Siega del arroz.
Los arroceros sevillanos se preparan para una buena cosecha con el 40% de la anterior aún sin vender
El reto ahora es comercializar las 350.000 toneladas nuevas y el stock acumulado por la invasión de grano barato de Camboya y Myanmar
Más información: El drama de Vera y los arroceros de España: "Entran 562.000 toneladas de arroz asiático y no podemos vender el nuestro"
Las espigas de arroz empiezan a perder el verde ya en las tablas de la marisma sevillana y comienzan a tener espiga. Los granos se van tornando lechosos. El momento de la siega se acerca. Hay una buena cosecha, de unas 350.000 toneladas, similar a la del año pasado.
Pero con un ojo los arroceros miran al campo, escrutando cualquier atisbo de la pudienta, un chinche que pica los granos, y con el otro vigilan los silos, que siguen almacenando el 40% de la cosecha pasada, que no han podido vender.
"No hay mercado", asegura Eduardo Vera, director-gerente de la Federación de Arroceros de Sevilla. La entrada de toneladas y toneladas “procedentes de Camboya y Myanmar" a precios de derribo ha dinamitado la salida del arroz sevillano.
Tal es la situación que la primera preocupación ante la cosecha es dónde meter el arroz, ya que físicamente no hay espacios en los silos de cooperativas y empresas que reciben la producción del campo.
Sevilla es la principal productora de arroz en España, con un 40% del total y una tradición de prácticamente un siglo ya. Hoy se extiende por 36.500 hectáreas.
A principios de la década de 1930 el cultivo comenzó a extenderse por la marisma, en torno a lo que hoy es Isla Mayor. Tras la Guerra Civil, la llegada de agricultores expertos procedentes de Valencia intensificó los arrozales y quitó muchas hambres.
La calidad de los arroces sevillanos les llevó a tener gran consideración en toda España, y a ganar mercados europeos en las últimas décadas.
Viento en popa hasta que llegó la última sequía. Dos años, entre 2021 y 2023, sin apenas producción. Una circunstancia que abrió la puerta a exportadores orientales, que han inundado Europa de arroz a precios con los que el grano sevillano no puede competir.
Cuando el producto nacional se mantenía estable entre unos 450-500 euros por tonelada, los nuevos proveedores orientales han llegado a poner el suyo a 360, explica Eduardo Vera. "A ese precio nosotros no cubrimos ni los costes", añade.
Los siete países productores de arroz en la UE cumplen unas elevadas exigencias ambientales, con producciones integradas y sin usar fitosanitarios, mientras que el arroz que llega de fuera se produce en otras condiciones, con químicos prohibidos hace años en Europa y leyes laborales a años luz de las europeas.
Vera añade otro matiz: menos del 0,01% de los productos agrícolas que entran en la UE de países terceros son sometidos a controles en la realidad, con lo que conceptos plenamente integrados en la agricultura alimentaria como la trazabilidad son pura entelequia para lo que se importa.
Resultado: cuando ha vuelto el agua a las marismas del Guadalquivir y las cosechas se han recuperado, no hay donde colocar la producción.
"Hemos tenido años muy complicados", comenta Vera. El sector lamenta que pese a la recuperación en la superficie de cultivo en los últimos dos años (un 65% en 2024 y el 100% en 2025), las instituciones europeas "no ponen solución al destrozo del mercado exclusivamente por temas políticos".
Acuerdos EBA
Las importaciones de arroz a la UE se hacen amparadas en los acuerdos EBA (Everything but Arms) que se mantienen con más de 40 países, para favorecer su desarrollo y democratización. Se protegió el arroz local con aranceles.
Pero en enero de 2023, el Tribunal General de la Unión Europea declaró nulos los aranceles impuestos a las importaciones de arroz provenientes de Camboya y Myanmar.
Ese año, por primera vez, España importó más arroz del que exportó para satisfacer su demanda interna. Europa tenía nuevos reyes del arroz. Y llegaban de Oriente.
Para toda la Unión Europea, Myanmar suministró 257.000 toneladas y Camboya 289.000 toneladas entre 2024 y 2025. Solo en los últimos tres meses de 2025, España recibió 20.000 toneladas de Myanmar - un 780% más- y otras 5.000 toneladas de Camboya (un 24% más).
En diciembre de 2025 la Unión Europea fijó el tope de toneladas de arroz asiático 562.000 para este año, por encima de las 543.000 de 2025.
El ciclo del arroz
Así que el sector se prepara en Sevilla para iniciar una nueva cosecha a mediados de septiembre con sentimientos contradictorios: satisfacción por ver de nuevo las tablas (parcelas de cultivo) cuajadas de espigas, pero incertidumbre por lo que van a hacer con lo que cosechen y con lo que tienen en stock.
La recolección se prolongará durante mes y medio (cada variedad tiene su tiempo) para finalizar a principios de octubre. Moviliza a unos 5.000 trabajadores de Isla Mayor, Los Palacios y Villafranca, Puebla del Río, Utrera, Lebrija, Aznalcázar y Villamanrique de la Condesa.
Tras la siega, con una espera de entre una semana y un mes, llegará el fangueo. Después las tablas cumplirán una importante labor ambiental: al menos un tercio de la superficie se inundará, y se llenarán de aves de la cercana Doñana, en una estampa espectacular, a la espera de la siembra entre abril y junio.
Es el ciclo del arroz sevillano desde hace un siglo, ahora amenazado por las producciones de Oriente.