El Rey, durante el homenaje a las víctimas del 17-A del pasado año.

El Rey, durante el homenaje a las víctimas del 17-A del pasado año. Andreu Dalmau EFE Barcelona

Política ENCERRONA A FELIPE VI

Cinco argumentos a favor y otros 5 en contra de que el Rey acuda al homenaje a las víctimas del 17-A

A FAVOR

1. Para no dejar solos a los constitucionalistas

Ninguna de las dos administraciones locales catalanas ha mostrado ningún interés por la protección de los derechos de los catalanes constitucionalistas a lo largo de los últimos meses. Ni el Ayuntamiento, en manos de Ada Colau, ni la Generalidad, en manos de ERC y el PDeCAT. Con el Gobierno central encabezado por un Pedro Sánchez cuya táctica de perfil bajo ha dejado la respuesta activa al nacionalismo en manos de esos ciudadanos que, por su cuenta y riesgo, retiran lazos amarillos o simbología constitucionalista de los espacios públicos, la Corona aparece, en estos momentos, como la única institución del Estado de cuyo compromiso con la igualdad de todos los españoles no cabe duda alguna. La presencia del Rey en Barcelona el próximo viernes confirmará que eso sigue siendo así.  

2. Para honrar a las víctimas

Para el separatismo, lo menos importante el próximo viernes 17 de agosto serán las víctimas del terrorismo islamista. El tema de debate hoy en el nacionalismo es el grado de acoso al Rey que deberían tolerar los Mossos d'Esquadra y cuál debe ser la naturaleza de la protesta que la ANC y Òmnium Cultural han programado para ese día frente a la prisión de Lledoners, donde se encuentran encarcelados Oriol Junqueras, Jordi Sánchez, Raül Romeva, Jordi Turull, Josep Rull, Joaquim Forn y Jordi Cuixart. El separatismo usará a las víctimas del terrorismo para atacar al Rey. En manos del Rey quedará demostrar el apoyo de todos los ciudadanos españoles demócratas a las víctimas de la barbarie islamista.

3. Para demostrar que el Estado no teme a la manada  independentista

Sólo hay que atender a las declaraciones del consejero catalán de Interior Miquel Buch para conocer los planes del separatismo. Buch ha afirmado que las protestas programadas para el 17 de agosto "entran dentro de la libertad de expresión de los ciudadanos". Es el mismo término (libertad de expresión) que el Gobierno catalán utilizó hace apenas unos días para justificar la persecución, el acoso y el señalamiento en las redes del juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena.

Los Mossos, en definitiva, no prestarán ninguna labor de vigilancia excepcional durante la visita del Rey, que quedará a merced de la intensidad que los manifestantes quieran o puedan imprimirle a sus protestas. Si no hay actos de violencia explícita contra el Rey, las protestas serán toleradas por los Mossos. En línea con lo anterior, el PDeCAT, el partido de Buch, aseguró el pasado lunes 6 de agosto, por boca de la concejal del Ayuntamiento de Barcelona Francina Vila, que "entenderá" que los ciudadanos "protesten pacíficamente contra el Rey". 

La respuesta a ese desafío no puede ser en ningún caso la cesión del espacio público a los separatistas

4. Para respaldar la política de cualquier Gobierno que trabaje dentro de la Constitución

La táctica escogida por Pedro Sánchez para lidiar con las amenazas del separatismo no es, como resulta obvio, la misma que la de Mariano Rajoy. Al menos en sus formas. Mientras no lo sea también en su fondo, es decir en la defensa firme del Estado de derecho o en la negativa a un referéndum de independencia que lamine la soberanía nacional, el Rey debe respaldar con todos sus actos y declaraciones al Gobierno. El firme posicionamiento de la Corona en contra del separatismo quedó claro en el discurso del Rey del pasado 3 de octubre. Las críticas a las decisiones de Pedro Sánchez son legítimas, pero no es el momento de romper una unidad entre Gobierno y Corona que el separatismo sí percibe como rocosa

5. Para demostrar que el constitucionalismo, a diferencia del independentismo, sí se preocupa por las víctimas

Carentes de un líder con la legitimidad suficiente para imponer una mínima unidad de acción, los separatistas se dividirán el próximo viernes entre los que defienden protestas de perfil bajo durante los actos de homenaje a las víctimas (ERC y una parte del PDeCAT) y los hiperventilados que defienden protestas, si no violentas, sí lo suficientemente airadas como para poner en un aprieto a los servicios de seguridad del Rey (Quim Torra, Carles Puigdemont, la CUP y los CDR).

El objetivo de los primeros es evitar un daño irreversible a las negociaciones entre Pedro Sánchez y los sectores más posibilistas del independentismo. El de los segundos, aprovechar cualquier oportunidad a su alcance para nutrir a los medios de comunicación internacionales de imágenes llamativas que confirmen el relato de una supuesta represión del Estado español sobre el movimiento independentista. Si esas imágenes incluyen escenas de violencia policial, aunque esta corra a cargo de los Mossos d'Esquadra, su objetivo se habrá cumplido. 

Nadie en el independentismo, en fin, se ha preocupado en lo más mínimo por las víctimas de los atentados islamistas del 17-A. Su batalla es otra. Encelados en sus cuitas particulares y sus reivindicaciones de los "presos políticos", las víctimas no tendrán más apoyo el próximo viernes que el prestado por el Rey y el Gobierno

Cartel de la concentración convocada el 17-A frente a la prisión de Lledoners en solidaridad con los presos políticos.

Cartel de la concentración convocada el 17-A frente a la prisión de Lledoners en solidaridad con los presos políticos. ANC

EN CONTRA

1. Por el riesgo que supone para su seguridad

Las incendiarias declaraciones de Quim Torra durante los últimos días han tenido como objetivo tensar la cuerda en las calles. Son declaraciones como la de que "los catalanes no tienen Rey". O como la de que los catalanes aún están "exigiendo y esperando las disculpas de Felipe VI por la cobertura dada en su discurso del 3 de octubre a la violencia ejercida contra ciudadanos inocentes que ejercían su derecho a voto". O como la de que el Rey se ha "autoinvitado" a los actos de homenaje a las víctimas. O como la que califica de "fascistas" a todos los catalanes que retiran lazos amarillos o que se oponen activamente a la usurpación de los espacios públicos por parte del independentismo. 

La táctica es la habitual en el independentismo. Primero se acusa al contrario de violento, de represor y de fascista. Después se le niega legitimidad democrática. Después se le califica de "intruso" en su propio país. Y después se finge desinterés o se apela al supuesto "carácter pacífico" del movimiento independentista sabiendo que el mensaje ya ha calado en los sectores más radicales del separatismo. Cualquier incidente que ocurra el viernes será entonces condenado a la remanguillé como si no fueran los propios miembros del Gobierno autonómico los que han excitado a sus extremistas durante semanas.

"No tengo tiempo para el Rey", ha escrito Quim Torra en su cuenta de Twitter. Parece obvio que el presidente de la Generalidad se está desentendiendo de los disturbios que puedan ocurrir. El riesgo para la seguridad del Rey y del Gobierno es evidente. 

2. Por el precedente del año pasado: vejación e insultos

El año pasado se cometieron dos graves errores. El primero consistió en confiar en que el separatismo no caería en la bajeza de aprovechar una manifestación en contra del terrorismo para volcar su frustración contra el Rey y el Gobierno. El segundo consistió en ceder el control de las imágenes de la manifestación a una TV3 que, convenientemente aleccionada y gracias a su amplia experiencia en la difusión de fake news, recortó planos y manipuló imágenes para que la protesta contra el Rey pareciera unánime

Es impensable que este año, con un ambiente político y social mucho más cargado que el del año anterior, la respuesta del separatismo y sus medios de comunicación vaya a ser muy diferente. Habrá protestas, habrá insultos y TV3 manipulará la información para magnificar los disturbios. La intensidad de estos, anunciada ya la pasividad de los Mossos d'Esquadra, dependerá por completo de la beligerancia de la CUP y los CDR

3. Por la desmoralización que supondría que los independentistas lograran insultar al Rey

El control de las calles es una de las obsesiones de un independentismo que gusta de añadir el latiguillo "siempre serán nuestras" a lo que en realidad pertenece a todos los ciudadanos: las calles, las instituciones, las escuelas, las playas. La incapacidad, o la falta de voluntad política, de la Administración central para defender la neutralidad de los espacios públicos catalanes ha sido hasta el momento uno de los más eficaces frenos del constitucionalismo. Un constitucionalismo que no cuenta con los medios financieros ni con el apoyo político con el que sí cuenta el bloque separatista. Las protestas del próximo viernes confirmarán, una vez más, que las calles no son del separatismo, pero que nadie está dispuesto a impedir que este actúe como si lo fueran

4. Porque la presencia del Rey legitimará en cierta manera a Torra

El separatismo se alimenta de dos fuentes energéticas. La primera es el victimismo. Es decir, sus delirios paranoicos de exterminio. Esos que sostienen que la lengua, la cultura y las costumbres regionales catalanas están en peligro por la presencia de cientos de miles de colonos españoles.

La segunda es la legitimidad política que el separatismo busca allí donde puede en forma de declaraciones, gestos o muecas que puedan ser interpretadas como un apoyo tácito o explícito a "la libertad del pueblo catalán". Y si esa declaración, gesto o mueca puede además malinterpretarse convenientemente como sostén de la fantasía de una república catalana gobernada por una Generalidad jerárquicamente equivalente al Gobierno central español, mejor que mejor. 

Y es por eso por lo que, de forma paradójica, la presencia del Rey en Barcelona el  viernes sería para el independentismo poco más que una prueba más de esa equivalencia jerárquica entre el presidente del Gobierno regional, es decir Quim Torra, y el jefe del Estado español, Felipe VI.  

5. La prueba del conformismo de la Casa Real con la indefensión a que el Gobierno somete a Felipe VI

Frente a la ofensiva desatada por el nacionalismo catalán y por Podemos y sus terminales mediáticas contra la monarquía, la respuesta del PSOE ha sido, en el mejor de los casos, tibia. Nadie esperaba del PSOE una encendida defensa de la monarquía, pero sí un firme apoyo a la Constitución y la Corona como garantes de la libertad y la igualdad entre todos los ciudadanos españoles y no sólo como figuras simbólicas susceptibles de cambalaches futuros.

La dejadez del Gobierno, buscando una equidistancia entre demócratas y antidemócratas que en este caso perjudica a aquel que, por mandato constitucional, no puede permitirse el lujo de bajar al barro del campo de batalla, ha sometido a la figura del Rey a una tensión innecesaria y alentado los ataques del populismo. Las sospechas de que el Rey ha sido dejado a los pies de los caballos de aquellos que pretenden acabar con los pilares del actual Estado de derecho son legítimas y fundadas.

El Rey iba a ser criticado en cualquier caso hiciera lo que hiciera el viernes. Si acudía al homenaje, como así será, porque lo haría sin ser invitado y sin pedir disculpas por su discurso del 3 de octubre. Si no acudía, por su hipotético desinterés y desprecio por las víctimas. Era tarea del Gobierno evitar esta encerrona al Rey. No lo ha hecho y el resultado será el que será.