Pedro Sánchez, con Carmen Calvo, María Jesús Montero y Meritxell Batet, este lunes en Madrid.

Pedro Sánchez, con Carmen Calvo, María Jesús Montero y Meritxell Batet, este lunes en Madrid. Flickr / PSOE

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La campaña de Sánchez se centra en España y los votantes de Cs e ignorará a Iglesias y Errejón

El Gobierno cree que, una vez se conozca la sentencia del procés, el PSOE subirá como antídoto al independentismo y la "exageración" de Rivera. 

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El Rey concluyó su ronda de consultas, el país puso rumbo a unas nuevas elecciones y el PSOE se afanó en explicar con total claridad quién era el culpable. Pablo Iglesias. Sus ansias de poder, su supervivencia política o incluso una cierta animadversión personal hacia Pedro Sánchez. "¡Qué desgracia para la política española ha sido Pablo Iglesias!", resumió un miembro de la Ejecutiva federal en conversación con este periódico. 

Pero incluso mientras el PSOE se empleaba a fondo en esa estrategia (Sánchez llegó a decir que no dormiría por las noches de haber aceptado la coalición de Podemos), dirigentes consultados por este periódico advirtieron de que tras la tormenta llegaría la calma. 

Llegó este lunes de temperatura veraniega en Madrid en el que el líder socialista presentó el lema de su campaña. "Ahora, Gobierno. Ahora, España". Antes, el reparto de culpas para tratar de colocar a cada uno en su sitio. Ahora, una clara elección entre estabilidad o bloqueo/caos, tal y como lo presentan los socialistas. Entre avanzar y retroceder, como le gusta decir, de manera sencilla (para algunos, simplista) a Sánchez. 

Sánchez sobre Cataluña: "primero ley y luego diálogo"

El discurso que enarboló este lunes no tuvo ni una sola referencia directa a sus rivales políticos en la contienda electoral del 10 de noviembre. No los citó, porque según Sánchez, su único enemigo es el bloqueo. 

Evitar hablar de pactos

"No debemos mirar a nuestros lados, somos nosotros y los españoles frente al bloqueo. España merece una campaña en positivo y nosotros la vamos a hacer", según él. "No hay tiempo que perder en lamentos o culpas", dijo. No porque no sea importante esclarecer quién es el responsable de que se repitan las elecciones, ya que eso será buena parte del trasfondo de lo que en Ferraz llaman sin tapujos una "segunda vuelta" del 28 de abril. El PSOE no menciona a sus rivales porque cree que, para ganar con claridad las elecciones, debe desplegar sí o sí un mensaje positivo. 

Pero, no hacerlo también permite evitar una cuestión delicada. ¿Con quién pactará Sánchez tras el 10 de noviembre? ¿O es que aspira a una mayoría absoluta cuando reclama un resultado "más claro"? "No nos ponemos en el 11 de noviembre sino en ganar las elecciones", explica un dirigente socialista muy próximo a Sánchez. En eso, la estrategia del 28-A se repite. Será la pregunta más incómoda en campaña y, según la estrategia socialista, la que le desvía de la eficacia. 

España Suma, pero al PSOE

Es en ese eslogan, el que se centra en el Gobierno y España, donde se encuentran las claves de la campaña. Fuentes del Gobierno explican que para el PSOE, en realidad España suma. Los socialistas creen que "habrá dos campañas, una antes de la sentencia del procés y otra después. Y después se verá que hay los que echan gasolina", en referencia a los independentistas, a Ciudadanos y al PP, "y a Más País, que no sabes si existirá dentro de cinco meses o se habrá dividido en Más y país", explica. 

Que España recorra el mensaje del PSOE es un claro canto de sirena a los votantes de Ciudadanos. En el PSOE destacan a menudo que es el partido con el voto más volátil y, además, el más proclive a un mensaje de firmeza y responsabilidad de Sánchez. Hasta la mitad de los electores de Ciudadanos podrían no votar por Rivera el 10-N. Ese dato, conocido como la fidelidad de los votantes, es mirado con lupa en Ferraz. 

A ellos fue dirigido el mensaje de apoyo sin fisuras a la Constitución española ("amamos la Constitución", dijo el sábado en el Comité Federal), mensajes sobre la firmeza de la izquierda ("Somos la izquierda que ni entrega ni oculta ni se avergüenza jamás de esa palabra que es España") y duras críticas al independentismo, a quien ha pedido que "no juegue con fuego". "Que condenen la violencia en todas sus formas, venga de donde venga y, sobre todo, si viene de sus propias filas", pidió. 

Sánchez cree que con una izquierda clásica, defensora de España y moderada frente a Podemos, puede atraer a los votantes más moderados de Ciudadanos. 

"Por fin los jacobinos hemos vuelto al control del partido. Ya era hora, que llevábamos mucho tiempo apartados", ironizan en Moncloa. "Lo nuestro sí que suma", explica un alto cargo del Gobierno.

Errejón, de alabado a ignorado

En paralelo, el ninguneo a Iglesias y a Errejón es total. El silencio sobre el primero se debe a que en Ferraz creen que ha calado la campaña de culpabilización. Iglesias ya impidió un Gobierno socialista en 2016 y su figura personal está deteriorada no sólo por su posición respecto al PSOE sino por las deserciones internas. Además, hasta la irrupción de Iglesias, Unidas Podemos resistía mejor de lo esperado en las encuestas y el PSOE quiere que siga siendo así para tener margen de pacto tras la cita con las urnas. 

Errejón ha dejado de ser el líder carismático que a los socialistas les gustaría que tuviera Podemos (el propio Sánchez lo ensalzó) a ser un competidor directo que, según sondeos electorales, puede restar apoyos al PSOE. Así que la estrategia ahora es el silencio o, si acaso, enmarcarlo en el ruido a la izquierda del PSOE que nunca será una alternativa a lo que propone Ferraz. "Ahora, Gobierno. Ahora, España".