Muchas soluciones que luego bajarán al Horeca tradicional se validan primero aquí”.

“El mayor error es vender futuro cuando el cliente necesita presente. La automatización no va de storytelling, va de encajar en el barro del día a día”, sostiene Socias. Y añade una previsión que define el sentido del proyecto: “No son excepciones. Son un anticipo de cómo funcionará la hostelería en entornos de alta rotación. La pregunta ya no es si habrá robots, sino dónde tiene sentido ponerlos y dónde no”, sentencia el emprendedor.