Tomás Serrano

Tomás Serrano

España VENEZUELA

Sánchez decidió ir a por Maduro cuando este se burló de él pidiéndole elecciones en España

El presidente dio por perdido a Maduro un día después de darle su ultimátum: "Su actitud cambió por completo". 

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"Le cambió la actitud". Pedro Sánchez dio un ultimátum hace dos sábados a Nicolás Maduro y el inquilino del palacio de Miraflores no dejó ni que acabara el fin de semana para espetarle que, si lo que quería eran elecciones, podía hacerlas primero en España. Pinchó en hueso. "Marcó un antes y un después en su actitud", explican fuentes al corriente de su reacción. 

El Gobierno ha ido cambiando de posición y, sobre todo, de explicaciones públicas. En cuanto Juan Guaidó se proclamó presidente de Venezuela, el Ejecutivo evitó reconocerle y se mantuvo en una calculada ambigüedad. Entonces reivindicó que lo más importante es que la Unión Europea hablase con una sola voz. Pero tras la primera resolución europea y en medio de grandes presiones dentro de España y desde el extranjero, Sánchez se desmarcó del mínimo común denominador. Pasó a la ofensiva con una comparecencia sorpresa ante la prensa en la que daba ocho días a Maduro para convocar elecciones. 

Lo que siguió fue la burla de Maduro, que arremetió contra Sánchez porque "no fue electo en ningún voto popular". Maduro calcaba los argumentos de PP y Ciudadanos, que en varias ocasiones han calificado a Sánchez como un "okupa" de la Moncloa por llegar a ella a través de una moción de censura y no de una investidura. Esa fue la gota que colmó el vaso. 

Según las fuentes consultadas, el exabrupto de Maduro, que obvió que la moción de censura es un instrumento constitucional y que en España son los diputados los que escogen al presidente, endureció la estrategia del presidente, que en todo momento ha estado en contacto con el ministro de Exteriores, Josep Borrell, pero que también ha desplegado puntos de vista propios que parten de su equipo. 

Maduro, bien informado sobre la actualidad española, atacó a Sánchez en aquel punto donde otros lo intentaron antes sin éxito en su faceta de presidente y de líder del PSOE: su legitimidad. Su equipo percibió, con nitidez, que en el endurecimiento de la postura de Sánchez ya no había marcha atrás. El tiempo restante del ultimátum era, en realidad, una formalidad. 

Concluido el plazo, Sánchez reconoció este lunes a Guaidó. Pero nadie sabe qué viene después. Borrell eludió en Bruselas toda pregunta sobre los siguientes pasos, incluidos la posibilidad de sanciones a Venezuela, un bloqueo económico o la ruptura de relaciones con el país. Este último punto, revestido de formalidad, no está resuelto. ¿Qué ocurre si Guaidó, que no dispone de los resortes del Estado venezolano, nombra a un embajador en Madrid? ¿Tendría que irse el actual, leal al régimen de Maduro? En el Gobierno no tienen respuesta. 

Sánchez ha prometido impulsar el llamado "grupo de contacto", un foro internacional con países europeos y latinoamericanos, así como ayuda humanitaria, el gran test para el Ejército venezolano, que tendrá que decidir si colabora en su recepción y reparto, como pide Guaidó, o la rechaza, como parece que quiere Maduro.