La startup Bidbus facilita la venta de coches de segunda mano.

La startup Bidbus facilita la venta de coches de segunda mano. Unsplash.

Disruptores Américas

Los Ángeles y un mercado automovilístico innovador: subasta entre concesionarios para vender coches usados

La startup Bidbus capta 15 millones de dólares para facilitar la venta de vehículos privados con el objetivo de plantar cara a plataformas como Carvana.

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Las claves

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Bidbus, una startup de Los Ángeles, propone una subasta entre concesionarios para que compitan por la compra de coches usados, facilitando mejores ofertas a los vendedores particulares.

La plataforma permite a los usuarios ingresar los datos de su vehículo y recibir pujas de varios concesionarios verificados de forma simultánea, cambiando el proceso tradicional de negociación.

Bidbus ha cerrado una ronda Serie A de 15 millones de dólares para expandirse más allá de California y Texas, atrayendo inversión de fondos y ángeles destacados.

El mercado estadounidense de coches usados sigue muy fragmentado, con gigantes como Carvana y CarMax teniendo cuotas de mercado relativamente bajas, lo que abre oportunidades para nuevas soluciones innovadoras como la de Bidbus.

Vender un coche en Estados Unidos es un trámite complicado y repleto de obstáculos. La digitalización no parece haberse olvidado de esta industria: deshacerse de un vehículo usado sigue requiriendo la presencia de un tasador, regateos constantes y ofertas que rara vez reflejan el valor real del coche. Cada año, según datos de la firma Cox Automotive, cerca de 39 millones de vehículos de segunda mano cambian de manos en el país, pero para el propietario medio, vender sigue siendo una de las gestiones más tediosas.

En Los Ángeles, la startup Bidbus quiere cambiar esa dinámica. En lugar de que sea el vendedor quien recorra concesionarios de segunda mano en busca de la mejor oferta, es una red de distribuidores verificados la que compite por la compra del vehículo.

El propietario introduce los datos de su vehículo en la plataforma y recibe pujas de varios concesionarios a la vez, en un formato de subasta que traslada la presión negociadora del vendedor al comprador.

La startup acaba de cerrar una ronda Serie A de 15 millones de dólares liderada por Ibex Investors, con la participación de Mucker Capital, FJ Labs, Motley Fool Ventures, Data Point Capital y Walter Ventures, además de inversores ángel como Yossi Levi, Ryan Steingard, Gregory Kirber y Antonio Davila.

“Estamos construyendo una plataforma en la que los concesionarios verificados compiten por vehículos privados, ayudando a los propietarios a obtener mejores ofertas mientras que al mismo tiempo brindamos a los concesionarios acceso a un inventario de calidad que históricamente ha sido difícil de conseguir”, dijo la compañía en un comunicado.

Carvana, con sede en el estado de Arizona, es el gigante que popularizó la compra y venta de coches usados online. Hoy es el segundo mayor minorista de coches de segunda mano del país: en 2025 facturó más de 20 millones de dólares, un 49% más que el año anterior, y entregó 596.000 vehículos en todo el país.

Aun así, su cuota del mercado estadounidense apenas roza el 1,6%, prueba de lo fragmentado que sigue el sector pese al tamaño de sus jugadores más visibles.

Tampoco CarMax, la cadena que durante tres décadas ha liderado las ventas de coches de segunda mano en EEUU, logra imponerse: su cuota de mercado ronda apenas el 4%. Ese reparto tan disperso, en un mercado sin un actor dominante, es precisamente el terreno que Bidbus quiere aprovechar.

Bidbus asegura que su sistema de pujas logra, en determinados casos, ofertas entre 2.000 y 3.000 dólares por encima de las que obtendría el mismo coche en la plataforma rival de Carvana.

Por ahora, la actividad de Bidbus se concentra en California y Texas, y buena parte de los nuevos fondos se destinará a entrar en otros estados.

Se enfrentan a un reto importante: convencer a los concesionarios de que participen en la plataforma y que pujen. Para ello, la startup deberá demostrar que los concesionarios especializados en coches de segunda mano pierden menos por competir que lo que ganan al acceder a coches que, de otro modo, jamás verían en su oferta.

Si el modelo funciona, esta subasta “a la inversa” podría convertirse en la respuesta que la industria automotriz llevaba años esperando para resolver un problema que hasta ahora nadie había logrado solucionar. Por otra parte, la adopción de usuarios no debería ser una barrera, teniendo en cuenta que los vendedores particulares son los que más dificultades tienen a la hora de vender sus coches.