Pedro Sánchez saca adelante su quinta prórroga del estado de alarma gracias a los votos clave de Ciudadanos y a que ha logrado conservar a uno solo de los socios de su investidura, al PNV. Todos los demás, desde ERC a Más País y Compromís, pasando por Bildu, le atacaron con todas las armas de su arsenal. Dialécticas, económicas, de agravios regionales...

Con 177 síes, 162 noes y 11 abstenciones, el Gobierno supera el trámite gracias a los votos del PSOE, Unidas Podemos y Ciudadanos, los que forman ahora el núcleo de sus apoyos. Está prórroga, que estará vigente hasta el 7 de junio, es la votación más ajustada que ha superado el Gobierno de coalición.

Además, los seis votos de los nacionalistas vascos y el de un muy enfadado Íñigo Errejón. Enfrente, una vez más, el presidente se encontró con que los noes le crecían, como desde la primera prórroga en adelante: esta vez se unieron los 89 diputados del PP a los 52 de Vox, los 13 de ERC, los ocho de JxCat, los dos de la CUP... un elenco de todos los colores.

Y fue eso lo que, en una sesión del Congreso que recordó a las primeras del confinamiento en que hubo mucha bronca, lo que terminó de centrar al presidente Pedro Sánchez. Ha cambiado a Esquerra por Ciudadanos, provocando el nerviosismo de los más radicales socios de la investidura. Y ha mantenido al más capaz de nadar en cualquier agua, del centro izquierda al centro derecha, el PNV.

"Abren la puerta al fascismo"

El republicano Gabriel Rufián lo atacó de todas las maneras posibles: "Hicimos cinco peticiones, en nada ideológicas, para volver del no al apoyo a su estado de alarma, pero no nos han escuchado, han elegido a la señor Arrimadas", dijo desde el atril. "Y Ciudadanos se podrá disfrazar de derecha sensata alguna vez, pero este Gobierno le está abriendo la puerta al fascismo, que es con quienes gobiernan en Andalucía y Madrid".

Junto al independentista, también Joan Baldoví (Compromís) e incluso el exmorado Errejón estuvieron excesivos. Juntos se presentaron a las urnas pero esta vez votaban lo opuesto.

El valenciano, era un no por la falta de compromiso del Gobierno en que el reparto de los 16.000 millones del fondo de reconstrucción autonómico reconozca la "larga etapa de déficit de financiación" de su autonomía. Y el líder Más País, era un a pesar de que "ustedes están rompiendo el espíritu de la investidura" en un país en el que "hay saludos fascistas y caceroladas de quienes antes pedían ayudas de papá Estado".

El discurso del líder independentista catalán había sido, en realidad, el resumen de todas las andanadas que recibió el Ejecutivo. Al menos, de los socios de investidura. Aunque hubo uno que presentó una novedad: Bildu dijo desde la tribuna, por boca de Mertxe Aizpurua, que seguiría negociando hasta última hora su apoyo... basado "en la derogación total de la reforma laboral".

Un as político bajo la manga que no sólo le salía gratis, ya que la prórroga ya venía garantizada tras el discurso del peneuvista Aitor Esteban. Sino que demostraba cómo muchos de los que auparon a Sánchez a Moncloa no pueden aceptar el abrazo desde el centro de PSOE y Cs y han pasado de prestadores de votos a cobradores de deudas con intereses recrecidos de manera sobrevenida.

La respuesta de Sánchez 

Sánchez se empeñó en mantener un tono cordial y guardar las formas. Aunque eso sí, el contenido de sus palabras en las réplicas fue más duro que otras veces.

Y es que os debates de prórrogas de la alarma se han convertido en algo parecido a las preguntas de las sesiones de control: lo interesante está en las segundas intervenciones, porque la primera viene encorsetada por 15 días de trabajo argumentario de los equipos de comunicación de cada partido. Y por eso es donde se ve al verdadero Sánchez, más relajado y en su salsa. El presidente luce más al ataque que apelando a la "unidad y la lealtad". 

Y a fe que demostró que él también está desescalando sus urgencias, viendo que "los 10 diputados de Cs son mucho más útiles a España que los 89 del PP, que se han hecho irrelevantes al sumarse al proyecto de la ultraderecha". Ahora que ha logrado que Casado ya no le haga falta, pudo usar la idea de que "ustedes son un partido de Estado" no para pedirles el apoyo, sino para reprocharles "poco compromiso democrático" y hasta la larga lista de fallecidos

"¿Le parecen poco 27.000 muertos, dos millones de personas contagiadas, qué tendría que ocurrir más grave para que fuera necesario el estado de alarma?", espetó mirando -esta vez sí- a la cara al líder de la oposición. "Entre la unidad y la extrema derecha, señor Casado, usted ha elegido la extrema derecha", continuó Sánchez. "Ustedes han dimitido de su responsabilidad constitucional, y entre ser útil a los españoles y aprovechar el virus para derrocar un Gobierno legítimo, usted ha cometido el error histórico de elegir el plan del señor Abascal".

Argumentos jurídicos

Pero los ataques ad hominem a Casado no le ahorraron la apelación a argumentos jurídicos. El presidente también quiso desmontar el "plan B" que lleva dos semanas defendiendo el líder del PP, consistente en hacer decaer el estado de alarma y apoyarse en "leyes ordinarias, como la general de sanidad y la de salud pública".

Para Sánchez, esto no es más que "un árbol de navidad lleno de leyes para justificar por qué no apoya esta prórroga, un amasijo de leyes y normas variopintas con las que esconder la vacuidad de su argumento".

Así, apeló  a la condición de licenciado en derecho del presidente del PP. "Usted tendrá cierta empatía, pues, con los argumentos de la Abogacía del Estado, que hasta entres ocasiones ha sido consultada por este Gobierno sobre la idoneidad del estado de alarma". Sánchez dijo que leería textualmente sus respuestas: "Es imprescindible mantener limitaciones a la libertad deambulatoria, y no existe alternativa jurídica al estado de alarma que permita limitar ese derecho fundamental".

Según lo leído por el presidente, "ninguna de esas medidas, dice la Abogacía del Estado, permite tomar esas medidas con ese amplio alcance subjetivo y espacial". Y al principal partido de la oposición, dijo, "debería interesarle lo que opina la Abogacía del Estado. Es un argumento no político, sino jurídico".