Cuando había terminado una intensísima jornada política en el Congreso, en la que Pedro Sánchez sacaba adelante su quinta prórroga del estado de alarma contra al crisis del coronavirus, cualquier parecido con lo aparente fue sólo coincidencia. Ciudadanos no es la nueva pata de una mayoría alternativa para Sánchez y el presidente no ha girado al centro como consecuencia de los durísimos ataques que recibió desde la extrema izquierda y la derecha extrema.

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Tras la votación, a la salida del Congreso, su nuevo socio era EH Bildu. Los abertzales habían firmado "no obstaculizar la prórroga del estado de alarma" y, a cambio, lograban lo que nunca nadie les había dado: ser homologados como un partido más. A cambio, junto a la firma de Mertxe Aizpurua, la de Adriana Lastra y la de Pablo Echenique se comprometían a "derogar íntegra la reforma laboral de 2012 impulsada por el Partido popular" y hacerlo ya. Pero la cosa duró poco.

Eran las 21.30 horas y el Gobierno celebraba su triunfo. Se habían asegurado los 10 síes de Ciudadanos, retrasando el anuncio del acuerdo. Y apuntalaban su carácter "progresista" con un partido "con el que ideológicamente PSOE y Unidas Podemos compartimos muchos puntos", según explicaban fuentes del Ejecutivo. Pero sólo dos horas después, el PSOE anunciaba que "se anula el punto primero de dicho acuerdo".

Y es que la consecuencia contante y sonante del pacto habría sido el encarecimiento del despido en pleno hundimiento de la economía. Derogar la reforma laboral de 2012 supondría volver a los 45 días de indemnización por año trabajado en el momento más difícil para las empresas, con el PIB cayendo en el entorno del 10% sólo este año y unas perspectivas de recuperación demasiado inciertas.

Y la reacción de la patronal al conocer la noticia había sido furibunda. Con este anuncio el Gobierno se arriesgaba a romper el diálogo social y, sobre todo, a un rally acelerado de despidos antes de la derogación. Con más de 5,1 millones de trabajadores ya en su casa y cobrando del Estado por las consecuencias de la epidemia -entre parados, sometidos a ERTE y autónomos en suspensión de actividad-, el remedio del acuerdo con Bildu podía ser peor que la enfermedad de la "injusticia social" que pretendían conjurar los tres firmantes.

Quizá por eso, a las 23.30 horas el PSOE anunció unilateralmente la "anulación" del pacto en los términos firmados.

"Respecto al acuerdo firmado a lo largo del día de hoy entre el PSOE, Unidas Podemos y EH Bildu, se anula el punto primero de dicho acuerdo, quedando de la siguiente manera: Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012. Impulsaremos en el marco del diálogo social la protección de las personas trabajadoras y recuperaremos el papel de los convenios colectivos".

Mertxe Aizpurua, portavoz de EH Bildu en el Congreso, sale de la Junta de Portavoces, con Pablo Echenique al fondo. Efe

Es decir, que la cosa se quedaba en los mismos términos del acuerdo de coalición ya sellado los socialistas y los morados en su acuerdo de coalición. Ningún avance.

Y por eso, de repente, los teléfonos se desconectaron y nadie explicaba nada desde las fuentes del Gobierno, las parlamentarias y las de los partidos firmantes. Y por eso, en adelante, Unidas Podemos no dará la batalla pese a que su portavoz quedaba desautorizado por el socio mayoritario. Ningún retroceso.

Protagonistas del día

La formación heredera de los proetarras de Batasuna había sido en parte protagonista durante el debate. Su portavoz, Mertxe Aizpurua, no desveló el sentido de su voto en su primera intervención "mientras negociamos". Fue Sánchez el que, en su réplica, se fue de la lengua dando por sentado que sus cinco diputados se abstendrían. Y la portavoz bildutarra se sorprendió y, entre sonrisas, le agradeció que le "ahorrara el trabajo".

La realidad es que, entre bambalinas, se negociaba a contrarreloj un acuerdo que se empezó a fraguar el mismo martes tras una semana en la que la geometría de Sánchez fue más variable que nunca.

Carmen Calvo tocó puertas a izquierdas y derechas -"salvo los que se han autoexcluido", es decir, PP y Vox- y jugó con las ofertas. Si durante el debate Gabriel Rufián se quejaba de que "han cambiado a Esquerra por Ciudadanos", la realidad es que el trueque final era con Bildu, mientras Cs hacía de comparsa sin saberlo... y al final todos se quedaban con cara de sorpresa.

24 horas de negociación

Los términos del acuerdo incluían, como siempre que participan los independentistas vascos, que sería Bildu quien lo comunicara. Y el contenido del pacto era inequívoco: los firmantes "se comprometen a derogar de manera íntegra la reforma laboral del año 2012 impulsada por el Partido Popular".

Esta se anunciaba como "efectiva antes de la finalización de las medidas extraordinarias adoptadas" por la crisis del Covid-19. Y, por supuesto, habría dinero para País Vasco y Navarra: "Las entidades locales, forales ya autonómicas dispondrán de mayor capacidad de gasto".

La propia Aizpurua, Pablo Echenique y Adriana Lastra habían cerrado el pacto -con la colaboración indirecta de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz- para "adelantar la derogación de la reforma laboral del PP", en unas negociaciones rápidas de sólo 24 horas, comenzadas a la salida de la Junta de Portavoces de este martes.

La consecuencia era no un giro, sino un volantazo (aún más) a la izquierda. Las fuentes consultadas en Unidas Podemos en las dos horas que duró la vida del pacto confirmaban a este periódico que se volvía "a los 45 días por año trabajado, para defender los derechos de los trabajadores, como estaba antes de la ley de Mariano Rajoy".

Pablo Casado, que había asistido atónito al espectáculo de las risas entre Sánchez y la portavoz bildutarra, afeó durante el pleno al presidente que le hiciera "ojitos a los herederos de ETA", y negó que el PP "utilice a los muertos", ni los del Covid-19 ni los del terrorismo. "Es más, nosotros los respetamos, como debería hacer una formación como la suya", el PSOE, "con tantas víctimas en sus filas como la nuestra".

Asalto en casa de Mendia

Para más inri, el blanqueo de Bildu llegaba en el mismo día en el que el domicilio particular de la líder del Partido Socialista de Euskadi (PSE), Idoia Mendia, sufría un ataque en su domicilio particular. Una caravana de coches con carteles en favor del preso de ETA Patxi Ruiz se paseaba este miércoles ante su domicilio a la misma hora en que se cerraba el acuerdo de su brazo político con el PSOE.

La vivienda, en pleno Bilbao, había amanecido con su fachada y entrada a la calle repleta de pintura roja y de octavillas con la palabra "asesinos" y proclamas en favor del preso del etarra, condenado por asesinar al concejal de UPN en Pamplona Tomás Caballero, y que ahora ha iniciado una huelga de hambre en prisión.

"Se han cruzado todas las líneas rojas. Esta gente sobra, como han estado siempre de más en Euskadi la intolerancia y el desprecio a la pluralidad de la sociedad vasca", denunciaba el PSE-EE. Horas después, quien cruzaba esa "línea roja" de vuelta fue su líder y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Aunque luego se echaba atrás.

"Aviso al PNV"

Pero, a pesar de que falta saber cómo reaccionarán los 'abertzales' a que Sánchez rompiera el papel firmado en sólo dos horas, el acuerdo firmado entre Lastra, Echenique y Aizpurua ya incluye a Bildu entre los partidos con los que se negocia.

Lejos queda aquella imagen en la que la portavoz socialista posó con cara de circunstancias el día en el que debieron, ella y su segundo Rafael Simancas, posar con los negociadores bildutarras para la investidura de Pedro Sánchez.

Adriana Lastra y Rafael Simancas junto a los miembros de Bildu reunidos en el Congreso para negociar la investidura de Pedro Sánchez.

De hecho, Bildu queda normalizada de aquí en adelante. Según fuentes del lado morado del Gobierno, el pacto era "bueno para la democracia". Estas fuentes destacan que, "ETA dejó de matar hace muchos años, EH Bildu es una escisión de Batasuna contraria a la violencia y no podía ser que hubiera una izquierda estigmatizada en este país".

Para los negociadores, la formación independentista vasca comparte "muchos planteamientos ideológicos con PSOE y Unidas Podemos". Al punto que las mismas fuentes sugieren que, de cara a las elecciones vascas convocadas para el 12 de julio, "esto puede ser un aviso para el PNV".

Y es que, de momento, las encuestas anuncian la suma posible de un tripartito PSE-Podemos-Bildu para gobernar la Comunidad Autónoma. "Los peneuvistas deben saber que no son los únicos con los que podemos pactar", concluyen.