Tras la declaración de la pandemia en marzo de 2020 y antes de que en España se decretara el estado de alarma, los colegios de todo el país suspendieron sus clases. El alumnado de cualquier edad debía permanecer en casa durante, al menos, 15 días para evitar ser foco de contagio de una enfermedad que empezaba a sumar muertes con demasiada rapidez.

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Lo que pasó a continuación lo sabemos: esos quince días se prorrogaron a semanas y después a meses. El curso se completó sin que nadie volviera a pisar las aulas y la tecnología se convirtió, con más o menos aciertos, en el puente que unió al alumnado con el profesorado.

Ordenadores, tabletas y smartphones se convirtieron en una herramienta de enseñanza-aprendizaje con todas las consecuencias, porque no había otra alternativa. Tampoco para seguir manteniendo el contacto con el entorno educativo.

Tecnología para aprender 

Después de esta situación insólita, niños y jóvenes son más conscientes de lo que significa usar la tecnología en el aula y cómo les gustaría que fuera la escuela donde cada día van a aprender.

El 44 % del alumnado español pide menos teoría y más práctica, según el informe ‘Imaginando un nuevo cole’, que ha llevado a cabo la Fnac. Un documento que ha elaborado con entrevistas a estudiantes de secundaria y bachillerato de centros públicos, concertados y privados, con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años. También quedan reflejadas las peticiones de una educación más personalizada (36 %) y con más acceso a la tecnología e innovaciones (33 %).

“Las opiniones de los alumnos no son para el futuro, son para la escuela que quieren ahora. Estamos acostumbrados a ser los adultos los que hablemos sobre ello, pero es el momento de escucharles”, manifestó César Bona, maestro y escritor nominado al ‘Global Teacher Prize 2015’, durante la presentación del estudio.

En el evento, como no podía ser de otra manera, ha estado acompañado de un grupo de estudiantes de los colegios SEK El Castillo, SEK Ciudad del Campo y SEK Santa Isabel. También de Carlos Magro, vicepresidente de la Asociación Educación Abierta; Silvia de la Cruz, responsable de Fnac Kids; y Beatriz Navarro, directora de marketing y comunicación de Fnac.

“Los estudiantes conciben la tecnología más como un medio para aprender que como un fin. No consideran tan importante que se les enseñe habilidades tecnológicas, sino que la valoran como herramienta para acceder al aprendizaje”, asegura Navarro. Quien también puntualiza que la figura del profesorado también sigue siendo importante para ellos. 

Conexión

Un lugar más interactivo, con nuevas metodologías apoyadas en la tecnología, menos memorización y formación más útil. Esta es la escuela que dibuja el informe de Fnac. Ellos, los estudiantes, quieren un espacio donde aprender para labrarse un futuro prometedor y feliz, pero no únicamente.

“El colegio nos enseña sobre matemáticas, lengua, biología…, pero también aprendemos sobre el mundo que nos rodea y a relacionarnos con los demás. Es una especie de cajón donde hay muchas cosas y eliges aquello que más te llama la atención”, explica Maya Sánchez, alumna de 1º de ESO.

Los estudiantes Maya Sánchez, Luz Blasco y Javier Trelles, acompañados de César Bona.

A esta joven estudiante le gusta escribir, tocar la guitarra y la biología y, aunque reconoce que la tecnología es una herramienta que ayuda a conectar con otros (“sobre todo durante la pandemia”), echa de menos usar más el papel “para hacer las cosas con más calma y, por ejemplo, reflexionar mientras escribes”. 

Javier Trelles, aún en Primaria, afirma sin dudarlo que “la pandemia ha sido una las mejores épocas de mi vida. Nunca me sentía solo. Nunca perdía la conexión con mis amigos, aunque no nos viéramos en persona”. Aunque, en un alarde de madurez, reconoce que “a veces, no poder usar la consola me ponía un poco ansioso”. 

Deja claro que la tecnología le gusta para mantenerse en contacto con sus amigos, aunque cree que podría vivir sin ella unos días si no la tiene cerca. Tampoco se olvida de sus riesgos: “Hay que ser muy consciente de que lo que publicas en una red social se queda ahí y puedes arrepentirte dentro de unos años”. La palabra bullying también forma parte de su vocabulario como uno de los efectos más peligrosos del uso de internet.

Luz Blanco, otra de las estudiantes, se declara fan de la cantante Billie Eilish: “Me gusta mucho la música y toco el piano, así que busco vídeos de ella en YouTube para aprender sus canciones”. Es lo primero que dice cuando Bona le pregunta su opinión sobre la tecnología. Tampoco se olvida de las videollamadas de los viernes durante el confinamiento para hablar con sus amigas

Aprender más

Recurrir a YouTube o realizar búsquedas en internet es lo que más mencionan los estudiantes presentes en el evento cuando, en este caso, Carlos Margo les plantea si en el colegio han descubierto algo que no sabían que les gustaba. Es llamativo que tres de ellos (Álvaro Monjas y Maya Miramontes, ambos cursando 6º de Primaria; y Sara Cardona, ya en 1º de ESO) señalen la asignatura de Historia.

“Pensé que iba a ser la peor materia de todas, pero me empezaron a interesar las personas que habían protagonizado algún momento histórico, e investigaba en internet sobre sus vidas”, asegura Maya. Un hábito que Sara también aplica a Lengua: “cuando leo, busco información en internet o en YouTube si algo me interesa”. Todos coinciden en que la manera de explicar del profesor y el tipo de actividades que hagan en clase también es importante.

Los estudiantes Sara Cardona, Maya Miramantas y Álvaro Monjas, durante la conversación con Carlos Magro.

Álvaro también habla de la televisión “para ver noticias” y de usar internet “para aprender, indagar y entretenerte”. También coinciden, como sus anteriores, en que es un medio que les sirvió para comunicarse con amigos y familiares para comunicarse durante la pandemia. Conocen sus usos, pero también sus límites. Y Sara lo lleva el extremo: “Si me quitaran el ordenador, no me importaría”.

Al margen del uso que le den a la tecnología en la escuela, los participantes en el informe creen que como más aprenden es a través de libros, películas y documentales; seguido de recursos interactivos, como videojuegos y herramientas educativas; e intercambiando información con sus amigos.

Perciben que la tecnología les ayuda a aprender más al poder acceder, principalmente, a foros y comunidades en la que comparten temas de interés, podcasts y centros educativos y culturales.