En 2026 se espera una batalla legal para controlar la regulación de la IA.

En 2026 se espera una batalla legal para controlar la regulación de la IA.

Disruptores Américas

El sector tecnológico en Estados Unidos, ante un nuevo ciclo de oportunidades y tensiones

Los récords bursátiles de las grandes empresas de IA anticipan una nueva etapa de incertidumbres y retos en la región.

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Los Ángeles (EEUU)
Publicada

Las claves

El regreso de Donald Trump a la presidencia favorece a las grandes tecnológicas, especialmente a las vinculadas con la inteligencia artificial, mediante una orden ejecutiva que reduce regulaciones federales y limita la capacidad de los estados para intervenir.

Nueva York desafía la orden ejecutiva de Trump aprobando la Ley RAISE, que impone controles estrictos sobre empresas de IA con altos ingresos y crea una oficina estatal de supervisión, siguiendo los pasos de California.

La expansión de centros de datos para IA enfrenta retos energéticos, impulsando inversiones de grandes tecnológicas en energía nuclear y rehabilitación de plantas inactivas para garantizar el suministro.

El Congreso estadounidense avanza en la regulación de criptomonedas con la ley GENIUS y se observan progresos en supercomputación cuántica, mientras las inversiones en defensa aumentan ante la tensión geopolítica global.

La llegada de Donald Trump a su segundo mandato en la Casa Blanca, a comienzos de 2025, desató una etapa de profunda turbulencia política en Estados Unidos. Este nuevo ciclo político dio lugar al surgimiento de una forma renovada de oligarquía tecnológica, en la que los grandes actores de Silicon Valley consolidaron su influencia mediante donaciones multimillonarias al entorno del presidente, incluyendo contribuciones directas a su comité de investidura y a la financiación de un nuevo ala en la Casa Blanca destinada a funcionar como centro de conferencias.

Los sectores más beneficiados por el regreso de Trump al poder fueron, sin duda, los vinculados a la inteligencia artificial, impulsados por la reciente orden ejecutiva federal que libera ampliamente el desarrollo y despliegue de estas tecnologías con controles mínimos.

Dicha orden no solo flexibiliza las obligaciones regulatorias existentes, sino que además busca bloquear cualquier iniciativa regulatoria que pueda surgir desde los propios estados, estableciendo así un marco centralizado favorable a la expansión tecnológica sin precedentes.

No obstante, 2026 empieza con un nuevo frente de confrontación entre el gobierno federal y los estados. Nueva York se ha convertido en el primer territorio en desafiar abiertamente esta orden ejecutiva al promulgar su propia legislación de supervisión, enfrentándose directamente a la administración de Trump en defensa de un modelo de regulación más estricto y orientado a la protección del interés público.

La legislación de Nueva York establece controles específicos sobre las empresas de inteligencia artificial cuyos ingresos superen los 500 millones de dólares anuales. La Ley RAISE, Responsible AI Safety and Education, se centra en los modelos de IA más complejos y potencialmente peligrosos, imponiendo la obligación de implementar planes de seguridad, informar de incidentes críticos en un plazo máximo de 72 horas y establece la creación de una nueva oficina estatal de supervisión de inteligencia artificial, cuya entrada en vigor está prevista para 2027.

California fue el primer estado en marcar el camino con una normativa de seguridad tecnológica de características similares. Durante este 2026, se espera que la orden ejecutiva de Trump atraviese un proceso judicial largo y complejo que podría incluso llegar a invalidarla. Su contenido ha provocado un rechazo considerable tanto dentro de su propio partido como en la oposición demócrata.

Por otra parte, 2025 también fue un año de fuerte crecimiento en las inversiones en infraestructuras destinadas a centros de datos especializados en inteligencia artificial.

Cifras mil millonarias

Aunque inicialmente Sam Altman, CEO de OpenAI, anunció un fondo de 500.000 millones de dólares para expandir esta infraestructura a escala nacional, a lo largo del año la compañía ajustó las previsiones.

En un principio, la cifra comprometida para la primera fase del proyecto Stargate superaba los 100.000 millones de dólares, pero los desacuerdos estratégicos entre OpenAI y su socio inversor SoftBank han retrasado los planes.

Aun así, todo apunta a que 2026 será un año especialmente intenso en la construcción y expansión de centros de datos por todo el territorio estadounidense.

Esta expansión conlleva el mayor reto tecnológico al que se ha enfrentado Silicon Valley en su historia reciente: garantizar fuentes energéticas suficientes, estables y sostenibles para alimentar estas infraestructuras masivas.

No obstante, el impacto es visible en numerosas comunidades locales, donde el establecimiento de estos complejos ha provocado aumentos significativos en los costes de electricidad.

Es por ello que, en un giro inesperado, la energía nuclear está regresando con fuerza. Empresas como Microsoft, Amazon y Google están invirtiendo de forma agresiva en startups especializadas en nuevas tecnologías nucleares y adquiriendo compañías enfocadas en desarrollar métodos más seguros, eficientes y limpios para la producción energética.

Varias plantas que llevaban años inactivas serán rehabilitadas como parte de esta nueva estrategia energética.

La entrada al nuevo año también supone un importante impulso para el ecosistema de las criptomonedas, un sector por el que la administración republicana ha apostado de manera decidida. En 2025, el Congreso de Estados Unidos avanzó con rapidez en la tramitación de la ley GENIUS, cuyo objetivo es establecer un marco regulatorio nacional para los stablecoins, criptomonedas diseñadas para mantener paridad con el dólar estadounidense.

Presentada en el Senado en mayo de 2025, la propuesta ha logrado un respaldo bipartidista poco habitual, impulsado en gran medida por la intensa actividad de los lobbies del sector cripto, que han invertido cientos de millones de dólares en la promoción de políticas favorables a esta industria.

Alguna sorpresa que 2026 podría deparar está relacionada con la supercomputación cuántica, un campo en el que se han producido avances notables en los últimos meses. Microsoft ha anunciado progresos significativos en el desarrollo de su primer procesador cuántico capaz de manejar un millón de cúbits.

Eso sí, la inestabilidad política internacional podría alterar por completo este escenario optimista. El riesgo de que la economía global transite de un modelo productivo hacia una economía de guerra no puede descartarse.

En este contexto, durante 2026 es previsible que las inversiones en startups vinculadas al sector militar y de defensa continúen beneficiándose de las tensiones geopolíticas actuales.